Crónica de una advertencia ignorada

 “Si las instituciones le sirven, las utiliza; si le estorban, las desacredita.”


Se les advirtió hace muchos años que Gustavo Petro no era un candidato cualquiera. Se les dijo que su proyecto político representaba un riesgo para Colombia y para sus instituciones. Se les advirtió que acabaría con las EPS y respondieron que eran fantasmas inventados por la oposición. Hoy tenemos un sistema de salud en cuidados intensivos, pacientes peregrinando por medicamentos y familias enteras pagando las consecuencias de una reforma que se impuso por la vía de los hechos.

También se les dijo que Petro no era un demócrata comprometido con las instituciones, sino un político dispuesto a utilizarlas mientras le sirvieran y a atacarlas cuando dejaran de hacerlo. Respondieron que las instituciones colombianas eran suficientemente fuertes y que no existía ningún riesgo.

Nunca entendieron que para quien abandonó las armas, pero jamás abandonó la lógica de la confrontación permanente, las instituciones no son un límite sino una herramienta. Si le sirven, las utiliza. Si le estorban, las desacredita.

Por eso resulta sorprendente ver a tantos escandalizados por sus recientes declaraciones sobre las elecciones y la posibilidad de desconocer resultados adversos. ¿De verdad alguien esperaba algo distinto? Ese ha sido siempre Petro. Un político que cuestiona cualquier decisión que no favorezca sus intereses y que convierte toda contradicción en una supuesta conspiración en su contra.

No nos equivoquemos. Nada de esto es improvisado.

Su participación descarada en política electoral desde la Presidencia no es un error ni un exceso momentáneo. Es una estrategia. Promueve candidatos, interviene en el debate público, tensiona a las instituciones y espera que alguna de ellas reaccione para luego denunciar persecuciones, hablar de golpes blandos y victimizarse ante sus seguidores.

La fórmula es sencilla: provocar, confrontar y movilizar.

Porque un ambiente de crisis permanente le resulta políticamente útil. Le permite mantener cohesionada a su base electoral mientras presenta cualquier control institucional como un ataque contra la voluntad popular.

¡Ay, Colombia!

Cuánto duele ver el estado en que nos encontramos. Se gritó a tiempo. Se advirtió una y otra vez. Pero muchos prefirieron ignorar las señales y hoy se sorprenden de las consecuencias.

Ahora no queda espacio para la ingenuidad. Corresponde actuar estratégicamente. Corresponde defender las instituciones, acudir masivamente a las urnas y utilizar todos los mecanismos democráticos disponibles para evitar que el país siga avanzando hacia un escenario cada vez más preocupante.

Y existe un antecedente que debería encender todas las alarmas.

El año pasado, las elecciones atípicas para la Gobernación del Putumayo fueron aplazadas por el Gobierno Nacional bajo el argumento de que no existían recursos suficientes para realizarlas. Muchos pasaron por alto ese hecho. Desde el sector electoral, sin embargo, varios observamos con preocupación cómo un gobierno alteraba un calendario electoral alegando limitaciones presupuestales.

Ya lo ensayaron en una elección regional. Dios quiera que jamás intenten algo parecido en una elección nacional.

Los meses que vienen serán difíciles. La polarización aumentará. La violencia política podría recrudecerse. El Gobierno profundizará su participación en la campaña y las dificultades fiscales comenzarán a sentirse con mayor intensidad.

Y veremos, cada vez con más frecuencia, a un Presidente atacando las mismas instituciones que le permitieron llegar al poder. No porque crea que son ilegítimas, sino porque necesita debilitarlas ante la opinión pública para que cualquier límite a sus actuaciones pueda ser presentado como una agresión contra su proyecto político.

Se les advirtió.

Y ojalá no tengamos que descubrir demasiado tarde que las advertencias eran ciertas.

 

Joseph Fuentes Poveda

Soy profesional en Derecho, especialista en Democracia y Derecho Electoral. Actualmente me desempeño como abogado sustanciador en el Consejo Nacional Electoral.

Cuento con más de diez años de experiencia en el ámbito jurídico-político. He sido candidato, directivo de partidos políticos y asesor en el Concejo, la Asamblea y el Congreso de la República, lo que me ha permitido conocer de primera mano el funcionamiento del sistema político, la dinámica electoral y los desafíos institucionales del país.

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