Resumen Económico de la Semana del 06 al 10 de Julio de 2026

Resumen Ejecutivo

La semana devolvió al tablero global su variable más espinosa. El primer informe de política monetaria de Kevin Warsh al Congreso dejó por escrito que el PCE corre al doble de la meta, empujado por la energía de la guerra, los aranceles y una inversión en inteligencia artificial que la Fed ya trata como fuente oficial de demanda inflacionaria, mientras las actas de junio revelaron un comité dividido pero con mayoría dispuesta a subir tasas si los precios se amplían. Bank of America completó el diagnóstico con su lectura de una economía en “K”, sólida donde importa para la inflación y frágil donde más les importa a los hogares, con la advertencia de que las fuentes del recalentamiento, el gasto de los ingresos altos y el capex tecnológico, son justamente las menos sensibles a la tasa de interés. La ruptura de la tregua con Irán hizo el resto. El Brent recuperó 4,3% con el tráfico de Ormuz ralentizado, el BCE quedó de vuelta al punto de partida en palabras de Yannis Stournaras, con el mercado descontando dos alzas adicionales, y el FMI elevó la inflación global de 2026 al 4,7% mientras recortaba a Francia y Alemania. Asia exhibió el contraste de siempre en versión amplificada, con China conviviendo entre la deflación de su demanda interna y una inflación de costos al productor en máximos de cuatro años, y Japón registrando la mayor inflación mayorista en tres años con su banco central apuntando a nuevas alzas pese a las fricciones con el gobierno de Takaichi.

Colombia recibió el dato que esta publicación dejó como catalizador hace una semana, y llegó peor de lo esperado. La inflación se aceleró a 6,14%, por encima del consenso, rompiendo el umbral del 6% por primera vez desde agosto de 2024 con las presiones concentradas en los componentes más indexados de la canasta, lo que validó el alza sorpresiva de 75 puntos del Banco de la República y abrió el debate sobre cuánto ciclo queda, con proyecciones de cierre entre el 12% y el 12,75% de cara a la reunión del 31 de julio. El CARF entregó el veredicto fiscal más severo en años al cifrar en 5% del PIB el ajuste necesario para que la deuda no siga la trayectoria en que los intereses, que hoy consumen uno de cada tres pesos recaudados, terminen superando la totalidad del recaudo hacia 2037. Sobre ese fondo, el gobierno saliente radicará el 20 de julio una tributaria de $21,8 billones cuyo trámite heredará la administración entrante. Lo notable es que el mercado siguió comprando la transición. El peso perforó los $3.240 y tocó niveles no vistos desde julio de 2019, consolidando una revaluación anual de 14,5% que lidera a los emergentes, apoyado en el carry ampliado y en la reunión del presidente electo Abelardo de la Espriella con la junta del Emisor, donde garantizó el respeto a su autonomía, la señal exactamente contraria a la que Japón pagó esta semana en su curva de bonos por la sospecha de interferencia política.

El hilo de la semana es la coexistencia de precios financieros optimistas con fundamentos que se endurecen. Wall Street subió apoyado en el mismo sector que la Fed señala como inflacionario, el Tesoro pagó en su subasta a 30 años los rendimientos más altos desde 2007, el oro cayó pese a la guerra porque las tasas altas encarecen el refugio, y Colombia vivió la versión extrema de esa disonancia, con su moneda en máximos de siete años y su inflación en máximos de dos. La agenda inmediata pondrá a prueba cada pieza: el CPI estadounidense y el testimonio de Warsh el 14 y 15 de julio, la temporada de resultados que abre la banca con una vara de utilidades de 23,7%, la tributaria colombiana del 20 de julio y la decisión del Emisor el 31. El mercado apostó esta semana a que la inflación será persistente pero administrable y el conflicto tenso pero contenido; ninguna de las dos condiciones está garantizada, y ambas se verifican dato a dato.

 

I. Estados Unidos: la Fed pone la inflación de nuevo en el centro del tablero, el conflicto con Irán llega a la mesa de los hogares y Bank of America describe una economía partida en dos

Una semana después de que el empleo débil de junio desactivara la apuesta de un alza en septiembre, la propia Reserva Federal se encargó de recordar por qué el escenario restrictivo sigue vivo. El primer informe de política monetaria al Congreso bajo la presidencia de Kevin Warsh dejó un diagnóstico sin ambigüedades. El índice de precios PCE corre en torno al 4%, el doble de la meta de largo plazo, empujado por tres fuerzas que operan a la vez: los costos energéticos derivados del conflicto con Irán, el efecto acumulado de los aranceles y la demanda inmediata de chips, electricidad y materias primas asociada al despliegue de la inteligencia artificial. El documento incluyó además un gesto doctrinal que no pasó inadvertido, la primera mención al crecimiento del agregado monetario M2 desde 2016, coherente con la convicción de Warsh de que la inflación nace del exceso de gasto público y de la expansión monetaria. El banco central mantiene la tasa de fondos federales en el rango de 3,50%-3,75% desde diciembre, pero el centro de gravedad de su comunicación se desplazó de manera inequívoca hacia el endurecimiento.

Las actas de la reunión de junio completaron el cuadro y explican por qué el mercado no se permite descartar nada. El comité quedó dividido casi en partes iguales entre quienes prefieren mantener las tasas estables y quienes ven argumentos para subirlas, algunos incluso ya en junio, pero la mayoría dejó constancia de que respondería con incrementos si la inflación se amplía. Desapareció del texto cualquier referencia a futuras bajadas, y también se omitió el lenguaje previo según el cual una gran mayoría creía que la inflación tardaría más en converger al 2%. Esa supresión puede leerse como una señal de menor pesimismo sobre los precios si las cadenas de suministro se estabilizan, o como la simple renuncia del comité a comprometerse con cualquier diagnóstico. John Williams, desde la Fed de Nueva York, describió las actas como una función de reacción colectiva ante distintos escenarios, y ahí está la novedad metodológica del régimen Warsh, que sustituye la gestión de riesgos tradicional por activadores explícitos y contingentes a los datos. Michael Feroli, de JPMorgan, las calificó de “actas insulsas”, pero la falta de drama es precisamente el mensaje de un comité que no promete nada y se reserva todo. Los futuros descuentan hoy dos alzas en los próximos doce meses, la segunda hacia el cierre del primer trimestre de 2027 con 70% de probabilidad, exactamente el horizonte que la semana pasada el empleo débil había puesto en duda.

La inteligencia artificial dejó de ser una reflexión de foro para convertirse en variable oficial de política monetaria. Lo que Warsh planteó en Sintra como pregunta abierta, si el boom de inversión es inflacionario mientras la expansión de oferta no llega, quedó escrito en el informe al Congreso: la demanda inmediata de infraestructura está alimentando los precios hoy, y el eventual beneficio por el lado de la oferta tardará más de lo previsto. Las magnitudes justifican el ascenso de categoría. Goldman Sachs estima que el gasto de capital en IA de las cuatro grandes tecnológicas podría alcanzar los 725.000 millones de dólares en 2026, cerca del doble de la cifra del año anterior, y solo en el segundo trimestre esos cuatro compradores elevaron su inversión 74% interanual hasta 168.000 millones. Bank of America calcula que ese ciclo inversor añadirá 0,4 puntos porcentuales al crecimiento del PIB este año. La paradoja que condicionará las tasas del próximo lustro está servida, porque el mismo gasto que sostiene la demanda agregada, y con ella la inflación, es el que promete algún día el choque de oferta que la absorba.

El canal por el que el conflicto con Irán está entrando a los hogares estadounidenses es menos visible que el precio de la gasolina, pero más persistente. Se trata de la cadena alimentaria. Cerca del 30% del fertilizante que se comercia internacionalmente pasa por el Estrecho de Ormuz, y su cierre efectivo desde comienzos de marzo duplicó los precios mundiales de la urea hasta abril y elevó los del DAP cerca de 35%, según el International Food Policy Research Institute. El choque golpeó en el peor momento posible, la ventana de siembra de primavera, cuando los productores compran la mayor parte de sus insumos del año. La encuesta del American Farm Bureau entre más de 5.700 agricultores encontró que el 70% no podía pagar el fertilizante que necesitaba, en cultivos como el maíz y el trigo donde ese insumo representa entre un tercio y la mitad de los costos operativos. El diésel agrícola, que atraviesa cada eslabón de la cadena desde el tractor hasta el camión refrigerado, promedió 5,43 dólares por galón a comienzos de abril, 50% más que un año atrás. El USDA proyecta alzas de 7,5% en la carne de res y de 7,7% en las verduras frescas este año, con una inflación de alimentos en el hogar del 2,8% que, aunque moderada frente al pico de 3,2% de mayo, sigue muy por encima del promedio histórico. La advertencia técnica que conviene retener es la de la persistencia. Los choques de costos tardan entre tres y seis meses en llegar a los estantes y, una vez ahí, tienden a quedarse, de modo que ni siquiera una resolución inmediata del conflicto evitaría que la inflación de supermercado siga filtrándose hasta bien entrado el otoño.

Bank of America aportó esta semana el marco que ordena todas las piezas anteriores. Estados Unidos funciona en dos economías, y su perspectiva de mitad de año la describe como una “K” donde conviven la reflación para los ingresos altos y la estanflación para los bajos. Los datos de sus propias tarjetas lo documentan. En la semana del 6 de junio, el gasto del 1% de mayores ingresos creció 9,0% interanual y el del 5% superior 7,8%, mientras el de los hogares de menores ingresos avanzó 5,5% cargando con precios pegajosos, crédito caro y gasolina otra vez presionada. El pronóstico del banco contempla un crecimiento real de 2,3% en 2026 con desempleo cerca del 4,3%, pero con un PCE en 3,5% y un subyacente en 3,3%, lo que lo lleva a esperar 75 puntos básicos de alzas este año. La economía es sólida en lo que importa para la inflación y frágil en lo que más importa a los hogares, y esa asimetría tiene una derivada de mercado concreta. La mitad de la deuda de las empresas de pequeña capitalización es de corto plazo o a tasa variable, y un ciclo de alzas de 75 puntos básicos podría elevar los gastos financieros netos del Russell 2000, excluido el sector financiero, en un 13% del EBIT de 2025 hacia 2027. El endurecimiento que la parte fuerte de la economía hace necesario lo pagará, primero, la parte débil.

Las ventas de vivienda usada decepcionaron en junio con 4,09 millones de unidades anualizadas frente a los 4,20 millones esperados, una caída intermensual de 2,4% cuando se anticipaba un avance, con la tasa hipotecaria a 30 años en 6,6%, medio punto por encima de su nivel previo al conflicto, y precios subiendo apenas 1,8% anual, por debajo de la inflación. El frente externo sumó su propio deterioro. El déficit comercial de bienes y servicios se amplió 42,2% en mayo hasta 77.600 millones de dólares, el mayor en más de un año, con importaciones en máximos desde marzo de 2025 que sugieren acumulación preventiva de inventarios ante nuevos aranceles y las interrupciones de la guerra, y exportaciones cayendo 3,2%. En términos reales, el déficit de mercancías alcanzó los 100.000 millones, y el GDPNow de la Fed de Atlanta ya estimaba que las exportaciones netas restarían 1,62 puntos porcentuales al PIB del segundo trimestre. El adelantamiento de compras infla la demanda de hoy a costa de la de mañana, un patrón que complica todavía más la lectura del ciclo.

En el terreno institucional, Warsh consiguió lo que sus promesas de “cambio de régimen” hacían dudar, que es credibilidad. La conformación de sus grupos de trabajo para la reforma de la Fed fue recibida como una lista de primer nivel, más evolutiva que revolucionaria, con 15 figuras externas, cinco nacidas fuera de Estados Unidos incluidos los exjefes de los bancos centrales de Brasil, Inglaterra e India, y dos nombradas en su momento por Barack Obama. El FMI anunció que colaborará en la revisión de la orientación prospectiva y las estrategias de comunicación. Los fallos recientes de la Corte Suprema, que eximieron a la Fed de la autoridad presidencial para destituir a miembros de agencias independientes, le dan a Warsh un blindaje del que otras instituciones carecen y que refuerza su margen de maniobra. La agenda inmediata concentra los catalizadores. Los datos de inflación al consumidor y al productor de junio se publican la semana entrante, y Warsh comparece ante la Cámara de Representantes y el Senado el 14 y 15 de julio, su primer testimonio oficial y la ocasión en que el mercado buscará traducir el sesgo de los documentos en lenguaje de decisiones.

Valoración. La semana corrigió la euforia de la anterior sin necesidad de un solo dato nuevo de actividad. Bastó que la Fed pusiera por escrito lo que el rebote bursátil había pasado por alto. Con el PCE al doble de la meta, un comité dividido pero con mayoría dispuesta a subir, y la inteligencia artificial oficializada como fuente de demanda inflacionaria, el empleo débil de junio queda reducido a lo que siempre fue, un argumento para no subir en septiembre y no una razón para descartar el ciclo. Lo verdaderamente incómodo es la arquitectura del problema. La economía en “K” implica que las fuentes de la inflación, el gasto de los hogares de ingresos altos y el capex en IA, son precisamente las menos sensibles a la tasa de interés, mientras que el costo del endurecimiento recae sobre hogares apalancados y empresas pequeñas con deuda flotante. Una política monetaria que pierde tracción sobre lo que calienta y conserva toda su fuerza sobre lo que ya se enfría es una receta para errores de calibración en ambas direcciones. Para el inversionista, el mensaje operativo es que el testimonio de Warsh y el CPI de la semana entrante valen más que cualquier promedio móvil, porque en un régimen sin orientación prospectiva el riesgo de tasas se reprecia documento a documento.

 

II. Europa: la reanudación de las hostilidades con Irán devuelve al BCE al punto de partida, el mercado descuenta dos alzas adicionales y el FMI recorta a Francia y Alemania

La semana europea quedó definida por una frase de Yannis Stournaras que resume el retroceso completo del tablero monetario. El consejero del BCE reconoció que, tras la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, la institución está de vuelta al punto de partida en su esfuerzo por estabilizar los precios. La confirmación de que la inflación general cedía por debajo del 3%, que hace apenas una semana parecía sellar la pausa de julio, quedó desactualizada en cuestión de días. El repunte de los precios energéticos, con el gas natural europeo especialmente presionado tras la decisión de Catar de pausar la reanudación de su producción luego del ataque a uno de sus cargueros y una demanda elevada por las altas temperaturas en Europa y Asia, reavivó las expectativas de inflación y llevó al mercado a descontar dos subidas adicionales del BCE en los próximos doce meses, de las cuales solo la primera se da por segura. El calendario aprieta, porque el Consejo de Gobierno se reúne el 22 y 23 de julio con la disyuntiva de validar o enfriar esa repreciación.

Las actas de la reunión de junio, en la que el BCE elevó la tasa de depósito hasta el 2,25% en su primer incremento en casi tres años, revelan hasta dónde llega el problema. Los responsables de política proyectan que la inflación se mantendrá por encima del objetivo del 2% hasta la primera mitad de 2027, y eso incorporando ya casi tres subidas de 25 puntos básicos en el horizonte de proyección. Isabel Schnabel advirtió que la economía de la eurozona no ha regresado a su estado previo a la guerra y que la inflación subyacente permanece elevada aun cuando la general fluctúa con los riesgos de suministro petrolero. El consejo optó deliberadamente por una comunicación neutral, sin sugerir que el alza de junio fuera un movimiento aislado ni el inicio de una secuencia fija, una ambigüedad calculada que preserva flexibilidad ante un conflicto cuya evolución nadie controla. Fabio Panetta aportó el contrapeso interno con su descripción del entorno como una “Gran Reconfiguración” impulsada por la fragmentación geopolítica y la inteligencia artificial, e insistió en que esto no es una repetición de 2022, porque la demanda es más débil y las tasas reales son más altas, de modo que comprometerse con una senda predeterminada sería un error en ambas direcciones.

Christine Lagarde cerró la puerta que ella misma había entreabierto. La presidenta del BCE aclaró que no es candidata a la presidencia de Francia y que su compromiso está con la defensa del marco europeo desde el cargo donde resulte más eficiente, una precisión que llegó justo después de que un tribunal autorizara a Marine Le Pen a presentarse a las elecciones y que el mercado recibió como garantía de continuidad en la conducción monetaria durante la fase más delicada del ciclo. La aclaración tiene valor institucional más allá de la anécdota. Con la inflación proyectada sobre la meta hasta 2027 y un ciclo de endurecimiento en curso, la sola posibilidad de un relevo anticipado en la presidencia del BCE añadía una prima de incertidumbre que la eurozona no estaba en condiciones de pagar.

Alemania entregó la noticia menos mala de la semana. La inflación de junio confirmó el dato preliminar de 2,3% interanual, una reducción desde el 2,6% de mayo que sugiere que el pico de precios provocado por la guerra podría haber quedado atrás, aunque la trayectoria descendente seguirá condicionada a la evolución del conflicto. La industria acompañó con señales de reactivación todavía insuficientes. La producción manufacturera creció 0,8% intermensual en mayo, por encima de lo esperado, apoyada en el transporte, y los pedidos industriales avanzaron 1,9% tras el desplome de 3,9% de abril, aunque parte del impulso proviene de una acumulación precautoria de inventarios ante la guerra que ya empieza a desvanecerse. El Gobierno aprobó además un presupuesto para 2027 con un gasto de 555.400 millones de euros, prolongando la apuesta fiscal expansiva con la que compensa el estancamiento. El costado estructural es menos amable. Según la DIHK, el 43% de las empresas industriales alemanas planea invertir en el extranjero este año, tres puntos más que el año pasado, y ya no para expandir mercados sino para ahorrar costos, con Norteamérica perdiendo atractivo como destino y Asia ganándolo, mientras la eurozona retiene el 64% de esos planes por la estabilidad de su mercado interior y su moneda común.

El FMI puso números al desbalance interno europeo en su World Economic Outlook. Francia fue recortada al 0,6% para este año, tres décimas menos que en abril, Alemania quedó en 0,7%, Italia confirmó un modesto 0,5% para este año y el próximo, y España se mantuvo como la excepción dinámica con 2,1% en 2026 y 1,8% en 2027. La revisión al alza de la inflación global hasta el 4,7% para 2026, atribuida al encarecimiento de la energía y las materias primas, dejó explícito que el riesgo más inmediato del escenario son los acontecimientos en Oriente Medio, con la puntualización de que una reapertura fluida del Estrecho de Ormuz permitiría más crecimiento y menos inflación que el escenario de referencia. La banda de resultados posibles para Europa sigue colgando, en buena medida, de una vía marítima que no controla.

El Reino Unido combinó mejora macro con recambio político. El FMI revisó al alza su previsión de crecimiento para 2026 hasta el 1%, lo que posiciona al país como la tercera economía del G7 con mayor dinamismo, y la transición gubernamental se completará el 20 de julio bajo el liderazgo de Andy Burnham tras la dimisión de Keir Starmer, un desenlace que aporta claridad fiscal a una economía cuya vulnerabilidad energética por dependencia de importaciones sigue siendo su talón de Aquiles. En el frente monetario, Huw Pill, economista jefe del Banco de Inglaterra, confirmó que las tasas tendrán que subir desde el 3,75% actual porque la demanda interna sigue superando la capacidad de oferta de la economía, la misma lógica de exceso de demanda que justificó su voto disidente en junio. El mercado asigna ahora mayor probabilidad a un movimiento en el tercer trimestre, con al menos un incremento proyectado y un 25% de probabilidad de un segundo ajuste, y la decisión del 30 de julio se convirtió en la cita británica del mes.

La agenda institucional avanzó en Bruselas. El ECOFIN del 10 de julio dejó un compromiso unánime para alcanzar en octubre una posición negociadora sobre el paquete de integración y supervisión de mercados, pieza central de la unión de ahorro e inversión bajo la hoja de ruta “One Europe, One Market”, que contempla reforzar el papel de la ESMA en la supervisión de contrapartes centrales, depositarios de valores, centros de negociación y proveedores de criptoactivos. El Consejo abrió además un procedimiento de déficit excesivo a Bulgaria, cuyo déficit proyectado de 4,1% del PIB para 2026 excede el umbral sin que la cláusula de escape por gasto en defensa lo explique en su totalidad, y fijó la senda máxima de gasto neto para los Países Bajos hasta 2030. Todo esto ocurre sobre un trasfondo geopolítico áspero, con las tensiones con Washington sobre la soberanía de Groenlandia y Canadá fracturando al Consejo Europeo, y la región debatiendo entre la propuesta de la OTAN de elevar el gasto de defensa al 5% del PIB o acelerar la transición hacia la autonomía estratégica con inversión tecnológica soberana.

Valoración. Europa vive el ciclo de endurecimiento, uno donde la inflación no proviene de su demanda sino de una guerra ajena, y donde cada alza de tasas castiga una economía que el propio FMI describe como estancada en su núcleo franco-alemán. La asimetría con Estados Unidos es instructiva. La Fed endurece contra un exceso de demanda interna que sus tasas pueden tocar; el BCE endurece contra un choque de oferta energético que sus tasas no corrigen, apenas contienen sus efectos de segunda ronda. Por eso el mensaje de Panetta pesa más de lo que su tono sugiere, ya que un banco central que sube tasas contra un enemigo que no responde a la política monetaria necesita, más que ningún otro, reservarse la opción de detenerse. Para el inversionista en activos europeos, la variable determinante no está en Fráncfort sino en Ormuz, y la reunión del 22 y 23 de julio dirá si el BCE valida la repreciación del mercado o defiende su margen de espera. La claridad política que ganó el Reino Unido y la que recuperó el BCE con la definición de Lagarde son, en este entorno, activos escasos que el mercado sabrá cotizar.

 

III. Asia: China convive con deflación de demanda e inflación de costos, Japón registra la inflación mayorista más alta en tres años y ambos bancos centrales miran a fin de julio

China entregó esta semana la radiografía más nítida de su anomalía de precios. Los precios al consumidor crecieron apenas 1% interanual en junio, por debajo del 1,1% esperado y desacelerando desde el 1,2% de mayo, con el componente subyacente también en 1% y los alimentos cayendo 1,6%. El índice de precios al productor, en cambio, saltó 4,1% interanual, su mayor ritmo desde julio de 2022, empujado por los costos de las materias primas que dejó la interrupción del suministro por la guerra y por la demanda de capacidad de cómputo para inteligencia artificial, que ha encarecido equipos tecnológicos y semiconductores. La brecha entre ambos índices condensa el problema estructural. Las fábricas absorben costos crecientes que no pueden trasladar a un consumidor debilitado por el efecto riqueza negativo de la crisis inmobiliaria, y el margen industrial queda comprimido entre una inflación de oferta importada y una deflación de demanda doméstica. El dato intermensual del IPP, que retrocedió 0,3%, sugiere además que parte de la solidez interanual es efecto de base sobre la caída de 3,6% de junio del año pasado, la peor de aquella racha deflacionaria que el conflicto de Ormuz terminó cerrando por la vía menos deseable.

La paradoja china es que esa economía de dos velocidades le está dando resultados agregados. La actividad manufacturera se expandió en junio más rápido de lo esperado con la demanda externa vinculada a la IA como motor, y el FMI elevó su previsión de crecimiento para China al 4,6% desde el 4,4% anterior, en el mismo informe en que recortó la expansión mundial a un exiguo 3%. China superará el crecimiento global este año apoyada en exportaciones, manufactura de alta tecnología e inversión anticipada en infraestructura pública, un desempeño que paradójicamente juega contra el consumidor. Como advirtió Gabriel Wildau, de Teneo, la resiliencia exportadora refuerza la renuencia de Pekín a estimular la demanda interna, y la reunión del Politburó de finales de julio quedó marcada como la próxima oportunidad real de escalar la política económica. Mientras tanto, los inversionistas empiezan a leer el crecimiento a dos velocidades no como una fase sino como la característica definitoria de largo plazo de la economía china.

Donde Pekín sí aceleró fue en la arquitectura financiera. China y Hong Kong lanzaron un paquete coordinado para ampliar la negociación de bonos, divisas y oro cuya ambición desborda lo técnico. El cupo del Bond Connect hacia el sur aumentó 60% hasta 800.000 millones de yuanes, el Banco Popular de China amplió 150% su línea de liquidez con la Autoridad Monetaria de Hong Kong hasta 500.000 millones, y la ciudad activó un sistema central de liquidación de oro, reintrodujo futuros denominados en dólares, evalúa contratos en yuanes y planea multiplicar por diez su capacidad de almacenamiento hasta 2.000 toneladas métricas para 2030. El gobernador Pan Gongsheng explicitó la lectura al señalar que la demanda global de renminbi se está desplazando de la liquidación comercial hacia la inversión, la financiación y la tenencia de reservas en un sistema monetario que se vuelve multipolar. La secuencia con la señal estructural de la semana pasada es directa. Si por primera vez son más los bancos centrales que planean reducir su exposición al dólar que los que planean aumentarla, según la encuesta del OMFIF, China está construyendo a marcha forzada la infraestructura para capturar esa migración, con Hong Kong compitiendo contra Singapur por ser su plaza de liquidación.

Japón atraviesa el momento simétricamente opuesto. La inflación mayorista se disparó 7,1% interanual en junio, su mayor ritmo en más de tres años, por encima del 6,8% esperado, con el combustible subiendo 22,8%, los metales no ferrosos 39,2% y los precios de importación en yenes avanzando 29,7% bajo el doble castigo del petróleo caro y la moneda débil. Lo que inquieta al Banco de Japón no es solo el nivel sino la velocidad de transmisión. Su propio informe advirtió que el traslado de costos a los consumidores se está acelerando frente a los patrones históricos, y el reporte regional trimestral documentó que empresas de todo el país planean subir precios de alimentos y artículos de primera necesidad desde el verano hasta fin de año. Los subsidios al combustible han mantenido la inflación subyacente al consumo por debajo del 2% durante cuatro meses, pero la presión viene por detrás, y economistas como Masato Koike, de Sompo Institute Plus, ya sitúan la próxima alza de tasas en octubre. Tras el incremento de junio hasta el 1%, el nivel más alto en 31 años, el mercado apunta al 1,25% para el cierre del año, y la reunión del 31 de julio traerá previsiones actualizadas donde el banco podría elevar el crecimiento de 2026 por la demanda de IA mientras ajusta el balance de riesgos de precios.

El flanco institucional japonés añadió su propia tensión. Un borrador del plan económico del gobierno de Sanae Takaichi subrayó la cláusula legal que exige alinear la política monetaria con los objetivos gubernamentales y omitió mencionar la independencia del banco central, una omisión que el mercado leyó como intento de frenar las alzas y que llevó los rendimientos de los bonos a máximos de varias décadas. El ministro de Economía, Minoru Kiuchi, y la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, salieron a contener el daño reafirmando que el gobierno no dictará el momento ni la magnitud de los ajustes, y Katayama sumó una señal de política patrimonial al animar a los fondos de pensiones y a los hogares a aumentar sus inversiones en activos domésticos, declaraciones que contribuyeron a apreciar el yen y sostener la bolsa. El episodio dejó una lección de mercado más que una crisis. En una economía que sale de décadas de tasas ultrabajas, la sola sospecha de interferencia política sobre el banco central tiene precio inmediato en la curva de rendimientos.

Valoración. Asia presenta esta semana los dos modos en que el mismo choque global se convierte en problemas opuestos. En China, el costo importado agrava una insuficiencia de demanda que Pekín se niega a estimular mientras las exportaciones sostengan la meta de crecimiento; en Japón, ese mismo costo alimenta una inflación que el banco central quiere contener subiendo tasas contra la resistencia implícita de su propio gobierno. Para el inversionista, las implicaciones divergen con claridad. La china es una historia de asignación selectiva, donde la fortaleza está en el complejo exportador-tecnológico y no en el consumo, y donde la construcción del ecosistema del yuan y del oro en Hong Kong merece seguimiento como tendencia de década más que como noticia de semana. La japonesa es una historia de normalización monetaria con riesgo político, donde la dirección de las tasas es clara y el calendario no, y donde cada fricción entre Takaichi y el BoJ se paga en la parte larga de la curva. El 31 de julio, con el Politburó y el Banco de Japón deliberando casi en simultáneo, las dos mayores economías asiáticas definirán si sus trayectorias divergentes se acentúan o se corrigen.

 

IV. México y Brasil: la inflación mexicana toca mínimos de cinco años mientras el crecimiento se recorta, y Brasil encadena cuatro meses de desaceleración de precios

México entregó el mejor dato de precios de la región en un momento en que casi todo lo demás juega en su contra. La inflación anual cayó al 3,37% en junio, su nivel más bajo desde diciembre de 2020, con una deflación mensual de 0,27% que fue la mayor caída para un junio desde que existen registros y el tercer descenso consecutivo del índice. La subyacente se moderó a 4,03%, acumulando cinco reducciones seguidas hasta su menor nivel desde abril de 2025, con las mercancías bajando de 3,78% a 3,55% y los servicios de 4,57% a 4,49%. La letra pequeña obliga, sin embargo, a contener el entusiasmo. El grueso de la mejora provino del componente no subyacente, que se moderó a 1,11% con los agropecuarios cayendo 1,72% en su primer registro negativo desde diciembre de 2019, y dentro de ellos el jitomate se abarató cerca de 40%. Como advirtió Gerónimo Ugarte, de Valmex, una baja concentrada en un producto volátil no constituye tendencia, y los servicios llevan 55 meses consecutivos por encima del 4% anclados en factores estructurales como contratos y costos laborales. La inflación mexicana mejoró donde Banxico no tiene mérito y sigue resistente donde su política sí opera.

Banxico gana con esto el activo más valioso para un banco central en 2026, que es tiempo. La tasa de referencia se mantuvo en 6,5% en la reunión de junio, la encuesta de Citi anticipa que ahí cerrará el año, y el mercado está genuinamente dividido sobre si el próximo movimiento, ya en 2027, será un recorte o un alza. Los analistas ajustaron sus pronósticos de cierre de año a la baja, con Banorte recortando 40 puntos base hasta 4,0%, Oxford Economics evaluando un rango de 3,8% a 3,9% y el IMEF bajando a 4,2%, todos con las mismas salvedades de riesgo climático por El Niño y de un repunte energético si Oriente Medio vuelve a escalar. Vale subrayar el contraste continental que deja este dato. Mientras la Fed discute alzas con un PCE al doble de su meta y Colombia acaba de subir 75 puntos básicos con expectativas desancladas, México exhibe una inflación dentro del rango objetivo con tasa estable, una posición cíclica que ningún otro banco central grande del hemisferio puede reclamar esta semana.

El problema mexicano no está en los precios sino en el crecimiento, y la brecha entre el discurso oficial y el consenso externo se volvió imposible de disimular. El FMI recortó su previsión de PIB para 2026 a 1,2% desde 1,6%, y la de 2027 a 1,9% desde 2,2%. La OCDE fue más severa con 0,8%, tras un recorte de medio punto, el Banco Mundial sostiene 1,3% y la Cepal 1,5%, la cuarta estimación más baja de la región. El promedio de los cuatro organismos, 1,2%, contrasta con el 2,3% puntual que la Secretaría de Hacienda sigue defendiendo en cada exposición pública, con un techo de rango de 2,8% que a estas alturas funciona más como declaración política que como escenario. De cumplirse el consenso, México completaría cinco años creciendo por debajo de su promedio histórico del siglo, y el diagnóstico compartido apunta a la misma fuente: la incertidumbre de la revisión del T-MEC, que arrancó el 1 de julio bajo el formato que Washington impuso al negar la extensión automática, con revisiones anuales durante una década aunque el tratado siga vigente hasta 2036. El sector privado ya fijó su posición para la mesa negociadora. El Comce planteó que la prioridad es eliminar o minimizar los aranceles vigentes y, sobre todo, evitar que Estados Unidos conserve la facultad de imponer gravámenes por seguridad nacional una vez concluida cada revisión, porque como lo resumió Kenneth Smith, cerrar la revisión sin acotar esa facultad equivale a dejarle a Trump un cheque en blanco arancelario. La próxima cita negociadora es el 20 de julio.

Brasil confirmó que su desinflación avanza por la vía clásica, la de los alimentos. El IPCA de junio marcó 0,16% mensual, el registro más bajo desde octubre de 2025 y muy por debajo del 0,32% que proyectaba el informe Focus, encadenando cuatro meses consecutivos de pérdida de fuerza desde el 0,88% de marzo. El acumulado de doce meses bajó de 4,72% a 4,64%, todavía por encima del techo de tolerancia de 4,5% de la meta, pero acercándose por primera vez en meses. Los alimentos y bebidas cayeron 0,24%, su primera deflación desde noviembre de 2025, con la alimentación en el hogar abaratándose 0,39% empujada por el café molido, las frutas, las carnes y el tomate, este último por mayor oferta. El índice de difusión cedió a 54%, su nivel más bajo desde octubre, y los dos agregados que el Banco Central mira con más atención se moderaron a la vez, los servicios de 0,40% a 0,34% y los regulados de 0,43% a 0,29%. La presión residual vino de la vivienda, con la energía eléctrica subiendo 1,53% por la bandera tarifaria amarilla y los reajustes locales en cuatro capitales, y de los pasajes aéreos, que treparon 7,12%. El INPC, que corrige los salarios de las familias de menores ingresos, cerró en 0,14% mensual y 4,33% en doce meses, un dato que alivia la negociación salarial del segundo semestre.

La lectura brasileña tiene, con todo, un techo claro. El mercado sigue proyectando 5,3% para el cierre de 2026, lo que implica que el consenso espera que la desinflación actual se revierta parcialmente en el segundo semestre, y la meta se considera incumplida si la inflación supera el intervalo de tolerancia durante seis meses consecutivos, un reloj que sigue corriendo mientras el acumulado permanezca sobre 4,5%. Brasil llega a esta coyuntura con el viento comercial a favor que documentamos la semana pasada, con la proyección de superávit elevada a 90.000 millones de dólares y una agenda de acuerdos en expansión, de modo que el frente externo y el de precios apuntan por ahora en la misma dirección.

Valoración. Los dos gigantes latinoamericanos ilustran esta semana una divergencia que no es de datos sino de naturaleza. La inflación mexicana en mínimos de cinco años convive con un crecimiento que el consenso externo sitúa en la mitad de lo que promete el gobierno, y esa combinación de precios controlados con actividad anémica es la firma de una economía frenada por la incertidumbre más que por la tasa de interés, algo que Banxico no puede resolver recortando. Brasil presenta el cuadro inverso, una economía con pulso comercial y una inflación que cede pero cuyo mercado no le cree la convergencia, con proyecciones de cierre por encima del techo de la meta. Para el inversionista de la región, la conclusión operativa es que el riesgo mexicano es político-comercial y se juega en las mesas del T-MEC, empezando el 20 de julio, mientras el riesgo brasileño es de credibilidad monetaria y se juega en cada dato mensual contra el reloj de los seis meses. Colombia, con su alza de 75 puntos y sus expectativas desancladas, mira ambos espejos desde la posición más incómoda, la de quien tiene simultáneamente el problema de precios que Brasil administra y el problema de credibilidad fiscal que México no tiene.

 

V. Colombia: la inflación regresa al 6% y valida el apretón del Emisor, el CARF advierte que sin ajuste la deuda explota y el gobierno saliente radica su última tributaria

El dato que la edición anterior dejó como catalizador llegó y confirmó el peor escenario del consenso. La inflación anual se aceleró a 6,14% en junio, por encima del 6,08% que promediaba la encuesta de Citi entre veinte entidades, con una variación mensual de 0,39% y un acumulado semestral de 4,77% que ya supera con holgura el 3,74% del mismo periodo de 2025. El registro devuelve el costo de vida por encima del umbral del 6% por primera vez desde agosto de 2024 y marca una ruptura de tendencia. Las presiones vinieron de donde más cuesta removerlas. El alojamiento y los servicios públicos aportaron la segunda mayor variación mensual con el gas subiendo 1,19% y la electricidad 0,91%, los alimentos lideraron el mes con 0,67% empujados por la cebolla, el tomate de árbol y las papas, que acumulan un alza de 50,26% en el año, y en la medición anual los restaurantes y hoteles corren al 9,59% con la salud al 8,39%. Quienes esperaban un dato benigno apostaban a que la estabilidad de los alimentos compensara los servicios, pero el dinamismo del consumo interno, potenciado por la temporada mundialista, terminó ejerciendo presiones superiores a las previstas. La composición es el verdadero problema, porque arriendos, comidas fuera del hogar y servicios son los componentes más indexados y persistentes de la canasta, los que convierten un repunte en una meseta.

El dato le dio la razón al Banco de la República una semana después de su alza sorpresiva de 75 puntos básicos hasta el 12%, y el mercado ya recalibra hasta dónde llega el ciclo. Leonardo Villar reiteró la hoja de ruta del equipo técnico, con la inflación cerrando 2026 en 6,5%, moderándose hacia 4% en 2027 y regresando al rango meta solo al cierre de 2028, un horizonte al que se suman el riesgo de un fenómeno de El Niño fuerte en el segundo semestre, con una probabilidad estimada en 81% de ser el más intenso en décadas, y la sensibilidad de los servicios a la indexación salarial. Las proyecciones del mercado se abrieron en abanico. La Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo y la BVC ve la tasa estable en 12% hasta el cierre del año, Bancolombia espera 12,75%, y Occieconómicas, del Banco de Occidente, elevó su proyección a 12,5% con un incremento de 50 puntos básicos anticipado para la reunión del 31 de julio, bajo el diagnóstico de que el país entró en un escenario de tasas altas por más tiempo y de que la inflación volverá a subir a 6,2% en julio, lo que sería el quinto aumento anual consecutivo. Si esa proyección se cumple, Colombia completaría cinco años seguidos con la inflación por encima de la meta del 3%, que es exactamente la definición operativa del desanclaje que las minutas del Emisor admitieron hace dos semanas.

El frente fiscal recibió su diagnóstico más crudo en años, y no vino de una calificadora sino del organismo técnico creado para vigilar la regla. El CARF cifró en cerca de 5% del PIB el ajuste necesario para estabilizar la deuda pública y recuperar el cumplimiento de la regla fiscal, y su director técnico, Juan Sebastián Betancur, describió la situación como crítica y sin precedentes. La aritmética que presentó es la que debería ordenar el debate del próximo cuatrienio. Uno de cada tres pesos que recauda el Estado por impuestos se destina hoy al pago de la deuda, cuando hace diez años era uno de cada seis, y el ejercicio ilustrativo del Comité muestra que, sin corrección, los intereses equivaldrían a la mitad del recaudo en 2029, a tres de cada cuatro pesos en 2033 y superarían la totalidad de los ingresos tributarios hacia 2037. La frase de Betancur, “si nos cruzamos de brazos, la deuda explota”, condensa el mensaje, con la precisión de que la crisis fiscal llegaría mucho antes de ese punto terminal. El deterioro tiene tres fuentes según el CARF, un gasto que sigue por encima de su tendencia prepandemia, ingresos sin aumentos permanentes pese a las reformas, y una sobreestimación sistemática del recaudo en el presupuesto que alcanzó 4,1% del PIB en 2024, más de $80 billones, y que volvería a superar el 1% en 2026. La deuda externa cerró en US$247.699 millones, el 51,6% del PIB, con una recomposición donde lo interno ya pesa el 75% del total, y la asfixia de caja se cifra en $61,9 billones sobre un presupuesto de 2026 cuyo gasto es inflexible en el 93,7%. La recomendación del Comité es secuencia pura: restablecer el ancla fiscal primero, graduar la entrada de las medidas, combinar ingresos y gastos porque ninguno alcanza solo, y proteger a los hogares de menores ingresos durante el ajuste.

Sobre ese telón, el gobierno saliente jugará su última carta tributaria. El 20 de julio, a pocas semanas de la posesión de Abelardo de la Espriella, el Ministerio de Hacienda radicará una reforma para recaudar $21,8 billones en 2027, con una senda que escala hasta $37 billones en 2030, e incluiría, a solicitud del ministro de Minas, un impuesto a los agentes del mercado eléctrico destinado a pagar las deudas del sector, donde los comercializadores acumulan un déficit de liquidez de $5,1 billones y las obligaciones de Air-e podrían acercarse a $3 billones al cierre del año. La iniciativa nace con un problema de calendario evidente, porque su trámite quedará en manos de un Congreso y un gobierno distintos de quienes la radican, y con una tensión conceptual de fondo, ya que gravar a un sector para resolver deudas que los gremios consideran presupuestales traslada el hueco fiscal al costo de la energía, precisamente el rubro que más está empujando la inflación. El gabinete entrante siguió tomando forma con la designación de Omar Bula Escobar en la Cancillería, que AmCham Colombia recibió como una oportunidad para escalar la relación con Estados Unidos, el destino del 26,1% de las exportaciones colombianas.

La actividad real mostró su asimetría habitual. Las exportaciones de mayo crecieron 19,2% hasta US$5.193 millones, pero Analdex advirtió que el resultado descansa en dos protagonistas, los combustibles, que avanzaron 33,3% con el petróleo subiendo 25,8%, y el oro no monetario, que explicó casi toda la variación del grupo de otros sectores con 67% de crecimiento. Los agropecuarios apenas avanzaron 0,7%, con flores y extractos de café al alza pero frutas frescas cayendo 17,4% y banano 34,5%, y las manufacturas quedaron planas en 0,2%, de modo que el acumulado del año, US$23.587,6 millones con 15,4% de crecimiento, esconde retrocesos de 1,1% en agro y 2,4% en industria. La inversión extranjera directa confirmó la misma dependencia, con US$634 millones en junio, una caída de 19,8% anual y el segundo peor dato del año, donde el petróleo y las minas aportaron el 75% del total. La producción de concreto cayó 0,9% en mayo arrastrada por la vivienda, que se contrajo 13,6% con la VIS desplomándose 20,4%, y Fedesarrollo puso cifras a la crisis de la salud, con una siniestralidad del sistema de 109,5%, un patrimonio negativo de las EPS de $10,2 billones, deudas hospitalarias por $25,7 billones y un gasto de bolsillo del quintil más pobre que saltó del 7% al 12% del ingreso familiar en un año. El mercado laboral aportó el matiz constructivo, con la informalidad bajando 1,2 puntos hasta 54,7%, todavía 13,34 millones de personas, y la desocupación juvenil cediendo a 15,3%.

El peso colombiano, mientras tanto, consolidó su condición de mejor moneda emergente de 2026 con una revaluación de 14,5% entre enero y julio, más del doble que el real brasileño, que le sigue con 5,95%. La institucionalidad cafetera sumó una noticia de estabilidad con la prórroga por cinco meses de la administración del FEPCafé en cabeza de la Federación, que junto con la extensión del Fondo Nacional del Café asegura los mecanismos de compensación para 556.000 familias en 611 municipios, un blindaje oportuno ante un Niño que amenaza precisamente al agro exportador.

Valoración. Colombia presenta esta semana la paradoja de un país cuyos precios financieros van mejor que sus fundamentos. El peso lidera a los emergentes y los TES se valorizaron sobre la expectativa de ejecución fiscal, pero la inflación rompió al alza el umbral del 6%, el CARF certificó que el ajuste requerido es del orden de 5 puntos del PIB y la inversión extranjera se concentra cada vez más en el único sector que no construye futuro exportador diverso. La secuencia de las próximas semanas pondrá a prueba cuál de las dos lecturas domina. El 20 de julio se radica una tributaria de transición cuyo destino real depende del gobierno entrante, el 31 de julio el Emisor decide con un mercado dividido entre pausa y otros 50 o 75 puntos, y el 7 de agosto comienza la administración que deberá convertir las señales que el mercado ya compró en el ajuste que el CARF describe. La ventana cambiaria actual, con revaluación de 14,5% y carry amplio, es el activo más valioso que hereda el nuevo equipo económico, porque abarata el servicio de la deuda externa y contiene los precios importados, pero es también el más frágil, ya que depende de una Fed que no suba y de una credibilidad fiscal que todavía es promesa. La inflación de 6,14% recuerda que el tiempo del beneficio de la duda corre, y que en economías con memoria indexatoria cada mes por encima del 6% hace más caro el regreso al 3%.

 

VI. Mercados financieros

Renta variable: los semiconductores sostienen a Wall Street pese a la ruptura de la tregua, y el COLCAP absorbe el dato de inflación sin ceder terreno

La semana bursátil fue un pulso entre dos fuerzas de signo contrario, y ganó la tecnología. La reanudación de los ataques entre Estados Unidos e Irán a mitad de semana desbarató el alto el fuego, elevó temporalmente el Brent, los rendimientos de los bonos y las expectativas de inflación, pero los mercados no cedieron al pánico y apostaron por una salida diplomática de largo plazo, lectura que las declaraciones de Donald Trump del viernes, sugiriendo que retomar las conversaciones seguía siendo posible, alcanzaron a sostener sin ningún avance concreto que la respalde. Sobre ese piso inestable, el trade de inteligencia artificial se reactivó con fuerza suficiente para definir el saldo semanal. El S&P 500 avanzó 1,2% hasta los 7.575,39 puntos, el Nasdaq Composite ganó 1,7% hasta los 26.281,61, y el Dow Jones, con su composición más tradicional y sensible al costo de financiamiento, retrocedió 0,5% hasta los 52.637,01. La divergencia entre los tres índices es la fotografía exacta del régimen vigente, donde el mercado premia lo que crece con la IA y castiga lo que depende de la tasa.

El protagonismo corporativo fue surcoreano. SK Hynix protagonizó el debut del año en Estados Unidos al recaudar 26.500 millones de dólares en la mayor cotización de una empresa extranjera en la historia del mercado estadounidense, con sus ADR saltando desde un precio de oferta de 149 dólares hasta abrir en 170 en el Nasdaq y cerrar con un repunte cercano al 13%. La colocación funciona como termómetro doble, del apetito por el complejo de memoria vinculado a la IA y de la profundidad que conserva el mercado de capitales estadounidense incluso en semanas de riesgo geopolítico. El resto del sector acompañó de manera selectiva, con Nvidia avanzando 4% y AMD 2%, mientras Broadcom cedía marginalmente e Intel caía 2,4%. Meta sumó el otro gran movimiento con un salto de 6%, su mejor desempeño semanal desde comienzos de 2024, tras un informe favorable de SemiAnalysis sobre su negocio de computación de IA y un memorando que sugiere mejoras en su estructura de costos asociada a esa inversión, una señal que el mercado esperaba con ansiedad porque toca directamente la pregunta del retorno sobre el capex que documentamos en el bloque de Estados Unidos. Los financieros y los sectores tradicionales encontraron apoyo cuando el petróleo detuvo su repunte, con JPMorgan, Mastercard y Bank of America en terreno positivo, justo antes de que la banca abra el martes la temporada de resultados del segundo trimestre, para la cual el consenso espera un aumento de 23,7% interanual en las utilidades del S&P 500, una vara exigente que pondrá a prueba la valoración alcanzada.

El COLCAP cerró en 2.307,67 puntos con una ganancia semanal de 0,52%, un avance modesto que esconde una resistencia notable. El índice absorbió en la misma semana el dato de inflación de 6,14%, el tono restrictivo del Emisor tras el alza al 12% y la prima de incertidumbre de la transición presidencial, sin registrar una salida generalizada de capitales, apoyado hacia el cierre por el repunte del petróleo y su efecto sobre Ecopetrol, que lideró los volúmenes con COP$76.211 millones negociados. Los sectores sensibles al consumo, al crédito y al costo de capital cargaron con el peso del nuevo escenario de tasas, mientras las mayores valorizaciones fueron para Mineros con 5,40%, PF Cemargos con 4,26% y PEI con 4,08%. El frente corporativo local dejó tres movimientos. Celsia Colombia canceló definitivamente la inscripción de sus acciones ordinarias y se deslistó de la BVC, un recordatorio de la erosión gradual del mercado accionario local por la vía de las salidas. PEI anunció la adquisición de los derechos fiduciarios del Fondo de Capital Privado Terranum, con cinco activos inmobiliarios corporativos y comerciales, en una transacción de COP$2,18 billones que confirma que el capital institucional sigue encontrando valor en el inmobiliario de renta. Y Mineros adoptó una política de tesorería que merece registro aparte, la de retener una porción medida de su producción en lingotes de oro físico como activo principal de caja y cobertura frente a la erosión monetaria, una decisión corporativa que replica en miniatura lo que los bancos centrales del mundo vienen haciendo con sus reservas y que conecta con la tendencia de desdolarización que la encuesta del OMFIF puso en cifras.

 

Renta fija: la sorpresa inflacionaria golpea los TES largos pero la semana cierra con compras, y la subasta a 30 años en Estados Unidos exige los rendimientos más altos desde 2007

El mercado de deuda pública colombiano vivió la semana en dos tiempos. El primero fue de castigo selectivo tras el dato de inflación, con la curva de TES Tasa Fija registrando desvalorizaciones concentradas en los nodos medios y largos, donde octubre de 2050 subió 14,2 puntos básicos, junio de 2032 sumó 13,9, marzo de 2058 avanzó 13,7 y agosto de 2029 aumentó 12,0, bajo la presión combinada de la sorpresa inflacionaria local, la expectativa de un Emisor más restrictivo, el repunte de los rendimientos de los Tesoros y la oferta derivada de las subastas de la Nación. El segundo tiempo fue de recuperación, con la revaluación del peso, la reducción de la prima de riesgo país y una demanda creciente en la segunda mitad de la semana que valorizó referencias como marzo de 2036, que cedió 15,9 puntos básicos, y que hacia el cierre consolidó compras generalizadas, con los vencimientos de 2027 y 2033 cayendo 10 y 12 puntos básicos en la última jornada. Los TES UVR contaron la historia complementaria y más elocuente. El tramo corto se valorizó con fuerza, con marzo de 2027 contrayéndose 55,1 puntos básicos y abril de 2029 cediendo entre 31,5 y 37,5 según la jornada, movimientos que reflejan una migración clara hacia instrumentos de cobertura inflacionaria. Cuando el mercado paga esas primas por protección de corto plazo en UVR, está diciendo que se cree el 6,5% de cierre de año que proyecta el equipo técnico del Banco de la República.

El circulante de títulos tasa fija superó la barrera de los $505 billones tras la adjudicación de $7,58 billones en la semana, y el saldo total de TES se acerca rápidamente a los $800 billones. Sobre ese volumen, el perfil de vencimientos de 2027 supera el techo autoimpuesto del 8% de la deuda total, lo que obligará al próximo gobierno a ejecutar un plan de canjes estimado entre $10 billones y $33 billones para descomprimir las amortizaciones. Ese dato conecta directamente con la misión en Washington para renegociar plazos y tasas que documentamos en la edición anterior, y explica por qué la gestión de pasivos será la primera prueba técnica del nuevo equipo económico. Un mercado que compra TES con la inflación rompiendo el 6% está financiando una expectativa de ejecución, y las operaciones de canje del primer semestre de gobierno serán el momento en que esa expectativa se verifique o se cobre.

En Estados Unidos, la curva de Tesoros frenó su empinamiento pero dejó señales de tensión en tres frentes distintos. Los rendimientos subieron de manera generalizada en la semana, con el título a 2 años sumando 7,1 puntos básicos hasta consolidarse cerca del 4,23%, sus máximos de 2026 tras la reunión de la Fed, el de 10 años avanzando 7,8 hasta mantenerse prácticamente plano al cierre en 4,56%, y el de 30 años subiendo 7,3, presionados por el repunte del petróleo, el recrudecimiento de las tensiones con Irán y unas actas que confirmaron la división del comité. La primera señal de fondo la dio la subasta de bonos a 30 años, que exigió los rendimientos más altos desde 2007, un dato que trasciende la coyuntura porque mide el precio real de colocar duración larga en un mundo de inflación persistente y oferta pesada de deuda. La segunda vino de los mercados de financiación, donde las tasas repo a un día saltaron hacia la zona del 3,68% ante la liquidación masiva de las subastas recientes del Tesoro, una fricción de liquidez intradiaria que no constituye crisis pero sí recuerda cuánta deuda debe absorber el sistema cada semana. La tercera es la simple aritmética del nivel, porque con la tasa de política en 3,50%-3,75% y el 2 años en 4,23%, el mercado tiene incorporado el ciclo de alzas que las actas insinúan. El respiro llegó al cierre con el descenso intradiario del crudo tras las señales de continuidad negociadora entre Washington y Teherán, y se trasladó a Europa, donde el Bund a 10 años cedió dos puntos básicos hasta 3,07%, los Gilts británicos se ubicaron en 4,87% y los soberanos de Francia e Italia se estabilizaron en 3,72% y 3,81%, con los diferenciales de la periferia contenidos y la prima de riesgo energético confirmada como el precio director de las tasas globales en el corto plazo.

Brasil aportó el contrapunto regional favorable. El rendimiento del bono a 10 años cayó al 14,43% desde el 14,54% de la semana anterior, impulsado por el dato de inflación de junio que llegó por debajo de todas las previsiones y por una creación de empleo formal de apenas 73.000 puestos en mayo frente a los 115.000 esperados, dos lecturas que en conjunto reforzaron la expectativa de un Banco Central con margen para girar hacia una postura menos restrictiva. La comparación con Colombia es inevitable y funciona como espejo. Las dos curvas largas de la región con doble dígito se mueven esta semana en direcciones opuestas por la misma variable, la inflación, que en Brasil sorprendió a la baja y comprimió tasas, y en Colombia sorprendió al alza y las empinó antes de que las compras de cierre contuvieran el daño.

Divisas: el peso colombiano perfora los $3.240 y toca niveles no vistos desde 2019, con el respaldo explícito del presidente electo a la autonomía del Emisor

El dólar global pasó la semana en pausa. El índice DXY avanzó apenas 0,1% hasta las 100,92 unidades, atrapado entre fuerzas que se anularon mutuamente, con los episodios de aversión al riesgo por la ruptura de la tregua empujando en una dirección y la mediación de una delegación catarí entre Washington y Teherán, que enfrió el nerviosismo hacia el cierre, empujando en la contraria. Entre las monedas desarrolladas, la libra esterlina se apreció 0,4% sostenida por su diferencial de tasas tras el mensaje de Huw Pill, y las divisas ligadas a materias primas, el dólar canadiense y el australiano, capitalizaron el avance semanal del petróleo. El euro cedió 0,2% y el franco suizo 0,7%, mientras el yen protagonizó la historia más reveladora del bloque desarrollado. La moneda japonesa comenzó castigada por la exposición del país a las importaciones energéticas de Oriente Medio, pero recortó pérdidas hasta cerrar con una caída semanal de apenas 0,2% después de que la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, instara a los fondos de pensiones a aumentar sus inversiones en activos domésticos, declaraciones que le dieron al yen su mayor ganancia diaria en más de una semana, hasta los 161,77 por dólar. Es la confirmación cambiaria de lo que registramos en el bloque de Asia, un gobierno que descubrió que la repatriación de capital institucional puede hacer parte del trabajo que las tasas todavía no hacen.

El peso colombiano volvió a ser la moneda de la semana, y esta vez con un componente político que merece registro detallado. La divisa se apreció 2,9% hasta cerrar en $3.239,75, con un desplome de $47,85 en la última jornada sobre un volumen de US$1.402 millones, y llegó a tocar mínimos intradiarios de $3.231, un nivel que no se veía desde julio de 2019. El movimiento acumula una revaluación de 14,5% en el año que consolida al peso como la moneda emergente de mejor desempeño de 2026, con más de ocho puntos de ventaja sobre el real brasileño, su escolta. Los soportes de esta semana fueron tres y conviene separarlos. El primero es monetario, la expectativa de que el Banco de la República mantenga y profundice su postura restrictiva tras el dato de inflación, lo que amplía el carry en el momento exacto en que el dólar global está contenido. El segundo es de riesgo, con la reducción del CDS soberano a diez años y la oferta de divisas de agentes locales e institucionales. El tercero es el nuevo, la disipación del ruido político interno, con los mensajes de transición pacífica del presidente saliente y, sobre todo, la reunión del presidente electo Abelardo de la Espriella con la junta del Banco de la República, en la que garantizó el respeto a la autonomía de la entidad. Ese gesto, leído junto al episodio japonés del mismo bloque, deja una simetría instructiva, porque en la misma semana en que Japón pagó en su curva de bonos la sospecha de interferencia política sobre su banco central, Colombia cobró en su moneda la señal contraria.

El contagio regional fue inmediato. El real brasileño se fortaleció 1,2% en la semana hasta los R$5,11 por dólar, su mejor nivel en más de tres semanas, apoyado en la mejora del apetito por riesgo y en su propio dato de inflación a la baja, aunque con las ganancias limitadas por la perspectiva de un mayor endurecimiento de la Fed. El sol peruano avanzó 0,2%, el peso mexicano cerró sin variación en el equilibrio entre un dólar marginalmente firme y la recuperación del riesgo, y el peso chileno fue la excepción de la semana con una depreciación de 0,5%, apartándose del comportamiento de sus pares. El yuan permaneció estable, fiel a su gestión administrada, mientras Pekín avanza por la vía estructural que documentamos en el bloque de Asia, construyendo la infraestructura de Hong Kong para que la demanda de renminbi crezca por diseño y no por cotización.

 

Commodities: el petróleo recupera la prima de Ormuz con ganancias de 4%, y el oro deja de actuar como refugio cuando el refugio compite con la tasa

El petróleo encadenó su primera semana claramente alcista tras cuatro de caídas, y el motor fue el mismo que las había producido, solo que operando en reversa. La ruptura de la tregua entre Estados Unidos e Irán, los ataques contra buques cerca del Estrecho de Ormuz y una nueva serie de bombardeos estadounidenses contra infraestructura iraní, seguidos de represalias de Teherán, ralentizaron sensiblemente el tráfico marítimo por la vía que concentra el riesgo energético mundial y reintrodujeron la prima geopolítica que el mercado había desmontado durante el alto el fuego. El Brent avanzó 4,3% en la semana hasta cerrar en torno a los USD 75-76 por barril, tras haber superado los USD 80 en el punto álgido de la tensión, y el WTI ganó 4,0% hasta la zona de USD 71-72. La recuperación contrarrestó la presión bajista del aumento de producción de la OPEP+ y se apoyó en un factor adicional que estrecha la oferta por otro flanco, la suspensión rusa de las exportaciones de diésel hasta finales de julio tras los ataques ucranianos contra sus refinerías. Con todo, los operadores volvieron a demostrar que no pagan primas de pánico. Las señales de continuidad del diálogo, con una delegación catarí mediando entre las partes, moderaron los precios al cierre, y el mercado sigue instalado en la lectura que ya describimos en ediciones anteriores, la de cotizar el conflicto como riesgo de flujo y no como catástrofe de oferta, mientras vigila la capacidad de ambos bandos para evitar una escalada incontrolada.

El comportamiento del oro fue la anomalía instructiva de la semana. Con la tregua rota y los ataques en Ormuz, el reflejo tradicional de refugio no se activó, y el metal retrocedió 1,4% hasta USD 4.120 por onza, sosteniéndose sobre el umbral de los USD 4.000 pero lejos de capitalizar la tensión geopolítica. La explicación está en la jerarquía de los miedos del mercado. Los inversionistas leyeron el repunte del crudo menos como razón para refugiarse y más como combustible inflacionario que empuja a la Fed hacia tasas altas por más tiempo, y un entorno de rendimientos reales atractivos es estructuralmente hostil para un activo que no paga renta. La subasta estadounidense a 30 años en máximos desde 2007, documentada en la sección de renta fija, es la otra cara de esta misma moneda. La plata amplificó el castigo con una caída de 4,1% hasta USD 59,9 por onza, fiel a su beta alto frente al oro en semanas de volatilidad de tasas. El cobre, en cambio, cerró en positivo con una valorización de 1,8% hasta cerca de USD 6,28 por libra, primero penalizado por la aversión al riesgo y luego recuperado con el retroceso del dólar, con soporte estructural en la escasez de concentrado y los cargos de tratamiento negativos en China, aunque la incertidumbre sobre eventuales aranceles estadounidenses limitó el avance.

Los agrícolas cerraron en verde en Chicago, con el maíz en torno a los 433 centavos, el trigo cerca de 633 y la soja extendiendo su rebote hasta los 1.178 centavos, aunque el optimismo llega con matices, porque las previsiones meteorológicas anuncian lluvias generalizadas y temperaturas benignas en el cinturón del maíz estadounidense, un pronóstico que tranquilizó a los operadores tras la ola de calor reciente y que, de confirmarse, le quita presión alcista a los granos. Para Colombia, el dato sectorial de la semana fue el retroceso del precio interno del café, que cerró el viernes en $2.310.000 por carga de 125 kilos de pergamino seco, una caída de $125.000 frente al cierre del jueves, un movimiento que combina la corrección del mercado internacional con el efecto de una tasa de cambio en mínimos de siete años, y que ilustra el costo silencioso de la revaluación para el ingreso cafetero justo cuando la prórroga del FEPCafé, registrada en el bloque de Colombia, reactiva la relevancia de los mecanismos de estabilización.

Valoración. Los mercados de esta semana funcionaron con una lógica de compartimentos que vale la pena leer en conjunto. La renta variable subió apoyada en un sector, la tecnología de la IA, que es precisamente el que la Fed identificó como fuente de presión inflacionaria; la renta fija exigió los rendimientos más altos en casi dos décadas para financiar al Tesoro a 30 años; el petróleo recuperó su prima geopolítica; y el oro cayó porque las tasas altas que todo lo anterior implica encarecen el refugio. No hay contradicción entre esas piezas sino una sola apuesta transversal, la de que la inflación será persistente pero administrable y el conflicto será tenso pero contenido. Es una apuesta razonable y a la vez estrecha, porque cualquiera de sus dos condiciones puede fallar por separado. Colombia volvió a ser el beneficiario desproporcionado del compartimento favorable, con el peso en niveles de 2019, el CDS comprimiéndose y los TES cerrando con compras pese al peor dato de inflación en dos años, una combinación que solo se sostiene si el diferencial de tasas permanece amplio y la promesa fiscal del 7 de agosto se convierte en gestión. La semana entrante concentra las pruebas: el CPI estadounidense y el testimonio de Warsh el 14 y 15 de julio, el arranque de la temporada de resultados con la banca el martes y una vara de utilidades de 23,7% que no admite decepciones, y en Colombia la radicación de la tributaria el 20 de julio. Los mercados compraron esta semana un mundo que se sostiene en equilibrios finos; los próximos diez días dirán cuáles aguantan.

 

Nota del Autor

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