El outsider que nadie supo leer

“Cuando la institución pierde credibilidad, el mérito institucional deja de ser un activo y se convierte en un lastre.”

Hay una pregunta que las organizaciones se hacen tarde, siempre tarde y es ¿cómo alguien sin credenciales institucionales termina ocupando el cargo más alto? y Colombia acaba de vivirlo en tiempo real. Abelardo de la Espriella, abogado barranquillero sin un solo cargo público en su historia, sin haber disputado jamás una elección, acaba de obtener 10.361.499 votos (el 43,74% del total) convirtiéndose en el candidato más votado en primera vuelta en la historia del país y eso no es política, eso es un caso de estudio.

La academia del liderazgo lleva décadas debatiendo una tensión que este resultado vuelve urgente, ¿el liderazgo se acredita o se percibe? La respuesta institucional tradicional dice que se acredita, hay que hacer carrera, acumular cargos, demostrar gestión, construir trayectoria e Iván Cepeda encarna ese modelo con años en el Senado, décadas de activismo, una agenda política reconocible y consistente, Paloma Valencia, lo mismo y Sergio Fajardo, tres campañas y dos gobiernos locales reconocidos y sin embargo, ninguno de ellos fue el más votado el pasado 31 de mayo. Lo que el electorado colombiano eligió masivamente más que un currículum, fue una narrativa y ahí está la primera lección organizacional y es que cuando la institución pierde credibilidad, el mérito institucional deja de ser un activo y se convierte en un lastre.

En las organizaciones, este fenómeno se conoce como el líder emergente y es aquel que llega sin el título formal pero lee el contexto mejor que nadie, conecta con la frustración real de quienes están adentro (o afuera) y ofrece una promesa que el sistema establecido no puede hacer sin contradecirse a sí mismo y es que precisamente De la Espriella entendió algo que los candidatos con trayectoria no pudieron o no quisieron entender y es que millones de colombianos más que buscando experiencia, estaban buscando distancia, distancia del sistema, de los partidos, de los rostros de siempre y él era, estructuralmente, el candidato más distante de todo eso. Eso es lectura de contexto y esta es, quizás, la competencia más infravalorada en cualquier proceso de selección de liderazgo, pero aquí viene la pregunta incómoda, la que las organizaciones evitan hacerse en medio de la celebración del outsider, ¿qué pasa después?

La historia organizacional está llena de líderes emergentes que leyeron perfectamente el momento del ascenso y fracasaron en el momento de gobernar, porque seducir desde afuera del sistema es una habilidad, pero dirigir desde adentro es otra completamente distinta, pues el carisma que rompe puertas no siempre sabe qué hacer una vez que está adentro.

La segunda vuelta del 21 de junio no es solo una disputa entre dos candidatos, es la pregunta que toda organización debería hacerse antes de nombrar a alguien y es si ese liderazgo que funciona tan bien para llegar, tiene lo que se necesita para quedarse.

Lo que Colombia vivió en la primera vuelta es un síntoma, más que una anomalía, pues cuando las instituciones acumulan tanto desprestigio que la experiencia en ellas se vuelve sospechosa, el outsider no gana por méritos propios, sino que gana por los méritos que el sistema se negó a construir y eso, más que un resultado electoral, es una advertencia para cualquier organización que lleva demasiado tiempo ignorando lo que sus propios miembros llevan tiempo diciéndole.

“Las organizaciones no fracasan por malas decisiones, sino por líderes que dejaron de pensar antes de decidir.”

John Jairo Rico

Administrador de Empresas, especialista en Mercadeo y magíster en Administración Gerencial. Docente universitario y directivo académico con más de diez años de experiencia en gerencia educativa, actualmente director del Programa de Administración de Empresas en UNIMINUTO, sede Antioquia-Chocó. Escribe sobre liderazgo, mercadeo, emprendimiento, educación y gestión organizacional, conectando la reflexión académica con la realidad empresarial y social. Sus columnas invitan a cuestionar cómo tomamos decisiones, dirigimos organizaciones y formamos a quienes las liderarán.

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