“Obviando algunas producciones de anime, hoy en día sería impensable hacer una producción como la saga Kill Bill, más allá de algunos filmes sangrientos —como la saga John Wick (2016-2025)— y de terror —algo muy característico de ese tipo de cine hecho en los EE. UU.—. Aunque también existe la serie El guerrero de Chinatown (2019-2023), donde abundan las muertes, las peleas, la violencia y muchos desnudos y sexo.”
En estos días y gracias a la Corporación Cultural de Ñuñoa, tuve la fortuna de volver a ver la producción cinematográfica Kill Bill del director estadounidense Quentin Tarantino en una sala de cine. Es decir, en pantalla grande y con sonido aceptable.
Y digo fortuna, ya que, salvo que tengas un buen equipo en casa, rara vez las producciones audiovisuales se pueden experimentar igual o mejor que en una sala de cine tradicional.
Obviando algunas producciones de anime, hoy en día sería impensable hacer una producción como la saga Kill Bill, más allá de algunos filmes sangrientos —como la saga John Wick (2016-2025)— y de terror —algo muy característico de ese tipo de cine hecho en los EE. UU.—. Aunque también existe la serie El guerrero de Chinatown (2019-2023), donde abundan las muertes, las peleas, la violencia y muchos desnudos y sexo.
Al menos la primera entrega —Kill Bill: Vol. 1 (2003)— es una mezcla loca entre anime, la cultura japonesa, las artes marciales —principalmente las peleas o batallas con katanas y kungfú o wushu— y el cine asiático (de China y Japón).
Mientras que en la segunda entrega —Kill Bill: Vol. 2 (2004)— está más relacionada con el wéstern, sin perder parte de su esencia marcial.
Las escenas de acción, peleas o violencia abundan durante buena parte de las casi dos horas que dura el primer filme. Ni hablar de la matazón, los disparos (que en este caso son pocos) y el cercenado de miembros, incluidas las cabezas. Sin olvidar los chorros de sangre de los cuerpos que desangrarían a cualquier humano en segundos. Algo muy típico del anime japonés y del cine asiático de los sesenta y setenta.
La producción parece una parodia donde, como ya se mencionó, juega con distintos géneros. La música también hace parte de ese juego narrativo, haciendo énfasis en esos momentos tensos o de potencial acción aniquiladora. En algunas ocasiones, el recurso musical evoca a los animes de los años setenta y ochenta que veíamos de niños y adolescentes en los países americanos.
Podría parecer una comedia o una intención de ridiculizar al típico cine asiático de filmes de artes marciales, pero nada que ver. Es un tributo de Tarantino al género. Por lo general, en ese tipo de películas no hay ese grado de sadismo, ni de chorros de sangre ni esa mortandad tan despiadada. O al menos no en los últimos años. Aunque sí pareciera ser un anime en eso que ahora llaman live–action.
La escena del restaurante donde la Novia (Uma Thurman) se enfrenta a un sinfín de enemigos recuerda mucho a esas escenas de las películas chinas, donde unos pocos o un solo individuo se enfrenta a toda una escuela, población o pandilla de villanos. Y donde el estilo de pelea chino está muy presente, más allá de la presencia de las espadas japonesas. Incluidas esas escaladas o ascensos fantásticos e imposibles de replicar en la vida real.
Por otro lado, la segunda entrega, con una duración de 2 horas y 17 minutos, está más enfocada en el wéstern y en la venganza de la Novia con respecto a Bill, o más conocido como el encantador de serpientes (David Caradine). Asimismo, vemos a la Novia interactuando con un maestro chino, por lo que la parte marcial no está del todo ausente. Esto, sin mencionar la batalla cuerpo a cuerpo entre la Novia y Elle Driver a.k.a. Serpiente de montaña de California (Daryl Hannah) en el tráiler perteneciente a Budd o alias Cascabel (Michael Madsen).
En la saga, hay una gran cantidad de guiños o referencias a la cultura pop. Específicamente a distintos filmes, obras de teatro, cómics estadounidenses, novelas, entre otros, así como a distintas personas de la industria del cine y del espectáculo.
Como curiosidad, el personaje de la Novia o la Mamba Negra —cuyo nombre real es Beatrix Kiddo— (Uma Thurman) despierta muy activa de un estado de coma de cuatro años. Algo parecido ocurrió con el personaje del detective Mason Storm (Steven Seagal) en Difícil de matar (1990), donde también despertó con algo de energía luego de estar en coma durante siete años para escapar de unos asesinos con ayuda de una enfermera (Kelly LeBrock).
Asimismo, hay otra curiosidad: la escena de la pelea en el restaurante me trae a la memoria la escena donde el espía chino Liu Jian (Jet Li) en el filme francés El beso del dragón (2001) se enfrenta a todos los karatecas en el dojo de la comisaría policial. Solo que, en este caso, es a mano limpia y con la ayuda de dos bastones. También ocurre algo parecido en el filme Masacre en Nueva York (1995), donde el turista Keung se enfrenta a los pandilleros en su guarida neoyorquina. Esto, prácticamente a mano limpia y en donde destaca la escena donde se enfrenta al jefe de la pandilla (Marc Akerstream) sobre una mesa de billar, donde se dieron con todo y hasta para llevar.
Entre los actores que participaron en la saga y que fallecieron tenemos a: David Carradine, quien a los 72 años nos dejó en 2009 —irónicamente, en un país asiático y presuntamente haciendo travesuras sexuales—; Michael Parks —interpretó a dos personajes—, a los 77 años en 2017; Sonny Chiba, actor japonés, quien falleció a los 82 años en 2021; y Michael Madsen, quien a los 67 años partió a otro plano y muy recién, en 2025.
Irónicamente, el cine surcoreano para la época no tenía esa presencia tan activa y masiva como en los últimos años. En especial, desde que Netflix comenzó a apostar tanto por las producciones provenientes de Corea del Sur, tanto en películas como en series amorosas y juveniles. Ni hablar de los fenómenos del k-pop, Parásitos (2019), la serie El juego del calamar (2021-2025), entre otras producciones.
Igual, Tarantino no ha perdido su característica forma de hacer películas alocadas y salvajes: en 2009, nos trajo a Bastardos sin gloria; en 2019, Érase una vez en Hollywood; entre otras producciones cinematográficas.














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