Cine | “El juego de la vida” (2024), una película que no es más de lo mismo

“El juego de la vida” (2024) película de Andrés Ruiz Zuluaga producto de un trabajo de investigación económico desde 2010 a 2023 en diferentes familias y regiones de Colombia para observar las dinámicas de la pobreza en la vida de las personas. Foto: Universidad de los Andes.


 El habitual hábito mordaz de las críticas de cine de nuestro corresponsal en Bogotá Jhon Jairo Armesto T. regresa a la crónica de cine después de la FILBO 2026, y estuvo en el estreno de la película “El juego de la vida” (2024) del comunicador y documentalista Andrés Ruíz, que es el resultado de más de quince años de seguimiento estadístico, fílmico y sociológico de la vida de más de 80 familias de diferentes contextos sociales y regionales del país, documentando el fenómeno de la pobreza, sus trampas ocultas y cómo la superación de la misma es una decisión que confluye en varios frentes que van desde tener elementos de inconformidad frente a la realidad, salir de entornos empobrecedores, tener acceso a educación de calidad y la generación de valores familiares y sociales. Una película diferente que no encaja en los conceptos artísticos convencionales del documental colombiano sobre la pobreza. Sin duda, un documental que no deja a nadie fuera de foco.


“La izquierda es el más hábil empresario de aplausos”
“Lo que no crece ignorado, crece deforme”
 “De religión no se debe hablar sino con cómplices”
“El público no escucha sino al que gime o al que miente”
“La obra de arte mediocre alimenta mejor la retórica del crítico de arte”
“El conservatismo no debe ser partido sino actitud normal de todo hombre decente”
Nicolás Gómez Dávila, filósofo y políglota colombiano. Cofundador de la Universidad de los Andes (1913-1994)

DE REGRESO A LA CINEMATECA DISTRITAL

Bueno, es la primera vez en 2026 que voy a la Cinemateca de Bogotá a ver cine nacional -y pagar por verlo-. Sin conocer mucho del perfil del director, el que el doctor Alejandro Gaviria esté dentro de los productores -junto a la actual rectora de la Universidad de los Andes Raquel Bernal y la economista e investigadora Tatiana Andia (1979-2025)-. Esa fue una decisión fundamental, ya que yo apoyo el cine nacional y quiero hacerlo -hace dos días antes de la redacción de esta columna, el 12 de mayo me llegó la invitación para presentar obra para el Festival Internacional de Cine Cristiano de Bogotá en su séptima edición para plazo máximo el próximo viernes 22 de mayo-, y da más motivos para seguir contribuyendo a que un escenario histórico para el pensamiento y la acción artística de nuestro cine se siga construyendo.

 

SOCIOLOGÍA HECHA CINE

No conocía la historia del director Andrés Ruíz, quien es comunicador social de la Universidad Externado de Colombia -institución en la que se encuentra parte de mis convicciones amor, lealtad y gratitud-, y después de muchos trabajos, por circunstancias de la vida, llega a acompañar a la Universidad de los Andes desde la Facultad de Economía a generar la documentación fílmica de un proyecto sin precedentes de seguir durante quince años a 80 familias de 80 municipios diferentes de Colombia escogidos totalmente al azar, midiendo la evolución de todos los miembros del núcleo familiar y cómo en contextos unificados por estar dentro de los estándares de pobreza monetaria y material. La respectiva documentación fílmica iba acompañada de encuestadores y profesionales de diferentes disciplinas generando estadística e instrumentos de evaluación cuantitativa y cualitativa de diagnóstico de desarrollo vital en las diferentes esferas de, valga la redundancia el desarrollo humano y sus dimensiones en esos entornos, comparados a cada año.

Es sociología desde todas sus escuelas aplicada en lo operativo y en los resultados entregando resultados para llamado a la acción de nuestras instituciones, pero también en sus resultados: un libro -ya disponible digitalmente y en físico publicado por la editorial Intermedio-, informes estadísticos gratuitos disponibles digitalmente.

En la película, salen seis familias y hay referencia tangencial a unas 10 personas y familias de diferentes regiones pasando desde una historia maravillosa de resiliencia real de una madre cabeza de hogar víctima de la tragedia natural del sismo que hizo desaparecer al municipio de Gramalote, Norte de Santander -que literalmente fue tragado por una falla geológica destruyendo todas las edificaciones, sin decir que la reubicación del municipio y sus habitantes a un nuevo pueblo tardó casi una década-, que gracias a su persistencia en la economía popular vendiendo alimentos hasta volviéndose lideresa social de sus paisanos llegó hasta Bogotá a trabajar en el Alto Gobierno y uno de sus hijos se convirtió en una estrella emergente como talento y creador de contenidos de la música rap llegando hasta Medellín a cumplir sus sueños; hasta los proyectos de vida de dos  niñas de Simijaca, Cundinamarca, que crecen juntas y unidas desde su niñez hasta que la vida y las dinámicas de conflictos familiares las separan, haciendo que una llegue a la educación superior y la otra repita la historia de los embarazos adolescentes y las relaciones tóxicas; y pasando por el hartazgo y el cansancio de una rutina monótona de trabajar siempre en el mismo sitio como le sucede a un señor que es un esposo de una empresaria que tiene hace más de treinta años una bodega de Fruver en Corabastos y en Facatativá.

Son historias más lejanas que cercanas a cada uno de nosotros.

ALGUNAS REFLEXIONES 

Ir al estreno de la película -demasiado modesto para ser un estreno nacional, salvo que me haya equivocado y haya sido en el Cine Colombia de la Avenida Chile o Andino-, es interesante porque al observar el público que acompaña la soledad de personas como yo que van al cine sólos para poder escribir estas líneas, es que es una película que más que cualquier otra, para entender su visión, se debe ir sin el arma de los prejuicios pero con la disposición necesaria de vernos en una realidad que muchas veces, vivimos, conocemos pero queremos sacar de nuestro relato y vida interior.

Spoiler de conclusión: la pobreza no es condena absoluta, no es condicionante ni está determinada de manera absoluta a los contextos. Esconde trampas, no le funcionan premisas absolutas (como que el trabajo saca de la pobreza y trae la felicidad). La voluntad es necesaria, la educación es determinante, pero la vida como todo juego depende en absoluto del azar.

Y el azar es lo más cercano en la realidad a un dios.

Jhon Jairo Armesto Tren

Con estudios en Administración ambiental de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas-Bogotá. Veedor ciudadano en presupuesto electoral de la Universidad desde 2011 hasta hoy registrado ante la Personería de Bogotá. Columnista de opinión en varios medios de comunicación digitales desde 2013. Actualmente director publicitario de El Nodo Colombia y columnista habitual, además en El Quindiano (Armenia) y Diario La Piragua (Montería, Córdoba)

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