¿El Gobierno del Cambio le entregará la UdeA al candidato de “los de siempre”?

Para algunos el actual proceso de designación rectoral en la Universidad de Antioquia con nueve candidatos en contienda tan solo es una grotesca puesta en escena para legitimar –previo a la definición de la Presidencia– la toma hostil que un sector del Pacto Histórico consumó el pasado diciembre con la defenestración del alicaído John Jairo Arboleda. La puesta en escena sigue el siguiente libreto en cuatro actos:

Primero, se saca a Arboleda de la rectoría de la forma más humillante posible (aunque se conserva parte de su equipo, ¿por qué?) –hecho–. Segundo, se impone como rector encargado a un profesor respetable que no propicie resistencia, aunque sin vocación de poder –hecho–. Tercero, Luquegi Gil asume como vicerrector general a sabiendas de que será candidato en pocas semanas, sin embargo, en el entretiempo pone fichas en cargos claves (como Regionalización) y así, presionando la tenaza burocrática, asegura respaldo en las consultas de estamentos –pendiente por confirmación–. Cuarto, el bloque más afín al Gobierno en el Consejo Superior Universitario –CSU– en contraposición al cerrado bloque del gobernador Andrés Julián Rendón designa a Luquegi como rector en propiedad –pendiente–. Fin.

Recientemente, un estimado y querido profesor, colega y amigo, me invitó a no cuestionar en público a Luquegi, puesto que en sus palabras se trata del “hombre más poderoso en la universidad”. Valiente gracia que en una universidad pública combativa por naturaleza como lo es la UdeA se promueva la autocensura y más cuando se trata de las figuras que administran los recursos públicos y que además ocupan posiciones directivas.

Sé que cuestionar a los “poderosos” implica asumir riesgos, eso siempre lo he tenido claro, más en la UdeA donde no son muchos los profesores que cuestionan (en voz alta) a quienes administran. Ya en esta misma columna puse de manifiesto que tras una publicación en la cual daba cuenta de la llegada del cuestionado Luquegi a la Vicerrectoría me sacaron de la Unidad Especial de Paz en la cual llevaba trabajando cuatro años. Luego se vino una andanada de hostigamiento desde varias cuentas en X, censura por parte de un medio “alternativo” y comentarios tendenciosos. Todo a raíz de la incomodidad que generaba un cuestionamiento legítimo que le vengo haciendo a Luquegi desde hace seis años a raíz de la crisis por Violencias Basadas en Género –VBG– en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la cual soy egresado.

Pero ahora, más qué volver sobre un tema que considero se sigue evadiendo (así se lo hayan expuesto directamente algunas estudiantes al mismo ministro Daniel Rojas), si quisiera plantear una reflexión sobre la forma como desde el Gobierno del Cambio, si el libreto de entrada se cumple, se le estaría entregando la UdeA a un personaje que representa a un sector que ha administrado la universidad por décadas, con responsabilidad, sin duda, en la actual multicrisis. Porque Luquegi forma parte de la estructura de poder de Alberto Uribe Correa, el mismo rector que se buscó aferrar a la rectoría en un quinto periodo consecutivo, es más, fue su secretario general cuando el ESMAD ingresó al campus universitario; también fue aliado del defenestrado John Jairo Arboleda, alianza que se rompió cuando se negó a seguir haciendo fila en “la línea de sucesión rectoral”. Es decir, es otra ficha de un grupo de poder que ha manejado la UdeA por más de dos décadas: ¿Acaso, se puede presentar eso como un cambio?

Y así la comunidad universitaria se encuentre más bien pasiva en medio del actual proceso de designación rectoral, y puede, no lo pongo en duda, que Luquegi se imponga en las consultas de estamentos echando mano de sus aliados, si quiero dejar una advertencia como defensor de la universidad pública: tanto él como sus aliados en el Pacto Histórico quebrantaron el sentido de la autonomía universitaria, y no estoy defendiendo a John Jairo Arboleda, del cual fui bastante crítico en muchas columnas, sino el auténtico sentido de una autonomía universitaria que se pisoteó sentando un precedente peligroso y tentador –en clave de batalla cultural– para un eventual gobierno de derecha o de ultraderecha.

Porque si el Gobierno de izquierda no vio problema en sacar un rector legítimamente designado (que hasta había ganado en las consultas), quien, luego de eso, me puede afirmar que así no se abrió un precedente para que otro gobierno haga lo mismo. Para algunos seguramente no se trata de algo problemático porque priorizan su militancia partidista o su sueldo; para mí sí lo es, porque esa movida relativizó la autonomía universitaria y creó un método para la toma hostil de una universidad pública.

No me da confianza quien diciendo defender la universidad pública se haya aliado con sectores políticos circunstanciales y operadores al interior del Ministerio de Educación para socavar la autonomía universitaria y así cumplir con una ambición personal de alcanzar la rectoría. Porque hay que recordar que Luquegi no era el candidato del Gobierno en el proceso de designación del 2024, no tuvo su respaldo con sus delegados en el CSU y hasta quedó en un lejano quinto lugar en la consulta entre estudiantes, entonces: ¿por qué resultó siendo su ficha en la toma hostil y en el libreto que busca su legitimación en un proceso de designación exprés?

Y es exprés porque para ese bloque que cruza los intereses de congresistas del Pacto Histórico, operadores políticos del Ministerio de Educación y el grupo de Luquegui al interior de la UdeA, si la derecha o la ultraderecha llegan a la presidencia en pocas semanas se les altera inmediatamente una correlación de fuerzas favorable en el CSU; o sí gana Ivan Cepeda y ya como presidente electo adquiere otra perspectiva en torno a la situación en la UdeA –más informada y no tan instrumentalizada–, se podría negar a legitimar los intereses del candidato de “los de siempre”. Es evidente que tienen pocas semanas para consumar todo su libreto. Se comprende el afán.

A la comunidad universitaria la invito, de cara al proceso de consultas, a mirar otras opciones realmente alternativas y no prestarse a validar una grotesca puesta en escena; al presidente Petro y al candidato Cepeda, a quienes respaldo, los invito a mirar hacia la UdeA y reflexionar sobre un eventual apoyo del Gobierno del Cambio a un personaje que ha estado en el manejo de la UdeA por décadas. Eso se puede reconsiderar. Y sí se cumple todo el libreto, lo sabré comprender, así funciona la política.

Igual, el precedente de un método para la toma hostil de una universidad pública ya fue creado.

Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor, investigador y editor.

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