Cartas a Víctor Hugo: volver a lo escencial

Apreciado Víctor, debo contarte con desazón que esta semana la muerte volvió a tocar la puerta de la familia, y con ella se revive nuevamente la paradoja, por un lado, la sensación de soledad de no poder volver a ver nunca más a los que se van y la segunda ese punzón que se clava en el corazón, esa llamada incisiva a no desperdiciar más la vida con asuntos sin importancia como lo son las acciones sin sentido, o los apegos materiales que tarde que temprano terminan esclavizándonos.

Por otro lado y conectando con lo anterior, se cierran hoy unos días que han sido arduos, unos en que la reflexión ha girado en torno a una pregunta que nos hicieron a Sergio y a mí en una empresa sus trabajadores: estaban inquietos sobre cómo no dejar de ser atractivos para la organización en la que laboran, y en general cómo no ser cada vez más obsoletos para el mercado.

Esta cuestión a priori se podría responder de forma fácil: se debe saber programar en python, JavaScript y C#, se deben dominar los algoritmos de Instagram y TikTok, la Big Data, el Blockchain y el modelo Bitcoin, es imperativo tener conocimientos avanzados sobre lenguaje y aprendizaje de máquina, sobre realidad aumentada e inteligencia artificial, saber sobre nanotecnología, física cuántica, metaverso y transhumanismo y con ello sobre prospectiva tecnológica.

Y esto Víctor, no sólo es lo que responde la mayoría de las personas, sino que también resulta ser el plan de acción de las muchas de ella y sus empresas, lo cual no podría yo criticar.  El conocimiento siempre será un gran tesoro, sin embargo, otras respuestas quizá menos intuitivas, pero a lo mejor más acertadas podrían estar en cosas mucho más sencillas y cotidianas como pueden ser: buscar mejores formas de hablar en público, de discutir argumentando, de trabajar en equipo, de comunicar asertivamente con el cuerpo, en fin, acercarnos a lo que en las aulas llaman habilidades blandas pero que para mí no resultan ser más que las verdaderas habilidades Humanas.

Así es, en lo intangible mi amigo, podría estar la mejor forma de seguir siendo más que atractivo y útil; indispensables y no sólo para las organizaciones sino para la sociedad. Pues te lo aseguro que en no más de 10 años buena parte de la humanidad sabrá programar y crear algoritmos que hagan muchas de las tareas que hoy se hacen utilizando la mente Humana, con una máquina de modelación 3D casera se podrá imprimir lo impensado, un vaso, un juguete para un niño, una matera, un repuesto para la licuadora o la defensa de un carro.  Sin embargo, créeme, la capacidad de relacionarnos, de tener empatía con el otro, de liderar un grupo o cerrar una negociación decorosamente, será cada vez más escasa, ser un contacto o un usuario será cada vez más frecuente, mientras que ser un ciudadano, un ser Humano de correcto actuar, será cada vez más una rareza.

Quizás Víctor, en este frenetismo postpandemia que vivimos, la solución no esté en buscar desesperadamente nuevos e “innovadores” paradigmas que den respuesta a las “nuevas” necesidades de los hombres, a lo mejor sea bueno buscar en el pasado, tal vez en la felicidad o la eudaimonia como la nombrara Epicuro, o en el desprendimiento del estoicismo enseñado por Zenón de Citio, o la invitación de Aristóteles a cultivar la virtud, esa que nos incita a huir de los extremos.

En resumidas cuentas, como lo advierte mi hermano Andrés “El ser humano, si se termina enfocando solo en la tecnología será cada vez más obsoleto, pues ya no tendrá nada, ni de lo blando ni de lo duro”

Te escribe con aprecio, tu amigo.

Felipe.


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About the author

Felipe Jaramillo Vélez

Doctor en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana, Creador de la escuela de pensamiento Aún Humanos la cual reflexiona sobre el ascenso de la técnica sin reflexión desde el Humanismo.

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