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Al momento de escribir esta columna han pasado 1.635 días con sus respectivas noches e intensas madrugadas para la señora Claudia Yepes, convertida tras una ardua lucha en un poderoso símbolo entre las madres buscadoras que se preguntan ¿Dónde están? A partir del día 1.627 su lucha por la búsqueda de Andrés Camilo, sin cambiar en intensidad y compromiso, inició otro momento: orientado hacia la exigencia de justicia y la dignificación de la memoria de su hijo. La justicia –considerablemente inoperante en múltiples casos de desaparición forzada en el país– permitió conocer la verdad, la judicial, la de los Juzgados y los imputados que se deciden a “colaborar”, la que de forma contundente responde a la pregunta: ¿Qué fue lo que pasó? Cesó la incertidumbre para la señora Claudia Yepes y se inició otro capítulo en su lucha.
“Camilo sin hacerle daño a nadie, le fue arrebatada la vida”
A Camilo lo conocí en Jericó, en la Normal Superior, no recuerdo bien en qué grado, tal vez fue en sexto o séptimo, no hablamos mucho ni llegamos a ser amigos, solo conocidos del colegio, jericoanos creciendo entre montañas y que se reconocían en uno que otro recreo en medio de cartas de Yu-Gi-Oh!. En ese instante de la infancia donde la existencia se revela eterna en consideración a la ingenuidad de quien se va adentrando en el sentido de la vida. Vida que por azar o por infortunio no nos volvió a acercar, pero que, en esencia, nos permitió crecer como dos seres orgullosos de amor por su terruño –ese grato nido de amores que se llama Jericó–, considerando los estudios como la oportunidad de ser, de vivir desde esa pasión que en ocasiones le da color a tantas cosas. A Camilo le permitieron vivir esa pasión hasta el 3 de abril de 2022. Tenía 26 años.
“Su pecado, ser muy querido por la gente”
Cuando me enteré de su desaparición en San Andrés de Cuerquia, la tarde del 4 de abril, me estremecí. No solo porque lo recordaba del colegio, sino porque el azar y el infortunio me ha permitido trabajar en territorios difíciles donde una desaparición en plena madrugada solo puede ofrecer un desenlace terrible. De una compartí la imagen de su búsqueda en Facebook, en WhatsApp, en Twitter, así lo hicimos muchos, conocidos y no tan conocidos, amigos y no tan amigos, porque estábamos convencidos de que había tiempo, por si la retención era extorsiva o solo una advertencia, ahora sabemos, conforme avanza el proceso judicial, que Andrés Camilo fue asesinado dos días después. Por muchas semanas y meses seguimos compartiendo la imagen de su búsqueda, la fuerza y el valor de la señora Claudia Yepes, su lucha por la verdad y la justicia, nos infundía esperanza. No la debíamos dejar sola en esa lucha.
“Hoy nos queda pedir justicia por Camilo (y que esos Hdp paguen por lo que hicieron)”
La lucha de la señora Claudia Yepes fue una consagración por la búsqueda de la verdad. En todos los medios de comunicación posibles, ante cualquier autoridad política, en todo momento, hasta que el día 1.627 uno de los capturados, quien fuera menor de edad al momento de los hechos, decidió “colaborar” y romper lo que parecía ser un pacto de silencio que conllevó, en la agitada imaginación de los oportunistas e indolentes, a suponer un montón de escenarios, cada cual más inverosímil que el anterior. Ahora sabemos, conforme avanza el proceso judicial, que Andrés Camilo fue asesinado porque no cedió a una extorsión circunstancial, con la cual los asesinos buscaban cuadrar la caja de sus rentas. Azar e infortunio. Se les “prendió el bombillo” de la perversidad al ver como un saco de dinero al joven ingeniero que solo estaba haciendo su trabajo con vocación y pasión.
“Una madre hace eco, pero toda una comunidad se hace escuchar de un país (no olvidemos a Camilo)”
Hace algunas semanas estuve por Jericó y vi la fotografía de Andrés Camilo en la entrada del pueblo. Cerca de la Normal Superior. Estaba con mi mamá y percibí su mirada al observar detenidamente la fotografía. Ella miro como solo una madre puede mirar. Con la comprensión del dolor, el abatimiento, la fe y también la fuerza de la señora Claudia Yepes. “El amor de una madre es una fuerza ilimitada” me dijo. Acompañemos a la señora Claudia Yepes en el nuevo capítulo de su lucha; donde exigimos justicia; donde tenemos la certeza de nunca olvidar a Andrés Camilo, su pasión y su legado; donde anhelamos que más familias no pasen por el dolor desgarrador que implica la desaparición de un ser amado; donde demandamos celeridad en la investigación de cientos de miles de casos de desaparición y la entrega digna de los restos. Desde su lucha la señora Claudia Yepes nos enseñó, con su impresionante fuerza, sobre el valor de la tenacidad, el compromiso y el inabarcable amor de una madre.
“Los parió una vaca”
Sobre los capturados no hay mucho que decir. Será la justicia la que se encargué de condenarlos y en sus conciencias –si todavía conservan algún vestigio– estará siempre abierta la posibilidad para que reflexionen sobre lo que hicieron; tal vez, para que piensen sobre el dolor y la lucha que su acción criminal desató sobre una madre que nunca desfalleció en la búsqueda respuestas. Qué la vida se encargue de poner todo en su sitio. Azar e infortunio.














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