Más Estado, menos libertado: el error de Paloma Valencia

Paloma Valencia incendió las redes al afirmar que quienes creen que el Centro Democrático es el partido de Hayek están muy equivocados. Acto seguido, criticó el libre mercado bajo el argumento de que «no cuida a los pobres», para terminar concluyendo que militan en una colectividad que no es de derecha.

Es lamentable que referentes políticos que han tenido la dignidad de ser precandidatos a la Presidencia de la República conozcan tan poco sobre las distintas ideologías dentro del espectro político. Que, en el afán de posar de intelectuales, ensucien el nombre de referentes globales en posturas tan delicadas como la concepción del Estado de Derecho es inadmisible.

Resulta inaceptable que Paloma Valencia, siendo filósofa de profesión, cuestione a Hayek posiblemente porque se encuentra en las antípodas de su pensamiento. No hace mucho tiempo, Valencia alababa la brillantez de Karl Marx; hoy, al arremeter contra uno de los máximos exponentes de la libertad, deja al descubierto hacia dónde apunta realmente su corazón.

La mayoría de las personas ignora quién fue este economista, filósofo político y sociólogo galardonado con el Premio Nobel en 1974, considerado por muchos uno de los grandes faros de la Escuela Austriaca de Economía. Friedrich August von Hayek fue una de las mentes más lúcidas del siglo XX: anticipó la mayoría de los desastres económicos que padecemos hoy y, en su obra cumbre, Camino de servidumbre, demostró por qué los políticos caen inevitablemente en la tentación de actuar en beneficio propio a expensas del ciudadano.

Para Hayek, la libertad era la ausencia de coerción arbitraria por parte de otros hombres o del Estado —una visión similar a la de los Padres Fundadores de los Estados Unidos al plasmar en su Constitución el derecho de los ciudadanos a buscar su propia felicidad—. El individuo es verdaderamente libre cuando puede emplear su conocimiento y recursos para perseguir sus propios fines, sin quedar sujeto a la voluntad caprichosa de un tercero.

Bajo esa premisa, el Estado de Derecho para Hayek debe estar limitado por una legislación que cumpla tres criterios fundamentales:

  1. Generalidad: Las leyes deben aplicarse a todos por igual, sin nombrar ni favorecer a personas, grupos o clases específicas.
  2. Abstracción e imparcialidad: La ley debe diseñarse como un marco de reglas del juego conocido por todos, sin determinar de antemano quién será el ganador.
  3. Previsibilidad: Todos los ciudadanos deben conocer las normas con antelación para planificar sus vidas con certeza, sabiendo qué acciones del Estado son previsibles y cuáles serían arbitrarias.

Aquí surge la primera gran diferencia respecto al pensamiento de la mayoría de los gobernantes actuales —incluida Paloma Valencia—, pues la política moderna suele confundir lo que Hayek denominó Nomos (la ley de la libertad) y Thesis (la organización y el mandato).

El Nomos se compone de normas abstractas que han evolucionado en el tiempo para resolver conflictos entre individuos, restringiendo conductas nocivas para la convivencia social. Tienen un carácter predominantemente negativo (como «no matarás» o «no defraudarás»), dejando todo lo demás al libre arbitrio de la acción humana. La Thesis, en cambio, abarca las instrucciones directas dictadas por las autoridades para dirigir a los funcionarios o administrar la estructura estatal.

Hayek advertía que las democracias modernas pretenden legislar sobre cada aspecto de la vida social, construyendo una organización dirigida de arriba abajo. Es ahí donde entra la trampa de la «justicia social», la cual, bajo el espejismo de la redistribución, sirve para beneficiar al político de turno mientras otorga un trato desigual a los ciudadanos ante la ley.

Pasando al cuestionamiento hecho por Paloma Valencia sobre el libre mercado, Friedrich Hayek —como liberal clásico— jamás promovió la abolición del Estado. De hecho, le asignaba funciones completamente legítimas:

  1. Defensa y seguridad: Mantenimiento de las fuerzas armadas, la policía y el sistema judicial para proteger la propiedad privada y velar por el cumplimiento de los contratos.
  2. Red de seguridad básica: Un ingreso mínimo garantizado o asistencia estatal para quienes no pueden valerse por sí mismos en el mercado debido a su vejez, invalidez o ante desastres naturales.
  3. Bienes públicos e infraestructura: Obras de infraestructura, saneamiento, educación básica y regulaciones ambientales en áreas donde el mercado no puede operar con eficiencia debido a externalidades o dificultades para el cobro directo.

 

No obstante, Hayek planteaba como condición innegociable que, incluso en estas áreas, el Estado nunca debía otorgarse un monopolio coercitivo, sino permitir la iniciativa y la competencia privada allí donde fuera posible.

De modo que Friedrich August von Hayek no fue el radical que sugirió Paloma Valencia que no le importaba el bienestar de los menos capaces dentro del Libre Mercado. Dentro de la Escuela Austriaca, fue un moderado que combatió de frente los abusos de los regímenes totalitarios que le tocó presenciar en las dos guerras mundiales. Conocía de primera mano cómo la ambición de poder de la clase política termina convirtiendo a los ciudadanos en siervos modernos: individuos que trabajan la mayor parte del año únicamente para pagar tributos que los gobernantes administrarán a conveniencia para perpetuarse en el poder.

Si en el Centro Democrático no creen en los fundamentos más elementales de la teoría hayekiana, son parte del problema y jamás serán la solución para generar prosperidad y crecimiento en libertad. Si las ideas de Paloma Valencia son el nuevo rumbo que tomó el partido del expresidente Uribe van por la vía expresa hacia la, Fatal Arrogancia, última gran obra escrita por Hayek en 1988 que no se pueden perder.

Refresquemos la política desde Antioquia para Colombia.

Carlos Echavarría

Ingeniero Civil con especialización en Gestión para el Desarrollo empresarial. Análisis político desde otros puntos de vista que te invitará a pensar diferente.

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