Cuando el cargo pesa de verdad

“El liderazgo no se mide en los discursos de posesión. Se mide en la primera madrugada en que todo colapsa y alguien tiene que decidir.”

El lunes 10 de agosto, a las 7:40 de la mañana, Colombia dejó de ser un país en celebración para convertirse en un país bajo los escombros, un sismo de magnitud 7.4, con epicentro en el Chocó, sacudió el occidente del país con una violencia que no distinguió entre hospitales, escuelas, hogares ni vidas; Cali, Pereira, Quibdó y otras tantas ciudades más amanecieron rotas, más de 280 personas han muerto, centenares siguen desaparecidas y mientras esto se escribe, hay manos que siguen removiendo escombros con la esperanza de que alguien responda desde adentro. En medio de eso, Colombia tiene un presidente que lleva menos de una semana en el cargo y no lo digo como señalamiento, lo digo como dato organizacional, porque es exactamente ahí donde el liderazgo muestra lo que realmente es.

La academia de la gestión lleva décadas estudiando lo que ocurre cuando una organización enfrenta una crisis de magnitud catastrófica y lo que encuentra, sistemáticamente, es que los mejores líderes hacen algo que parece simple y resulta extraordinariamente difícil bajo presión y es precisamente estar presentes, comunicar con verdad y tomar decisiones visibles aunque sean imperfectas.

Una catástrofe no se administra desde un escritorio, se gobierna desde el territorio, desde la cercanía, desde la disposición de poner el cuerpo donde está el dolor, porque en los momentos en que una comunidad lo ha perdido todo, lo primero que necesita más que un decreto, es saber que alguien con autoridad la está mirando a los ojos y eso mas que intuición, es lo que James Reason llamó hace años la diferencia entre el liderazgo activo y el liderazgo administrativo en contextos de crisis, esto en resumen señala que uno gestiona los procesos, mientras el otro gestiona el significado que esos procesos tienen para las personas que los viven.

Hay una dimensión de esta tragedia que va más allá del gobierno de turno y que Colombia lleva décadas aplazando y es la gestión institucional del riesgo como política de Estado, no como reacción de emergencia. Los 52 instituciones educativas afectadas, los 18 centros de salud averiados, los 61 edificios colapsados, números que no son solo el resultado del sismo del lunes, sino el resultado acumulado de años de construcción sin criterio técnico, de ordenamiento territorial que ignoró la geografía, de institucionalidad que planeó para el tiempo normal y olvidó que el tiempo normal, en Colombia, se interrumpe.

Las organizaciones que sobreviven a las crisis están lejos de ser las que tienen mejor suerte, en mi concepto son las que construyeron resiliencia institucional antes de que la crisis llegara, las que contaban con protocolos probados, equipos entrenados, cadenas de decisión claras que no dependen de que alguien improvise cuando el suelo tiembla.

Hace unas semanas escribí en esta misma columna que la prueba real del liderazgo no era ganar una elección, sino gobernar cuando la realidad no lee ningún plan, pues bien un terremoto de 7.4 no lee ningún plan y sin embargo, ahí están los rescatistas que llevan horas sin dormir, los voluntarios que llegaron sin que nadie los llamara, los médicos que operaron con lo que había, los vecinos que se convirtieron en primera línea de respuesta antes de que llegara cualquier institución, eso claramente también es liderazgo y no precisamente el que espera el cargo para ejercer o el que necesita título para aparecer cuando todo colapsa.

Colombia está herida y en ese dolor hay, como siempre, una lección que las organizaciones deberían aprender antes de necesitarla, los líderes que importan en la crisis son los que estuvieron adentro del caos, tomando decisiones, cuando todavía no se sabía cómo iba a terminar, no son los que tienen el mejor discurso para después.

“Las organizaciones no fracasan por malas decisiones, sino por líderes que dejaron de pensar antes de decidir.”

John Jairo Rico

Administrador de Empresas, especialista en Mercadeo y magíster en Administración Gerencial. Docente universitario y directivo académico con más de diez años de experiencia en gerencia educativa, actualmente director del Programa de Administración de Empresas en UNIMINUTO, sede Antioquia-Chocó. Escribe sobre liderazgo, mercadeo, emprendimiento, educación y gestión organizacional, conectando la reflexión académica con la realidad empresarial y social. Sus columnas invitan a cuestionar cómo tomamos decisiones, dirigimos organizaciones y formamos a quienes las liderarán.

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