A propósito de los últimos dos debates…

Después de todas las excusas y contratiempos que hubo para reunir a los cinco candidatos a la Presidencia para un debate, terminaron cediendo. Sobre todo el candidato Presidente, Juan Manuel Santos, que era el que más se rehusaba a asistir. Lo hizo faltando tres días para las elecciones (primero, valga aclarar, en un debate organizado por una alianza de medios afines a su familia y a su gobierno: La FM, RCN, El Tiempo…) y para darle la cara al país como se lo habían solicitado los otros candidatos.

El viernes 23 otra vez estuvieron juntos, pero esta vez en el #GranDebate que organizó el Canal Caracol en alianza con Blu Radio. El debate, en términos de raiting, lo transmitieron en horario triple “estelaaar”: después de la final de un reality-concurso. Logró más de cinco tendencias en Twitter. Las reglas de debate que acordó la mesa de redacción del Canal Caracol generaron roces entre el moderador, Luis Carlos Vélez, y los candidatos a la presidencia por los estrictos tiempos que estipularon.

No hubo debate. Hay que dejar los eufemismos. Hubo replica. Y, obviamente, como en toda replica, hubo derecho a debate. Los candidatos tenían que responder en un trino, digo, en 40 segundos. Si se pasaban, no podían publicarlo, perdón, Luis Carlos los censuraba con su voz. Y como Colombia es una democracia, tenían derecho a dos replicas. Que no pidieran más. El presupuesto (de los comerciales de más de siete minutos entre cada sección del debate) no alcanzó para más replicas. Es que los pobrecitos no tenían ni para las baterías porque al final del debate a Enrique Peñalosa le falló el sonido. Igual, como dijo, no quiere ser Presidente entonces para que escuchar las razones para votar por él.

En el debate del jueves el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, le exigió al candidato Presidente que lo respetara. Que él tenía su propia identidad, y que por ser Presidente no le iba a faltar al respeto diciéndole que era un títere del ex Presidente Álvaro Uribe. Clara López insistió todo el debate en que no se enfocaran en la polémica del hacker y que hablaran de las problemáticas reales del país. Marta Lucía Ramírez y Peñalosa no se quedaban atrás; tampoco hablaban de sus propuestas sino que le aconsejaban a los colombianos votar por ellos que son “diferentes” y que van a gobernar sin maquinarias, sin odios, sin venganzas. Sin nada prácticamente.

En cuanto a los contenidos y las respuestas que daban los candidatos, al parecer eran proporcionales al contenido de las preguntas que hacían los periodistas. En los dos debates insistieron en no enfocarse en los escándalos del hacker y los narco dólares de la campaña de Santos, pero terminaron hablando de eso una y otra vez. De principio a fin. Las respuestas eran las mismas.

Lo único nuevo, rescatable de ambos debates, es que apareció Santos. Dio la cara. Y al final del debate de RCN le regalo a Zuluaga un prendedor con la forma de la palomita de la paz que tanto anhela pero que dejó en manos de él, augurándole éxitos como Presidente para no dejarse “mandar” por Uribe. Será que ya dejó de insistir en su negociación y se dio cuenta de que los colombianos quieren una paz sin impunidad. Esa que Zuluaga menciona a cada rato. Y esa que probablemente lo lleve a ser el próximo Presidente de Colombia.

Las razones para votar por cada uno de los candidatos, que exponían al final de cada debate, se parecían mucho a los comerciales que pasan todo el tiempo por televisión. La diferencia es que eran en vivo y en menos tiempo.

Básicamente, todos reiteran los mismos asuntos: Santos dice que voten por el para construir entre todos el galpón de la paz; Marta Lucía insiste en que ella está destinada a ser  Presidenta pero nunca Miss Colombia; Clara López aprovecha los problemas entre las otras campañas para decir que ella es la opción, y que la opción es Clara y que no sé qué; Peñalosa sigue pedaleando para ver si supera la pena moral de haber construido Transmilenio y no un metro; Y Zuluaga afirma, una y otra vez, que con su preparación y compromiso vamos a tener una Colombia distinta a la que ofrecen los demás candidatos porque él tiene su propia identidad: es El Zorro.

En lo personal, Zuluaga debería gobernar el país. Expresa simpatía y sencillez. Confían en él, lo aprecian. Lo reconocen como el mejor Ministro de Hacienda en tiempos de crisis. Debería gobernar el país porque tal vez necesitemos un Presidente así: un economista humilde y trabajador que pueda transformar un  país en crisis.

A propósito de los últimos dos debates: a Zuluaga fue al único que le regalaron algo; Y dos veces; Y el Presidente de la República; al parecer sí es el Zorro porque todos lo quieren.

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