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Colombia es nuestro fin superior y el pasado 21 de junio, cerca de 13 millones de colombianos elegimos un cambio de rumbo y la posibilidad de que el país retome el camino de la confianza, el desarrollo y la inversión, dejando atrás la incertidumbre que marcó los últimos cuatro años.
Los cambios de gobierno representan una oportunidad para revisar prioridades y construir agendas comunes alrededor de los grandes retos del país. Gracias a que el presidente electo Abelardo De La Espriella ha manifestado su disposición de trabajar de la mano con Antioquia, ese será, sin duda, un escenario que debemos aprovechar con responsabilidad y sentido institucional.
Desde la Secretaría de Infraestructura consideramos fundamental que, ante la terminación de la concesión Devimed, este 31 de julio, el gobierno entrante entregue a Antioquia las vías que pasarán a manos de Invías. Así, con la celeridad demostrada durante estos dos años y medio, podrá estructurarse una nueva concesión y evitar que corredores que por tantos años se han mantenido en excelentes condiciones se deterioren, afectando la movilidad del Oriente, subregión clave para la competitividad del Departamento.
A esto se suma la necesidad urgente, ante la negativa del gobierno saliente, de apropiar los recursos para el mantenimiento de vías tan importantes como El Santuario – Cañoalegre (Autopista Medellín–Bogotá), Necoclí – Arboletes, La Unión –Sonsón y El Santuario – El Peñol, corredores que hoy presentan un avanzado deterioro y requieren atención prioritaria.
También es indispensable terminar Pacífico 1 y sus obras pendientes: el bitúnel de La Sinifaná, la doble calzada Primavera – Cuatro Palos – Amagá y el puente sobre el río Cauca en Bolombolo. Se trata de una obra estratégica para la conexión del Suroccidente colombiano, la competitividad y la integración de Antioquia con los principales corredores logísticos del país.
El Tren Multipropósito de Antioquia también es un proyecto clave para el Departamento y para Colombia. Con el impulso del nuevo Gobierno Nacional podría materializarse si se aplica la Ley de Metros y la Nación cofinancia el 70 % de la obra. El gobernador Andrés Julián ya avanzó en su estructuración y la Asamblea Departamental autorizó las vigencias futuras que aseguran la primera etapa entre Bello y Barbosa.
Finalmente, el respaldo del Presidente electo a la modificación de la Ley de Concesiones facilitaría su aprobación en la nueva legislatura, permitiendo ampliar las concesiones actuales hasta en un 50 % de su plazo y estructurar nuevas hasta por 50 años (hoy el límite es de 30). Esto brindaría mayor seguridad jurídica a los inversionistas y mejores herramientas a las entidades territoriales para ejecutar proyectos de infraestructura.
Colombia necesita acelerar su desarrollo vial, y para lograrlo requiere reglas claras, confianza y decisiones oportunas.
Estas solicitudes no responden a intereses políticos ni a coyunturas pasajeras. Responden a una visión de desarrollo que entiende que invertir en infraestructura significa generar empleo, atraer inversión, reducir costos logísticos y mejorar la calidad de vida de millones de ciudadanos.
Antioquia resistió y Colombia se salvó. Pronto cesará la horrible noche y es el momento de que la Nación mire con cariño a las regiones, porque el país se construye desde ellas. Es momento de sumar capacidades y convertir la infraestructura en el motor del crecimiento económico y la competitividad.













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