Ser de centro en Colombia: la condena de pensar

“En Colombia votan los que sienten. Y el centro lleva décadas hablándole a los que piensan.”


 Colombia lleva años discutiendo entre dos trincheras. Los más acérrimos fanáticos no escuchan al otro. No cambian de opinión. Y en ese ruido, el centro político — tal vez el único espacio que habla con datos en lugar de emoción — sigue sin encontrar la manera de ganar. Y la razón es simple: en Colombia votan los que sienten. Y el centro lleva décadas hablándole a los que piensan.

No es que el centro no haya tenido sus momentos. Mockus casi gana una presidencial con un movimiento ciudadano que nadie vio venir. Fajardo reunió casi 5 millones de personas en el 2018 hablando de educación y transparencia. Claudia López, juntando prácticamente todo el centro político del país, logró movilizar más de 11 millones de votos en la consulta anticorrupción de 2018. El centro tiene figuras importantes, el problema es que nunca tuvo más que eso. Y eso se explica con algo clave, y es que el centro es difuso, todos sabemos explicar que no es el centro, pero es difícil asociarlo a una ideología específica. Esto ha dificultado la consolidación de una estructura política real que permita apalancar candidaturas como la de Fajardo o Claudia. Porque al depender de esa representación individual, cuando esta se ve desgastada, no hay nada que sostenga la fuerza de su auge político.

El centro colombiano ha tenido razón casi siempre. Y eso, paradójicamente, es parte de su problema.

En las elecciones colombianas no gana el mejor, ni el que tiene mejores propuestas. Petro no ganó explicando política fiscal, ganó prometiendo un cambio. Uribe no se mantuvo en el poder por dos décadas generando ideas y propuestas, lo hizo prometiendo seguridad. Fajardo llegó a 2022 con el respaldo de más de 300 académicos, escritores y economistas, y con un gabinete técnico anunciado antes de ganar. Era la propuesta más coherente del espectro, pero la abundancia de tecnicismos y dificultad de convertir argumentos en causa lo llevó al cuarto lugar en primera vuelta.

Pero esto no es un fenómeno nuevo ni exclusivamente de Colombia. El economista Anthony Downs introdujo en 1957 la teoría de la ignorancia racional, en la cual explica que las personas son naturalmente ignorantes para la política por una razón en particular, y es que el costo de estar informado es mayor que los beneficios de estarlo.

El razonamiento es simple: en las elecciones la probabilidad de que un voto informado modifique un resultado es prácticamente cero, por ende el beneficio de informarse es casi nulo frente al tiempo y esfuerzo que se debe dedicar a estudiar cada candidato y su plan de gobierno para tomar una decisión informada, así que racionalmente, la mejor decisión es acortar el camino, y escoger un candidato por su afinidad política, los sentimientos que genera, o las recomendaciones de líderes de opinión.

Pero el problema no es solo que seamos racionalmente ignorantes, sino que somos racionalmente derrotistas.  Y el votante de centro es tan racional, que anticipa la derrota antes de que pase. No es que abandona sus ideas, sino que pierde la esperanza de que sus ideas puedan ganar. Lo que resulta en un voto útil. Un voto que, en el fondo, no es por alguien, sino en contra de alguien.

Esta paradoja define al votante de centro, quien es posiblemente el más lúcido del espectro, y cuya lucidez lo termina paralizando. El simpatizante del centro no solo vota por convicción, vota por cálculo. Y cuando todos calculan lo mismo, pasa lo que llevamos viendo en toda la historia política reciente de Colombia: el candidato de centro pierde porque todos asumen que va a perder.

Mientras el votante de centro siga siendo tan racional como para anticipar su propia derrota, el centro seguirá teniendo razón en todo — excepto en las urnas.

Juan Nicolás Sierra Rodriguez

Soy estudiante de Negocios Internacionales y Economía de la Universidad EAN. Mis intereses son principalmente abordar temas de política económica y economía de la salud. Busco escribir desde una perspectiva de centro, crítica, y basada en evidencia. Participé en procesos de medidas cautelares ante la CIDH por la crisis de la salud en Colombia, donde logramos integrar ex ministros, gremios del sector, y asociaciones de pacientes en la consolidación de la evidencia y redacción técnica.

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