Cultura Opinión

Atestiguar el sufrimiento

Jesús Abad Colorado es un reportero gráfico de Medellín, que ha regalado a la memoria colectiva las imágenes más potentes y bellas del conflicto armado. De pronto, puede parecer banal hablar de belleza para caracterizar fotografías de guerra, pero al encontrarse con una captura sensible de lo violento, entonces; me permito el adjetivo. Es bello, porque se ve la empatía de Jesús Abad por quien está al frente, la elección de lo simbólico sobre lo morboso y su mirada humana hacia quienes viven el horror. La fuerza del trabajo de Jesús está en su preocupación genuina por el otro y así es cómo su búsqueda sobrepasa lo meramente técnico de la imagen.

El fotorreportero cubrió masacres como las de Bojayá, Apartadó y San Carlos. Entre el archivo que ha dejado, también ha sido posible hallar pruebas de crímenes cometidos por el Estado —ejército aliado con paramilitarismo, atrocidades cometidas a población civil— y aunque  las denuncias de atropellos a Derechos Humanos cuestan la vida, Jesús Abad ha tenido la valentía de dejar material periodístico, capaz de concebir proyectos de justicia y memoria para muchas víctimas. En el documental “El Testigo”, está el resumen de esta obra fotográfica, que es más una labor humanitaria y de activismo social.

La realización audiovisual está próxima a estrenarse en salas de cine y es un material que suscita conmoción y esperanza en quien lo ve. El documental se desarrolla alrededor del reencuentro entre el fotógrafo y los protagonistas de sus imágenes. Jesús Abad busca a la víctima, después de años de haber capturado su vivencia trágica, y en la pantalla van apareciendo estos rostros, madurados en dolor, haciendo un reclamo de paz. De ahí que el espectador sienta un vaho de esperanza.

En la labor de este reportero no hay un interés de comentar sobre técnicas fotográficas, equipos o elementos de composición. Jesús Abad prefiere hablar de lo humano: del hombre llorando sobre el ataúd de su esposa, del niño ayudando a lavar y vestir a los muertos, de la novia que se casa en medio del dolor de la tragedia. En la obra de “Chucho”, Colombia tiene un archivo sensible de memoria, porque esos ojos encargados de recopilarlo han sido de un periodista muy humano.

Susan Sontag ya había mencionado la fuerza que tiene una imagen fija como artefacto memorístico. Todos recuerdan la niña vietnamita, que corre desnuda, quemada por el combustible rociado por los estadounidenses. Sontag asevera que la fotografía dota de “más realidad” a un hecho y, dado que muchos simpatizantes de la guerra tienden a negar sus atrocidades, la labor del registro fotográfico es una prueba y un reclamo de verdad necesario.

Aunque los últimos documentales estrenados en Colombia hayan tratado el conflicto, el tema no debe representar una reiteración latosa para periodistas y ciudadanos, porque estamos recopilando el material que da cuenta de una historia terrible, a la que hay que mirar con valentía y de frente. Queda agradecer a Jesús Abad por su obra y esperar que no haya necesidad de más testigos de la guerra en este país.