Ciudad subordinada

Los habitantes del norte del Valle de Aburrá estamos acostumbrados a ser ciudadanos de segunda categoría. Se nos dice que pertenecemos a un área metropolitana y que somos uno de sus diez municipios, pero esa participación es desigual y desventajosa.

Mientras en el norte del Valle del Aburrá el Área Metropolitana se dedica a construcciones ornamentales, paisajísticas y burocráticas en el sur construye infraestructura crítica que impacta directamente la productividad y la calidad de vida. Nosotros tenemos parques, árboles y oficinas para los alcaldes mientras el sur -incluso sin no está en el Área – recibe intercambios viales y obras de infraestructura, la diferencia no es solo presupuestal sino de vocación administrativa.

Las cargas urbanas se concentran al norte. Tenemos el relleno sanitario La Pradera queda en Donmatías, pero se llega por Barbosa. En Bello están la PTAR Aguas Claras y la cárcel Bellavista. Además, para tener una vía nacional en condiciones tuvimos que pagar peaje. Barbosa todavía paga los peajes de Trapiche y Cabildo para conectarse con el resto del Valle de Aburrá.

Todos los días vivimos el problema de Niquía. Podemos tardar cuarenta minutos recorriendo apenas dos kilómetros. Nos dicen que el trancón es causado por el exceso de carros y por los vehículos de carga que circulan en horas pico. Eso es cierto, pero no explica el problema de fondo. No lo explica tampoco la mala suerte, el problema de Niquía es consecuencia de decisiones públicas de la centralización de los derechos y los beneficios urbanos en Medellín y en los municipios del sur.

Los trabajadores vivimos al norte, pero buena parte de los empleos está al sur. También debemos salir de nuestros municipios para acceder a educación superior, atención especializada en salud, servicios, cultura y entretenimiento. El diseño de la ciudad metropolitana nos obliga a desplazarnos todos los días porque concentró los beneficios en un lugar y ubicó a los trabajadores en otro. La movilización del norte al sur es necesaria, porque las decisiones públicas precarizan nuestra forma de vida, en ese sentido el trancón diario en Niquia es más bien un síntoma de la desigualdad con la que se ha planificado y el valle de Aburrá.

La muestra más clara de esta subordinación es el Metro. Entre junio de 2004 y agosto de 2026, Copacabana, Girardota y Barbosa aportaron conjuntamente $59.571.842.891 de la sobretasa a la gasolina para pagar la deuda del sistema. Copacabana aportó $25.536 millones; Girardota, $20.396 millones; y Barbosa, $13.639 millones.

Pagamos el Metro, pero no tenemos Metro. Los tres municipios tienen cero estaciones.

Al tiempo que vivimos en ciudades subordinadas, somos ciudadanías subordinadas los jefes políticos de los alcaldes del norte del valle de Aburrá están en Envigado e Itagüí. Esa subordinación política garantiza una agenda política en la que se gestiona por migajas y resulta bochornoso proponer un debate en el que se ponga en evidencia que en el valle del Aburrá hay ciudadanos de segunda categoría y territorios subordinados.

Ahora la obsesión del gobernador es convertir a los municipios del altiplano del Oriente Antioqueño en territorios subordinados a Rionegro, las siglas del Área Metropolitana del Oriente, resultan muy explicativas de la relación quieren construir un AMO para los municipios, para convertirlos en subordinados en territorios súbditos, la decisión que se enfrenta el 29 de noviembre es definitiva, además porque no tiene vuelta atrás.

Una ciudad subordinada paga el Metro, pero no tiene Metro; paga peaje para entrar al área metropolitana a la que supuestamente pertenece; no tiene educación superior suficiente, ni atención de salud de alta complejidad y por eso estamos condenados a un trancón diario de 2 horas; si seguimos eligiendo en el Norte del Valle de Aburrá alcaldes subordinados a los intereses de otros, entonces seguiremos siendo una ciudad subordinada y un pueblo subalterno.

Carlos Mario Patiño González

Abogado de la Universidad de Antioquia, Magister en Derecho económico del Externado de Colombia, de Copacabana-Antioquia. Melómano, asiduo conversador de política y otras banalidades. Tan zurdo como puedo pero lo menos mamerto que se me permita.

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