Reformar para modernizar el estado; antes que simplemente cerrar

“La austeridad puede ser una virtud pública, la eficiencia es una obligación pública; pero ahorrar sin medir consecuencias no es administrar, es simplemente  recortar gastos.


Al nuevo Gobierno de Colombia le corresponde una tarea histórica: Hacer más eficiente el estado sin debilitar su capacidad para proteger a los ciudadanos y defender los intereses nacionales.

Por ello frente a la propuesta de cierre y reorganización de embajadas y consulados, la recomendación más inteligente no sería simplemente mantenerlos abiertos ni cerrados de manera generalizada; considero que la recomendación seria convertir esta decisión en una verdadera reforma de la política exterior colombiana basada en resultados.

Antes de cerrar definitivamente una embajada o un consulado, el Gobierno podría realizar una Auditoria nacional de Valor Diplomático y Consular, evaluando cada representación con criterios objetivos; cada misión debería ser analizada en cinco dimensiones:

  1. Valor para los miles de colombianos en el exterior: ¿Cuántos colombianos atiende? ¿Qué tan lejos quedaría la población colombiana si se cierra? ¿Cuánto aumentaría el costo y el tiempo para realizar un trámite?
  2. Valor económico: ¿Cuantas inversiones ha facilitado? ¿Qué exportaciones ha promovido? ¿Cuántas empresas colombianas ha conectado con este mercado? ¿Qué potencial comercial tiene el país?
  3. Valor diplomático y geopolítico: ¿Qué importancia tiene ese país para Colombia en materia de seguridad, cooperación, recursos naturales, tecnología, energía, migración o relaciones internacionales?
  4. Costo real de la representación Diplomática: ¿Cuánto cuesta mantenerla, incluyendo funcionarios, instalaciones, seguridad, servicios, arrendamientos y gastos administrativos?
  5. Potencial futuro: No debe evaluarse únicamente lo que una embajada produjo durante los últimos años también debe analizarse que oportunidades podría generar durante los próximos, 5, 10 y más años.

Después de realizar esta evaluación; las misiones podrían clasificarse en 3 grupos:

MISIONES ESTRATEGICAS.

Aquellas que Colombia debe conservar y fortalecer porque son fundamentales para la seguridad, economía, migración o influencia internacional.

MISIONES REFORMABLES

Aquellas que pueden mantenerse con una estructura más pequeña, compartiendo infraestructura o utilizando modelos de diplomacia comercial y digital.

MISIONES PRESCINDIBLES

Aquellas cuyo costo sea superior a su verdadero valor diplomático, económico y consular y que puedan ser atendidas adecuadamente desde otra representación.

Debe imperar una condición fundamental:

SI SE CIERRA UNA OFICINA, NO SE DEBE CERRAR EL SERVICIO 

Antes de eliminar un consulado, el Gobierno debe garantizar mecanismos alternativos como consulados móviles, jornadas periódicas, atención digital, oficinas compartidas y sistemas de atención remota. De esta manera el estado podría ahorrar recursos sin abandonar a los colombianos que viven fuera del país.

UNA PROPUESTA  ADICIONAL:

CONTRATOS DE RESULTADOS PARA LOS EMBAJADORES

Colombia podría dar un paso más y establecer indicadores de gestión para cada embajada: Un embajador debería ser evaluado no solamente por su antigüedad o representación protocolaria, sino por resultados concretos:

  • Inversiones atraídas
  • Exportaciones facilitadas
  • Empresas colombianas acompañadas
  • Acuerdos de cooperación conseguidos
  • Oportunidades de turismo generadas
  • Ciudadanos atendidos con solución en cada situación
  • Tiempo de respuesta consular
  • Reducción de tramites
  • Alianzas estratégicas construidas

 

Esto permitirá pasar de una diplomacia burocrática a una diplomacia de resultados

EL PRINCIPIO QUE DEBERIA GUIAR ESTA REFORMA.

El nuevo Gobierno tiene una oportunidad excepcional para demostrar que AUSTERIDAD Y EFICIENCIA pueden ir de la mano, teniendo presente que existe una diferencia fundamental: Recortar presupuesto es fácil; crear valor público es mucho más difícil; por esta razón la pregunta no solo sería ¿Cuánto dinero podemos ahorrar cerrando una embajada? Sino ¿Cuánto valor perdería Colombia si la cerramos? 

  • Si el ahorro supera claramente el valor estratégico, económico y social de la misión, debe cerrarse.
  • Si la misión es importante pero puede funcionar con menor costo debe reformarse.
  • Y si resulta estratégica para Colombia, debe fortalecerse

Esta metodología permitiría al nuevo Gobierno demostrar que sus decisiones no obedecen simplemente a razones políticas o ideológicas, sino a evidencia, eficiencia, protección ciudadana e interés nacional.

 

UNA OPORTUNIDAD HISTORICA: 

El Gobierno podría convertir una decisión polémica en una reforma admirada internacionalmente: Una Cancillería más pequeña donde sea necesario, más tecnología, más eficiente y mucho más orientada a resultados, una cancillería que no mida su éxito por el número de oficinas que mantiene abiertas, sino por lo que esas oficinas consiguen para Colombia. Porque el verdadero objetivo no debería ser tener más o menos embajadas, el verdadero objetivo debe ser tener la presencia internacional que Colombia necesita, al menor costo posible y con el mayor beneficio para sus ciudadanos. Este sería un verdadero ejercicio de administración Pública moderna.

La austeridad puede ser una virtud pública, la eficiencia es una obligación pública; pero ahorrar sin medir consecuencias no es administrar, es simplemente  recortar gastos.

Astrid Suárez Velásquez

Soy Administradora Pública egresada de la Institución universitaria Politécnico Grancolombiano, y soy educadora egresada de la normal nacional para señoritas de Copacabana Antioquia, presté mi servicio público durante 21 años de mi vida, actualmente soy independiente en el sector el comercio.

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