“En la actualidad, vemos a los jóvenes —entre los 20 y los 30 años— más enfocados en ser famosos o influencers, hacer dinero rápido, pertenecer al mundo de la música —en especial, del famoso género urbano— y otras áreas orientadas al entretenimiento y a lo banal que a aportar a la sociedad.”
El siglo XX estuvo plagado de intelectuales. O, al menos, era muy común conocer a alguno, verlo en programas de televisión, leer sus entrevistas en la prensa escrita, entre otros casos.
La figura del intelectual era algo normal para nuestra sociedad, especialmente en el hemisferio occidental. Eran personajes de referencia a la hora de opinar, proponer mejoras, señalar carencias y analizar la realidad. Sin embargo, el intelectual como lo conocíamos ya no existe o, al menos, pareciera ser una figura en extinción.
En abril de 2025, el peruano Mario Vargas Llosa partió a otro plano. Además de ser uno de los intelectuales más reconocidos del ámbito hispanohablante, también era uno de los autores más leídos. Solíamos verlo participar en distintos medios, opinando sobre diversos temas o siendo consultado por periodistas.
Vargas Llosa (generación silenciosa, 1936), al momento de su muerte, contaba con 89 años. Es decir, era un octogenario o, en este caso, un intelectual octogenario.
Asimismo, podríamos mencionar a otros intelectuales, como la estadounidense Martha Nussbaum (baby boomer, 1947), filósofa y humanista; el chileno Fernando Villegas (baby boomer, 1949), escritor; el español Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez (baby boomer, 1951), escritor, periodista y académico; el canadiense Steven Pinker (baby boomer, 1954), psicólogo experimental, lingüista y científico cognitivo; el estadounidense Jonathan Haidt (baby boomer, 1963), psicólogo social y profesor; y el británico Niall Ferguson (baby boomer, 1964), historiador, escritor y profesor, entre otros.
También podríamos mencionar a intelectuales más jóvenes, como el peruano Álvaro Vargas Llosa (generación X, 1966) —hijo del fallecido Mario Vargas Llosa—; el venezolano Camilo Pino La Corte (generación X, 1970); el israelí Yuval Noah Harari (generación X, 1976); el internacionalista venezolano Daniel Lara Farías (generación X, 1980); y el argentino Agustín Laje Arrigoni (millennial, 1989), entre otros pocos.
Es decir, la mayor parte de las figuras intelectuales de mayor reconocimiento mundial hoy tiene entre 60 y casi 80 años. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿habrá intelectuales en las nuevas generaciones?
En la actualidad, vemos a los jóvenes —entre los 20 y los 30 años— más enfocados en ser famosos o influencers, hacer dinero rápido, pertenecer al mundo de la música —en especial, del famoso género urbano— y otras áreas orientadas al entretenimiento y a lo banal que a aportar a la sociedad.
Una posible explicación es que el mundo ya no sigue el mismo camino de antes: el modelo tradicional de estudio, trabajo estable, formación de una familia y jubilación. Ir a la universidad se ve más como una etapa que hay que cumplir o una obligación que como una herramienta para el futuro o para salir de la pobreza. Las nuevas tecnologías y algunas personas nos han hecho creer que ya no es necesario estudiar para dedicarse a una carrera en particular o para ingresar al mundo laboral o corporativo.
Muchas personas leen para participar en conversaciones, seguir tendencias o construir una imagen pública, más que por una búsqueda profunda de conocimiento. La juventud suele ser la etapa en la que las personas comienzan a definir aquello a lo que dedicarán su vida. Es en esos años cuando se forman muchas de las vocaciones que, con el tiempo, pueden dar origen a científicos, profesores, investigadores, escritores o intelectuales.
El tiempo dirá si las nuevas generaciones lograrán ocupar ese lugar o si la figura del intelectual pertenece ya a otra época. ¿Las redes sociales, la economía de la atención y la cultura del contenido breve siguen permitiendo que surjan intelectuales con influencia pública, o ese modelo de intelectual pertenece definitivamente al siglo XX?













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