El dragón en el garaje de Petro

Carl Sagan nos cuenta una alegoría interesante en su libro “El Mundo y sus Demonios”: ¿Qué pasaría si alguien nos dice que tiene un dragón en su garaje? Lo lógico es comprobar esa afirmación, pero al llegar a la cochera, no hay nada, entonces la persona nos dice que el dragón es invisible, inmaterial, lanza fuego frío, por lo que no hay manera de demostrar que ahí está.

La pregunta es clara: ¿Cuál es la diferencia entre un dragón invisible, inmaterial y que lanza fuego frío a un dragón que no existe?

Esta pequeña historia nos dice que para quien cree o quiere creer en el dragón, siempre existirá una excusa para sustentar su existencia pese a que no haya forma de comprobarlo, o incluso, cuando toda prueba indica lo contrario.

En política esto pasa muy a menudo ya que muchas personas construyen su identidad a raíz de ideologías que les hace creer de manera vehemente que en efecto hay un dragón en el garaje. Miremos, por ejemplo, los países que han seguido la doctrina socialista: URRS, Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua; todos estos países tienen gobiernos autoritarios (dictaduras), bajísimos niveles de calidad de vida y libertad económica, además de problemas como censura, persecución política y demás.

Pese a las pruebas y evidencias, los seguidores de esta ideología siguen asegurando que hay un dragón en el garaje, el problema es que solo ellos lo ven, y desde su perspectiva, los que no lo hacen, son unos fachos, dándole además una categoría moral inflada a su pensamiento.

Lo mismo ocurre del otro lado del espectro ideológico: negacionismo del cambio climático, la inequidad laboral, el neoimperialismo… al final, cada ismo defiende la existencia del dragón que le convenga para convencer a las masas y ostentar el poder, pero es en la ejecución, donde los ciudadanos no podemos tragar entero ni ser replicadores de un relato sin dato. Dicho esto, y al revisar la gestión del gobierno Petro, nos damos cuenta de las iguanas voladoras que han intentado vendernos como logros.

Para no hacer de esta columna un memorial de agravios, miremos por ejemplo el caso de la Nueva EPS, una entidad que pasó de una “utilidad bruta de $0,58 billones en 2022 y de $0,39 billones en 2023 (antes de la intervención) a -$4,23 billones en 2024. Mientras que los pasivos totales (deudas) subieron de $5,42 billones en 2022 y de $6,17 billones en 2023 a $22,55 billones en 2024. Esto quiere decir que sus deudas subieron en un 265,4% en apenas un año” (El Colombiano: https://www.elcolombiano.com/colombia/nueva-eps-intervenida-perdidas-4-8-billones-deuda-22-5-billones-gobierno-petro-FL38663327).

Si hablamos de seguridad, el deterioro es evidente. Según la Fundación Conflict Responses (Core), entre 2022 y 2025, hubo un incremento del 79% de integrantes de las principales estructuras criminales y terroristas del país, con una presencia ilegal armada que llega a 646 municipios en Colombia (El Tiempo: https://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/presencia-armada-ilegal-llega-a-646-municipios-estructuras-suman-27-367-integrantes-3563666). Adicionalmente, según la Universidad Externado de Colombia, se ve un incremento en la cifra de homicidios, la cual estaría llegando a la escandalosa cifra de 54.866 durante el gobierno de Petro, superando los datos durante los gobiernos de Santos y Duque.

Frente a las finanzas públicas, el resultado es igualmente alarmante, pues para tomar solo un caso, el Gobierno de Petro canceló una deuda adquirida con el FMI por 5.400 millones de dólares, por la pandemia, pero emitiendo TES a tasas cercanas al 13,72%, lo que equivale a tapar un hueco pequeño con un hueco más grande, con el agravante de no haber una pandemia.

No obstante estas cifras y muchas más, la narrativa oficial insiste en que el garaje está lleno de logros históricos. El relato del gobierno nos pide fe ciega allí donde los datos muestran tierra arrasada: una salud financiera quebrada, un país con más control criminal y un manejo fiscal insostenible.

Al igual que en la alegoría de Sagan, ante la total ausencia de pruebas, la respuesta del mandatario y sus defensores es siempre la misma: el dragón es invisible para los “fachos”, las llamas son inmateriales y el fracaso es solo un invento de quienes no quieren creer. Pero la realidad de gobernar con datos y no con relatos es obstinada; por más que intenten adornar el vacío con discursos, los colombianos ya nos cansamos de cuidar un garaje donde lo único real es que no hay nada.

César Augusto Betancourt Restrepo

Soy profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Defensor del sentido común, activista político y ciclista amateur enamorado de Medellín.

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