¿Burócratas o Empresarios?

Vivimos en una sociedad en la que endiosamos muchas veces al político que, para llegar al poder u ocupar un alto cargo público, promete abiertamente un sinnúmero de promesas populistas, pero que solo se quedan allí, en promesas. Simultáneamente, estigmatizamos al empresario que con su trabajo y capital logra sacar adelante su negocio a pesar de las difíciles situaciones con las que se enfrenta (regulaciones, cargas fiscales, economías cambiantes, inflación, entre otros), beneficiando al tiempo a sus colaboradores que, sin importar la situación de su negocio, les otorga un beneficio económico mes a mes.

Lastimosamente, Latinoamérica se ha caracterizado por ser una sociedad llena de resentimientos y que siente enojo, rabia o disgusto al ver prosperar a su vecino, amigo o familiar, mientras siente felicidad cuando gana un político que promete acabar con estos.

En los dos ámbitos (burocracia y sector empresarial) existen ciertas fallas que se pueden corregir, pero tenemos un ámbito específico que a pesar de evidenciar tantas fallas, casi nunca las corrige; por supuesto, hablo de la burocracia. Cuando un político comete errores, roba recursos o sencillamente no hace bien su trabajo, la posibilidad de que lo destituyan es muy baja, aunque ya no cuente con credibilidad, puesto que se encuentra en un medio en el cual cuenta con el apoyo de otros poderes que no permiten que esto pase; la llamada mermelada. En ese orden de ideas, el político, pese a sus errores, continúa en el poder devengando igualmente su alto salario a costa de los contribuyentes y, sobre todo, teniendo control sobre nosotros.

Por otro lado tenemos al empresario que, utilizando su libertad individual, decide encaminarse por el comercio de algún bien o de un servicio, que sin necesidad de obtener la aprobación de un público, decide buscar beneficios propios a través de la entrega de valor a la comunidad. En este sector empresarial también existen ciertas fallas y errores que cometen los empresarios, tanto de buena fe como de mala honra, y es aquí donde podemos ver que los errores tienen correcciones naturales y automáticas donde tarde o temprano se verán sus consecuencias.

Cuando un empresario entrega mal su producto, ofrece un mal servicio, no le presta atención a sus empleados, o simplemente no se esfuerza por entregar gran valor a sus clientes, el mercado por sí solo se encargará de que ese empresario pague las consecuencias y salga de circulación para que llegue otro que si lo haga bien. Como lo dijo Adam Smith: “el libre mercado tiene la capacidad de autorregularse”, utilizando la metáfora de “la mano invisible” dicha en sus obras Teoría de los sentimientos morales y La riqueza de las naciones; allí, el gran economista nos habla de que la libre competencia es la mejor manera para que funcione la economía, donde sus posibles fallas y problemas pueden tener solución.


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De esta manera, podemos evidenciar desde otra perspectiva y con más razonabilidad, que el sector privado si es óptimo al momento de tener presente que su autorregulación permite construir economías más prósperas y de mayor bienestar para la comunidad, excluyendo empresas que dan malos servicios e incluyendo empresas que ofrezcan mejores bienes y al mejor precio, dándole variedad de opciones a las personas para que interactúen de acuerdo a sus preferencias, y no de acuerdo al “leviatán”.

Los políticos no son solucionadores de problemas, como sí lo son los empresarios; últimamente es al revés, siendo los políticos los que provocan estos problemas, interviniendo en los mercados y en nuestras vidas, sofocándonos con regulaciones y creando trabas innecesarias para nuestras actividades. La burocracia nunca ha producido nada, solo se alimenta de nosotros: los contribuyentes. Adam Smith mencionó que los dirigentes solo deberían ocuparse en otros aspectos de más control como la justicia y la defensa, y dejar el mercado regulándose por sí mismo, para que así la libre competencia haga un gran trabajo: ofrecernos bienes y servicios más eficientes y a menores costos, beneficiando a las clases bajas y medias.


Este artículo apareció por primera vez en nuestro medio aliado El Bastión.

About the author

Juan Camilo Bravo

Estudiante de Finanzas y Negocios Internacionales en la Universidad Santiago de Cali. Coordinador Local de Students for Liberty Colombia (SFL Colombia). Apasionado por el mundo empresarial, económico y de mercados financieros. Defensor de la vida, la libertad y la propiedad privada.

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