Cabellos del apocalipsis

“Pero lo que resulta más extraño es que muchos votos que acompañan esos delirios provienen de sectores excluidos o en crisis quienes desencantados y rabiosos ante la escasez de oportunidades, abrazan semejantes opciones buscando instrumentar un voto castigo que estremezca el establecimiento y obligue a un cambio verdadero, aunque sea a través del suicidio.”

Las elecciones primarias en Argentina confirmaron lo que es tendencia en Hispanoamérica respecto de los candidatos de ultraderecha, cuyas personalidades y posturas son tan delirantes como exóticas y peligrosas.

Milei anunció en medio de interjecciones y ademanes bruscos que acabaría con la mitad de los ministerios de su país cuyo denominador sea que no den plata o que no sirvan para la guerra. El ministerio de educación, que para él sólo es de “adoctrinamiento”, propone acabarlo y convertir toda la institucionalidad educativa en entidades privadas, es decir, sólo sirven si dan rentabilidad económica y si adoctrinan en las ideas de la derecha, esto es, en rancios nacionalismos y fe sin límites en las bondades del capital, además de ciertas posturas respecto a temas como el aborto, las diversidades sexuales, la espiritualidad y las biopolíticas.

Ese compendio de creencias disparatadas y peligrosas configuran una verdadera tragedia pues en lugar de avanzar en las conquistas sociales que tanto esfuerzo han costado, no solo se pretende desmontarlas, sino en revivir líneas de acción política que erosionen las propuestas en favor de la vida y la vigencia de los derechos.

Es como si un repugnante hilo de bellaquería uniera las testas de Trump, Bolsonaro, Cabal, Milei y Abascal, por citar los más afamados en delirios xenófobos, racistas, homofóbicos y antiderechos. Lo paradójico de esa tendencia política es que solo parece funcionar si es apuntalado desde iglesias y creencias religiosas de hermenéuticas rabiosas frente a los textos bíblicos, gracias a las cuales es posible concebir y ensamblar en un solo esquema la supuesta defensa de la vida, cuando hablan del aborto y la condena a muerte por hambre o la falta de ejercicio de derechos a la población migrante, todo ello en un mismo paquete sin que uno solo de sus peculiares brotes capilares se mueva un ápice.

Pero lo que resulta más extraño es que muchos votos que acompañan esos delirios provienen de sectores excluidos o en crisis quienes desencantados y rabiosos ante la escasez de oportunidades, abrazan semejantes opciones buscando instrumentar un voto castigo que estremezca el establecimiento y obligue a un cambio verdadero, aunque sea a través del suicidio.

En esas coordinadas del absurdo habría que incluir también, para el caso colombiano, a Rodolfo Hernández, quien durante la campaña a la presidencia se cansó de ofrecer espectáculos patéticos y hasta vergonzosos, pero, quien lo creyera, atrajo la votación de algo más de diez millones de personas. Es posible que en efecto muchos de esos votos no hayan sido por Hernández sino en contra de Petro, pero ¿Qué hay de quiénes sí votaron por él de manera deliberada y confiada? Que los hay los hay, y para el botón de muestra está uno de los intelectuales colombianos más críticos y lúcidos, como lo es William Ospina. Este panorama hace pensar que en los terrenos de la política parece primar un efecto de embrujo que hace emborronar el juicio y pone todo patas arriba, pero no hay tal, todo obedece a un muy bien calculado e intencionado deseo de preservar el status quo y los privilegios de los de siempre.

Las políticas de esos que pareciera se quieren hacer visibles a partir de sus horrendas cabelleras, desde Trump, pasando por Hernández, Boris Johnson y Milei, hasta el pelo recién sembrado en el caletre de Zuluaga, son actores políticos que en los recodos de la historia resultan ganadores a pesar de que sus recetas van en contra de una realidad planetaria que no admite segundas oportunidades. Al fin y al cabo, un antecesor de estos bárbaros de hoy, el infernal Adolf, de cabellera y bigotes insólitos, anunció su reinado de mil años como si en realidad fuera un final de lo humano, estos de hoy quieren asegurar esa tarea.


Todas las columnas del autor en este enlace: Andrés Arredondo Restrepo

Andrés Arredondo Restrepo

Antropólogo y Mg. Buscando alquimias entre Memoria, Paz y Derechos Humanos.

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