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Algoritmo es una de las palabras que considero se ha vuelto más común cuando hablamos de consumo de redes sociales o estrategia en lo digital. Creo que en esta época pocas personas se salvan de haberla escuchado, pero muchas aún no comprenden ni qué es ni cómo está presente en las decisiones que tomamos a diario. Esta introducción para decir que los algoritmos sí que estuvieron presentes en la contienda electoral de Colombia en el año 2026.
Si bien me ha servido poner en contexto que mi mirada casi siempre la abro socialmente es como comunicadora, esta vez me han motivado a escribir los comentarios repetidos que escuchaba y no solo desde lo que analiza una ciencia social. Escuchaba en diversos espacios físicos y también digitales: “Eso es IA”, “usa IA”, y en un discurso del 21 de junio escuché un rechazo leve de un candidato hacia otro por el uso indiscriminado de esta tecnología. Mi conclusión rápida es que LA IA FUE PROTAGONISTA EN LA CAMPAÑA GANADORA.
Grandes debates está teniendo el mundo frente a la aplicación de la Inteligencia Artificial Generativa, tanto sus regulaciones, sesgos, planteamiento de uso en aulas de clase como un sinfín de temas en todos los aspectos y entornos imaginables. Supongo que, como siempre ha ocurrido con la llegada de algo nuevo que abre posibilidades de uso a quienes antes no tenían acceso y por lo tanto no tienen claro el propósito para lo que tienen entre manos…hablo de lo que fue la imprenta, la radio, la televisión, hace poco las redes sociales y ahora la Inteligencia Artificial.
Para entrar en materia parto de una pregunta sencilla que ha quedado dando vueltas estos días: ¿cuándo se volvió más importante políticamente tener un montaje con un tigre que tener la foto con el candidato? Claramente no tengo respuesta, pero es lo que me permite entrar a mirar con detalle lo ocurrido con el uso “democrático” de herramientas con IA.
Específicamente en plataformas de social media como Instagram, Facebook, TikTok, WhatsApp, donde la difusión y la opinión reinan por ser bidireccionales, O sea que permiten enviar y recibir un mensaje ¿Cuándo fue que una persona, por solo tener acceso a internet y a una red, podría dirigirse directamente a un candidato por no decir que al presidente, tener la opción de ser vista y por qué no retroalimentada?
En marketing se habla mucho de la transferencia de valores, y en comunicación política del uso de arquetipos. En el caso de esta campaña liderada por la Inteligencia Artificial generativa hablaremos del zoomorfismo que desde la semiótica y también desde lo sonoro, acogió a personas que no conocían al candidato pero sí reconocían los valores y las emociones replicadas a través de símbolos, sonidos y las características de un animal.
La cultura popular ha sido bandera de otro sector de la política. En esta contienda, quienes se decían dueños de ese territorio no lograron masividad, mientras quienes apostaron por la producción masiva de contenido construyeron una comunidad digital alejada de lo que realmente representa lo popular. Con esto quiero decir que no sé si sea el momento de hablar de la IA generativa como una acción popular, pues carece de manejo, contexto y propósito claro en la mayoría de los casos. Todavía, pese a ser un asunto muy reciente para muchas disciplinas, incluida la comunicación política, tendrán que ser grandes las inversiones y los diálogos si en algún momento se quiere reorientar su uso hacia otros fines, sin desconocer que la accesibilidad es lo que hoy la acercó a colombianos desconocidos entre sí.
Se unieron muchos elementos y con ellos nació una creatividad que sí habla de una cultura más cercana a lo popular. Esa campaña entregó un audio donde no cantaba una persona sino que creaba una experiencia sonora que simulaba un estadio o una barra en plena competencia deportiva, casi como en un partido de micro ; un tigre que, como lo he señalado, hizo transferencia de atributos y valores; publicidades donde la presencia del animal asumió el rol del candidato y donde el zoomorfismo se ve cuando él dice “soy ese tigre”; el uso de la camiseta de Colombia; y una seña que en lengua de señas colombiana podría significar “hola” pero que en su campaña se convirtió en eslogan y casi en un saludo entre quienes adoptaron el lenguaje y lo fijaron como un “firmes por la patria”, pareciendo más un saludo militar.
La entrega de estos elementos, acompañada de activaciones en discursos donde el show, la tarima, los colores, el baile y la música ambientaba lo que los simpatizantes ya estaban haciendo propio, generó una campaña donde repetía y repetía el mensaje con orientación a fijar recordación. Las personas comenzaron a encontrar sus propias versiones de representación adoptando el tigre como narrativa de apoyo sin mencionar el nombre ni mostrar al candidato, algo que generó más cercanía por reconocimiento de marca (como Kellogg’s) y no precisamente por compartir la foto de alguien que tenía más trayectoria como abogado que como político.
Una camiseta de Colombia usada en campaña mientras la selección se disputaba un mundial, el tigre en sus múltiples formas tomando marcas que ya lo habían usado como símbolo fuera de un contexto político, el canto que une a las personas como en una barra de aficionados, y los actos de civismo y fidelidad a una visión de gobierno y discurso que ese es otro tema y no entra precisamente en la mirada de la Inteligencia Artificial.
Estos elementos llevaron a que personas crearan montajes con tigres, fotos con los símbolos de esa candidatura y cercanía con el candidato así nunca se hubieran tomado una fotografía juntos. La Inteligencia Artificial multiplicó el mensaje donde ya no bastaba estar cerca a una estructura política, sino dejarse mover por un algoritmo que captó ese uso repetido de símbolos, mensajes e imágenes y los llevó a la reproducción masiva de contenido alusivo a esa campaña.
La IA lleva ya varios momentos electorales donde ha transformado la forma en que los candidatos construyen sus mensajes, segmentan sus públicos y administran sus redes, por lo que eso no sería una noticia nueva en el mundo. Se vio en la de Obama con el uso de análisis de datos a una escala sin precedentes, hasta los debates más recientes sobre noticias falsas en elecciones europeas y latinoamericanas, o con la reproducción de audios con voces clonadas. Pero en Colombia seguimos hablando de eso como si fuera algo que ocurre afuera, y ya el colombiano, sin saber mucho de Inteligencia Artificial, o pese a la brecha digital, encontró la forma, indicación o prompt que lo hizo parte de esa comunidad digital que se tradujo en una masividad virtual.
Saliendo un poco del triunfo de la IA en la campaña que ganó, hay algo que no se está diciendo en los debates con más fuerza sobre IA y política y es el tema de la desinformación, pues las mismas herramientas permiten crear contenido falso con igual rapidez. Videos alterados, audios modificados, imágenes generadas de situaciones que nunca sucedieron. ¿Quién regula eso en Colombia? ¿Cuál es el marco ético que rige el uso de la inteligencia artificial en campañas? ¿Existe algún acuerdo entre partidos, candidatos o medios sobre lo que se considera un uso legítimo y lo que no? Ante ese vacío, en una campaña fue una ventaja coherente y en la otra una desventaja razonable, dado su vínculo con el arte y su resistencia ante lo “hegemónico” como lo han dicho o ante creaciones que no incorporan el valor de lo creado artesanalmente que no es precisamente lo masivo.
Lo que me parece importante y desde mi lugar como comunicadora que trabaja en esto, es que la inteligencia artificial en política no es para nada neutral o en otros términos “tibia”. Ninguna herramienta lo es, pero esta menos que ninguna, porque literalmente opera sobre el recurso más sensible que existe en una democracia que es la opinión pública. Cuando un algoritmo decide qué mensaje le llega a quién, en qué momento y con qué emoción activada, no está simplemente generando la ruta de una comunicación, puede estar seguramente interviniendo en la formación de una decisión colectiva.
El reto para una campaña que fomenta el uso de la Inteligencia Artificial como esta, tiene a mi parecer, no solo la apertura de su aplicación de tecnologías en el gobierno que viene, sino la responsabilidad de hacer de ella una opción real de uso responsable y orientada con más propósito en Colombia.












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