“Las riquezas naturales que tenemos como humanidad no deben ser motivo de discordia, por el contrario, deben servir para el progreso y prosperidad”.
Hacer oposición a empresas y a proyectos mineros, hidroeléctricos, petroleros, infraestructura se ha vuelto una moda desde hace aproximadamente dos décadas en buena parte del mundo incluido Colombia. Hay quienes se oponen por ideología -como que hay que vivir con lo básico, renunciar a lujos y comodidades que da la vida moderna-, pero otros, creería que la mayoría, se oponen por razones políticas y económicas que disfrazan de defensa del medioambiente.
Esta semana, la gerente de Costa Afuera y Exploración de Ecopetrol, denunció que comunidades de Taganga estaban “extorsionando” a esta compañía (ver).
Conocedoras de que, Ecopetrol, para poder avanzar con su proyecto de gas Sirius en el Mar Caribe debe cumplir con el requisito de Consulta Previa (que por reglamento debe hacerse donde hay comunidades negras e indígenas pero que por el abuso y retraso que están generando en el desarrollo de proyectos de interés nacional, el actual gobierno nacional está buscando modificar –ver-), “extorsionan” a este tipo de empresas pidiendo altas sumas de dinero o imponen la contratación de personas. En caso de que las empresas no accedan a sus pretensiones se oponen bajo la excusa de protección ambiental.
Políticos también sacan provecho de ello y plantean falsas dicotomías como “agua sí, fracking no” como si tuviéramos que escoger entre una cosa u otra, cuando podemos tenerlo todo, también vemos a influencers que con el ánimo de ganar “likes” y proyectarse como defensores del ambiente -que es lo más fácil para quedar bien- crean enemigos que usualmente son empresas que son legales y por tanto vigiladas por los entes de control para mostrarse como grandes salvadores de la humanidad pero callan ante los actos cometidos por quienes actúan por fuera de la ley.
Las empresas y proyectos de desarrollo no deben ser motivo de división y menos en un país como Colombia con altas brechas sociales y poblaciones ávidas por tener mejores oportunidades y empleos dignos que precisamente generan las empresas. Eso no significa dar un cheque en blanco y que las organizaciones hagan lo que quieran. No. Pero sí creo que, en lugar de ver sectores económicos como enemigos por populismo o intereses personales, debemos es trabajar de la mano y establecer acuerdos para que las actividades empresariales y de proyectos de impacto, sean una relación de gana a gana.
Las riquezas naturales que tenemos como humanidad no deben ser motivo de discordia, por el contrario, deben servir para el progreso y prosperidad, para que la mayoría, ojalá que toda la población, como se ve en países con altos índices de desarrollo, tenga una excelente calidad de vida.
En la parábola de los talentos, Jesús nos deja como reflexión que debemos aprovechar bien los recursos y ventajes que tenemos para ser más prósperos, así como el prójimo.
Asimismo, en el Libro Deuteronomio 8:9 de la Biblia, se dice que la Tierra Prometida es aquel lugar donde el hombre podrá extraer minerales como el cobre y a la vez cultivar. Es una tierra en la que hay coexistencia y en la que una actividad no riñe con otra.
Los recursos minerales son una bendición. Es el momento de aprovecharlos y evidenciar su contribución para que las comunidades tengan mejores condiciones. Es el momento para que Colombia, por fin, como lo dijo el presidente de la ACM, Juan Camilo Nariño, en el Congreso de Minería, sea un país minero.
*Mis artículos no representan a mi empleador.














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