Resumen Económico de la Semana del 04 al 08 de Mayo de 2026

Resumen Ejecutivo

La semana del 4 al 8 de mayo de 2026 quedará registrada como el momento en que el mercado comenzó a descontar una distensión en el Estrecho de Ormuz que los hechos físicos todavía no confirman. El Brent retrocedió 7,4% sobre expectativas diplomáticas entre EE. UU. e Irán, pero el “Proyecto Libertad” solo ha logrado el tránsito de dos embarcaciones frente a una lista de espera de más de 150. Esa brecha entre el precio y la realidad operativa del Estrecho es el riesgo central de la semana: si las negociaciones se estancan, la corrección del crudo se revertirá con la misma velocidad con que se produjo, arrastrando de nuevo las expectativas inflacionarias globales que los bancos centrales de tres continentes no han logrado anclar.

Estados Unidos cerró la semana con un diagnóstico de estanflación de oferta que los datos confirman desde distintos ángulos: el ISM de precios pagados en manufactura alcanzó 84,6 puntos —máximo desde 2022—, la confianza del consumidor de Michigan cayó a 48,2 en mínimos históricos con gasolina a $4,54 el galón, y la Encuesta de Hogares registró el cuarto mes consecutivo de destrucción neta de empleo pese al titular positivo de las nóminas. Kevin Warsh llega a la presidencia de la Fed con el mandato político de recortar tasas en el momento en que los datos exigen exactamente lo contrario. Europa absorbió un golpe fiscal de 70.000 millones de euros en proyecciones de ingresos alemanes, vio profundizarse la fractura transatlántica con la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania, y enfrentó la inestabilidad política del Reino Unido tras el revés electoral laborista. Asia presentó sus lecturas más densas del año: China batió récords de exportación ante la cumbre Trump-Xi del 14 de mayo, y Japón desplegó intervenciones cambiarias por 63.700 millones de dólares para defender el yen mientras el BOJ se aproxima a una subida de tasas en junio.

En América Latina, Banxico cerró formalmente su ciclo de recortes con una tasa en 6,50% y voto dividido, en un contexto donde la inflación subyacente de servicios alcanzó máximos de diez meses y la inflación mensual anualizada subió a 6,6%. Brasil exhibió récords de comercio exterior en el primer trimestre, pero con nueve caídas consecutivas de exportaciones hacia EE. UU. y un crecimiento de 25,4% acumulado hacia China que refleja una recomposición geopolítica de socios impuesta por los aranceles de Washington, no elegida por Brasilia.

Colombia concentró la mayor densidad de señales de riesgo simultáneo de la región. La inflación de abril llegó a 5,68% —máximo desde septiembre de 2024—, con el BanRep proyectando cierre de año en 6,4% y convergencia a la meta postergada hasta 2028. Las minutas del emisor reconocieron explícitamente el costo intertemporal de la pausa monetaria, el gerente técnico Hernando Vargas advirtió que ese costo crece mientras más se prolongue la decisión, y J.P. Morgan recomendó posiciones cortas sobre el peso frente a una canasta de MXN y BRL. La CEPAL certificó que Colombia registró el mayor deterioro fiscal de América Latina en 2025, el CARF redujo el PIB potencial a 2,6% para el horizonte 2026-2037, el Decreto 415 enfrenta doce demandas judiciales con plazo al 14 de mayo, y el Índice de Incertidumbre de la Política Económica alcanzó su nivel más alto en un año. El COLCAP cedió 2,54% semanal y el peso se depreció 2,8%, desligándose del bloque emergente que se apreció en bloque ante la debilidad del DXY.

El denominador común de la semana es que los márgenes de error se han comprimido simultáneamente en todos los planos relevantes: para la Fed, que no puede recortar sin amplificar expectativas inflacionarias ni subir sin agravar el deterioro del consumo; para el BCE y el BOJ, que enfrentan el mismo dilema desde posiciones de crecimiento más débiles; para Colombia, donde la brecha entre el ajuste fiscal requerido —entre 4% y 5% del PIB según el CARF— y que el entorno político permite ejecutar define, por sí sola, el principal riesgo macroeconómico del país en el mediano plazo. El S&P 500 acumula seis semanas de ganancias y el ciclo de IA sostiene el rally; pero las valoraciones que descuentan un aterrizaje suave coexisten con datos que, semana tras semana, describen otra cosa.

 I. Estados Unidos: Empleo que disimula su fragilidad, inflación que no cede y la Fed atrapada entre Ormuz y Warsh

La economía estadounidense opera bajo una presión inflacionaria estructural que el mercado laboral no tiene capacidad de aliviar y que la política monetaria, por sí sola, no puede resolver mientras el Estrecho de Ormuz permanezca funcionalmente cerrado.

El ISM. Los índices de actividad empresarial de abril no dejaron espacio para interpretaciones benignas en materia de costos. En el sector servicios, el indicador compuesto cedió levemente hasta 53,6 desde 54,0 en marzo, señal de expansión moderada, pero el subíndice de precios pagados se mantuvo en 70,7, su nivel más elevado desde octubre de 2022. En manufactura, la actividad se estabilizó en 52,7, mientras el componente de precios dio un salto hasta 84,6, máximo desde abril de 2022, impulsado por el encarecimiento energético derivado del conflicto en Medio Oriente y por el alargamiento de plazos de entrega en cadenas de suministro industriales. La lectura conjunta de ambos indicadores traza una economía que crece, pero que traslada costos a lo largo de toda su cadena productiva con una intensidad que no se veía desde los episodios inflacionarios de 2022.

El mercado laboral. El informe de empleo de abril presentó una discrepancia metodológica de magnitud suficiente para cuestionar las conclusiones que Wall Street extrajo en las primeras horas de su publicación. La Encuesta de Establecimientos registró la creación de 115.000 nóminas no agrícolas, por encima del consenso de 65.000, con concentración en salud, transporte y almacenamiento, y con la tasa de desempleo U-3 estabilizada en 4,4%. Esa lectura superficial fue la que dominó el titular. La Encuesta de Hogares contó otra historia: pérdida neta de 226.000 personas empleadas en abril, cuarto mes consecutivo de contracción, caída de la tasa de participación laboral al 61,8% —mínimo desde septiembre de 2021— y un aumento de 445.000 trabajadores a tiempo parcial por razones económicas que implica una destrucción de empleo a tiempo completo de hasta 610.000 puestos. La tasa de desempleo ampliada derivada de esta encuesta ascendió a 8,2%, frente a 8,0% en marzo. La divergencia entre ambas mediciones no es un detalle técnico: refleja que la demanda laboral que reportan los establecimientos no se traduce en mejora real de las condiciones de los hogares, y que la presión desinflacionaria que algunos esperaban del mercado de trabajo simplemente no existe.

El crecimiento salarial del 3,6% interanual en abril —por debajo del 3,8% esperado— no compensa una inflación que en marzo cerró en 3,3%, y menos aún en un entorno donde los costos de energía absorben una fracción creciente del ingreso disponible. La productividad del primer trimestre creció 0,8% trimestral, moderándose desde 1,6%, y los costos laborales unitarios se ubicaron en 2,3%, dentro del rango manejable en términos interanuales, pero esto pierde relevancia frente a un choque de oferta energética que opera por fuera del alcance de la política salarial.

La confianza del consumidor y la gasolina a $4,54. El Índice de Sentimiento del Consumidor de la Universidad de Michigan para mayo descendió a 48,2, aproximándose a mínimos históricos y por debajo de las proyecciones del consenso de 49,7. El componente de condiciones actuales cayó un 9%, a 47,8, con las finanzas personales y las condiciones para compras de alto valor como principales factores de deterioro. Un tercio de los encuestados mencionó espontáneamente el precio del combustible —el galón de gasolina regular promedió $4,54 a nivel nacional, $1,40 por encima del nivel de un año atrás—, y otro tercio citó los aranceles como factor de presión. La combinación de ambos elementos apunta a que el consumidor percibe el deterioro de su poder adquisitivo como resultado directo de decisiones de política exterior y comercial, lo que añade una dimensión política al problema económico. Las expectativas de inflación a un año retrocedieron marginalmente a 4,5% desde 4,7%, y las de largo plazo a 3,4% desde 3,5%, pero ninguna de estas cifras se acerca al objetivo del 2% de la Fed.

La reunión del FOMC de la semana dejó la tasa de referencia sin cambio, como se anticipaba, pero el debate interno reveló un desplazamiento de equilibrio hacia posiciones más restrictivas. Tres presidentes regionales disintieron del comunicado no en la decisión de mantener tasas, sino en el lenguaje de orientación futura que sugería que el próximo movimiento sería un recorte. Austan Goolsbee, presidente de la Fed de Chicago, señaló que la inflación lleva cinco años por encima del objetivo y que en los últimos tres meses ha repuntado en lugar de ceder, con presión creciente en servicios más allá del efecto energético. Los mercados de futuros han eliminado prácticamente cualquier probabilidad de recorte de tasas antes de 2027, con una curva que asigna mayor probabilidad a alzas que a bajas en el horizonte de 18 meses.

Kevin Warsh llega a la presidencia de la Fed en este contexto. Trump lo designó con la expectativa implícita de tasas más bajas, y Warsh ha sostenido públicamente que es posible relajar la política monetaria sin perder el control de la inflación. Esa tesis enfrenta un examen empírico complicado: con el IPC en 3,3%, las expectativas de inflación del consumidor por encima del 4% a un año, y precios del combustible que operan como un impuesto regresivo sobre los hogares de menores ingresos, el margen para argumentar un recorte es estrecho. El riesgo institucional es de doble naturaleza: si Warsh cede a la presión política y recorta prematuramente, la credibilidad de la Fed —ya debilitada— puede sufrir un daño duradero en su capacidad de anclar expectativas; si mantiene la postura restrictiva que los datos exigen, el conflicto con la Casa Blanca se convierte en ruido que los mercados de renta fija tendrán que descontar.

Balanza comercial y el efecto arancelario. El déficit comercial de bienes y servicios de marzo ascendió a $60.300 millones, ampliándose $2.500 millones frente a febrero. Las exportaciones crecieron $6.200 millones, impulsadas por suministros industriales y energía —reflejo directo de los precios del petróleo—, mientras que las importaciones aumentaron $8.700 millones, con vehículos y bienes de capital como componentes principales. Sin embargo, en lo que va del año el déficit acumulado se ha reducido 55% frente al mismo período de 2025, con importaciones totales inferiores en $111.000 millones, evidencia del efecto de los aranceles sobre la demanda de bienes externos. Este ajuste en el flujo comercial tiene un costo doméstico: los bienes importados más caros alimentan la presión sobre precios al consumidor y sobre los márgenes de las cadenas de distribución minorista.

Ormuz. La declaración del Secretario del Tesoro Scott Bessent el 4 de mayo, afirmando que EE. UU. tiene “control absoluto” del Estrecho de Ormuz y que los barcos iraníes ya están saliendo, no produjo movimiento alguno en el precio del Brent, que cotizó cerca de $108 por barril. La inmovilidad del mercado fue elocuente: el denominado “Proyecto Libertad” ha logrado el tránsito de exactamente dos embarcaciones frente a una lista de espera de más de 150. Goldman Sachs estima que el bloqueo ha retirado 14,5 millones de barriles diarios del mercado global, la mayor interrupción jamás registrada por la Agencia Internacional de Energía. Las reservas mundiales de petróleo se encuentran en 101 días de demanda y se proyecta que desciendan a 98 días a finales de mayo, con escasez concentrada en productos refinados —nafta, GLP, combustible para aviación— en Europa y Asia emergente. Los bancos de inversión mantienen proyecciones divergentes: Morgan Stanley prevé Brent en $110 para el segundo trimestre, Citi contempla un escenario alcista de $130, y Goldman Sachs proyecta $90 para el cuarto trimestre. Ninguna de estas estimaciones descuenta una resolución limpia del conflicto en el corto plazo, porque el mercado no le está creyendo a Bessent.

Valoración. El ciclo económico estadounidense enfrenta esta semana su dilema más nítido desde el inicio del conflicto con Irán: una economía que genera empleo según una encuesta y lo destruye según otra, una inflación que no converge al objetivo y un banco central cuya nueva conducción llega con el mandato político de recortar tasas en el momento en que los datos justifican exactamente lo contrario. La trampa de estanflación de oferta no es un escenario de riesgo; es la descripción del estado actual. Mientras Ormuz no se normalice, la Fed no puede recortar sin amplificar expectativas inflacionarias, ni puede subir sin agravar el deterioro del consumo privado cuya confianza toca mínimos históricos. El margen de error se ha comprimido hasta el punto en que cualquier sorpresa negativa —en energía, en geopolítica o en el frente político interno— llegaría a una economía que ya no tiene amortiguadores disponibles.

 

II. Europa: Alemania ante un choque fiscal de €70.000 millones, la fractura transatlántica se profundiza y el Reino Unido entra en turbulencia política

Europa cerró la semana con una combinación de señales que refuerzan el diagnóstico de la semana anterior: una actividad industrial que no encuentra tracción, una relación transatlántica que se deteriora con velocidad creciente, y unas economías cuyo margen de maniobra fiscal y monetario se estrecha precisamente cuando el choque energético de Ormuz exige capacidad de respuesta. El denominador común no es la debilidad cíclica, sino la acumulación de fragilidades estructurales que el conflicto en Medio Oriente está acelerando.

Alemania. Los datos de producción industrial de marzo confirmaron que la primera economía del bloque sigue sin encontrar el impulso necesario para salir del letargo en que lleva instalada desde 2023. La producción industrial cayó 0,7% intermensual —frente a una caída de 0,5% en febrero— y acumuló un retroceso interanual de 2,8%, el más pronunciado desde el inicio del año. El sector energético fue el componente de mayor arrastre negativo con una contracción del 4,0% mensual, mientras que la ingeniería mecánica cayó 2,7%. La industria del automóvil y la construcción aportaron la única nota positiva con un avance del 1,9% en ambos casos, insuficiente para compensar el deterioro del conjunto.

La lectura de los pedidos industriales agrega una capa de complejidad al análisis: el repunte del 5,0% intermensual en marzo puede interpretarse, en parte, como acumulación preventiva de inventarios ante la incertidumbre sobre el suministro derivada del conflicto en Irán, más que como una recuperación genuina de la demanda final. Este patrón se refleja con claridad en la balanza comercial: las importaciones crecieron 5,1% mensual hasta los 121.500 millones de euros, frente a un avance de apenas 0,5% en las exportaciones, que totalizaron 135.800 millones. El resultado fue una contracción del superávit comercial hasta 14.300 millones de euros, mínimo de cuatro meses, desde los 19.600 millones de febrero. Una economía exportadora que ve caer su excedente comercial mientras sus costos de importación aumentan —impulsados por el encarecimiento energético— está comprimiendo sus márgenes de competitividad en tiempo real.

El golpe de mayor magnitud estructural llegó desde el frente fiscal. El ministro de Finanzas Lars Klingbeil anunció que las proyecciones de ingresos tributarios para el período 2026-2030 han sido recortadas en 70.000 millones de euros, atribuidos directamente al choque energético derivado de la guerra en Irán. La cifra no es una advertencia teórica: es la cuantificación del costo fiscal que la política exterior de Washington está transfiriendo a los presupuestos europeos. Para Alemania, que aún no ha resuelto su debate interno sobre cómo financiar el reclasificado gasto en defensa sin violar el freno constitucional al endeudamiento, esta pérdida de ingresos añade presión a una arquitectura presupuestal que el gobierno de coalición de Friedrich Merz ya administraba con márgenes ajustados.

El Reino Unido: inestabilidad política sobre una economía ya debilitada. Las elecciones locales y regionales del Reino Unido confirmaron la tendencia que las encuestas anticipaban: el Partido Laborista de Keir Starmer fue el gran perjudicado, con el partido Reform UK de orientación pro-Brexit capitalizando el descontento. Con alrededor del 20% escrutado, la extrapolación apuntaba a una pérdida de confianza de los votantes en el gobierno que aumenta la presión interna sobre Starmer y abre la posibilidad de un relevo en el liderazgo laborista. Los candidatos del ala izquierda del partido —con mayor propensión al gasto público— figuran entre los nombres con mayor tracción en las encuestas internas. Un eventual cambio en esa dirección sería leído por los mercados de gilts y por el mercado de divisas como una presión adicional sobre el control del déficit, en una economía que ya creció apenas 1,4% en 2025. El sector inmobiliario añadió su propia señal de enfriamiento: los precios de la vivienda retrocedieron 0,1% mensual en abril, situando el crecimiento anual en 0,4% —el más bajo en varios años— con un precio medio de 299.313 libras esterlinas. El encarecimiento del crédito hipotecario sostenido por una política monetaria restrictiva está pasando factura a un mercado que había resistido mejor de lo esperado durante los trimestres previos.

España. España presentó datos de producción industrial positivos para marzo: un repunte de 2,3% intermensual y 1,8% interanual, impulsado por bienes de consumo no duraderos (+4,2%), bienes de equipo (+3,0%) y bienes intermedios (+1,8%). La solidez relativa de la economía española —que ya había destacado la semana anterior con un crecimiento del 0,6% trimestral y 2,7% interanual— se refleja también en el comportamiento del ahorro de los hogares: desde el inicio del conflicto en Irán, los inversores minoristas españoles han solicitado 7.653 millones de euros en Letras del Tesoro, en su mayoría a plazos de seis y doce meses. La rentabilidad de las letras a doce meses alcanzó el 2,651% en la subasta del 5 de mayo, máximo desde septiembre de 2024. Este flujo hacia instrumentos de deuda pública de corto plazo es la expresión financiera del mismo fenómeno que mide la encuesta de la Universidad de Michigan en Estados Unidos: los hogares, ante la incertidumbre inflacionaria, prefieren preservar capital en instrumentos de bajo riesgo antes que sostener el consumo o asumir posiciones de mayor duración.

Valoración. Europa entra en la segunda semana de mayo con un mapa de riesgos que se ha densificado en varios frentes simultáneamente. Alemania combina debilidad industrial estructural con un déficit fiscal proyectado que crece en 70.000 millones de euros, una fractura política con Washington que ya tiene expresión militar. El Reino Unido agrega inestabilidad política sobre un ciclo económico ya frágil. España sostiene su tracción relativa, pero no es inmune al deterioro del bloque. El choque de Ormuz no es solo un problema de precios de energía para Europa: es el catalizador que está acelerando fragilidades preexistentes —fiscales, industriales, geopolíticas— cuya corrección requería reformas estructurales que ningún gobierno del continente ha logrado implementar con la velocidad que la situación exige.

 

III. Asia: China bate récords de exportación antes de la cumbre Trump-Xi y Japón gasta $63.700 millones defendiendo el yen

China confirmó una aceleración exportadora de magnitud superior a cualquier proyección del consenso, justo antes de la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping prevista para el 14 y 15 de mayo en Pekín; y Japón desplegó la mayor intervención cambiaria en dos años para defender al yen de una depreciación que el choque energético de Ormuz estaba convirtiendo en una amenaza sistémica para su economía.

China: exportaciones récord, importaciones que revelan el apetito interno y una cumbre que lo condiciona todo. Los datos de comercio exterior de abril sorprendieron al conjunto del mercado con una amplitud que raramente se observa en una economía de este tamaño. Las exportaciones crecieron 14,1% interanual en valor, alcanzando un récord de 359.440 millones de dólares, frente a un avance de apenas 2,5% en marzo y una proyección del consenso de 7,9%. El impulso provino de dos fuentes que se retroalimentan: el ciclo alcista de semiconductores y equipos relacionados con inteligencia artificial, y la acumulación preventiva de inventarios manufactureros por parte de compradores globales que anticipan nuevas disrupciones en las cadenas de suministro derivadas del conflicto en Oriente Medio. Los nuevos pedidos de exportación subieron a su nivel más alto en dos años.

Las importaciones, crecieron 25,3% interanual hasta 274.620 millones de dólares, por encima de la previsión de 15,2% y marcando el segundo mes consecutivo de compras récord. Equipos de procesamiento de datos aumentaron 60,6%, semiconductores 13,2%, circuitos integrados 47,8% y tierras raras 93,3%. China está importando con agresividad los insumos de la economía digital mientras reduce compras de gas natural (-15,1%), carbón (-5,9%) y acero (-7,8%). El superávit comercial resultante fue de 84.820 millones de dólares en abril, superando las estimaciones de 83.300 millones, mientras que el superávit acumulado con Estados Unidos en lo que va del año alcanzó los 87.700 millones de dólares —cifra que llegará a la mesa de negociación en Pekín con toda su carga política.

La cumbre Trump-Xi concentra la mayor carga de expectativas de la región. Trump buscará concesiones comerciales antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, pero ejecutivos y analistas no anticipan avances de fondo: los aranceles vigentes de 47% sobre exportaciones chinas hacia Estados Unidos permanecen activos, y China terminó 2025 con un superávit comercial récord de 1,2 billones de dólares. El margen de maniobra de Beijing para ofrecer concesiones simbólicas sin ceder en las cuestiones de fondo —tecnología, Taiwán, coordinación sobre Irán— es limitado. Los exportadores chinos que diversificaron mercados hacia América del Sur durante el período de aranceles más agresivos no tienen incentivos para revertir esa estrategia ante lo que el mercado interpreta, en el mejor caso, como una extensión de la tregua de Busan. El riesgo latente es que la cumbre genere expectativas que los datos del segundo trimestre no puedan sostener, particularmente si el alargamiento del conflicto en Irán reduce la demanda externa con la que China está compensando su persistente debilidad en consumo privado —las ventas minoristas siguen rezagadas respecto a la producción industrial, y las tasas de desempleo subieron levemente en abril.

Japón. El banco central y el Ministerio de Finanzas japoneses desplegaron esta semana una coordinación de política monetaria y cambiaria de alcance inusual. Las intervenciones de compra de yen realizadas entre el 30 de abril y los primeros días de mayo totalizaron aproximadamente 10 billones de yenes —63.700 millones de dólares— según fuentes citadas por Reuters, sin confirmación oficial. El resultado fue inmediato en términos de posicionamiento especulativo: las posiciones cortas netas en el yen cayeron de 102.059 contratos —máximo de casi dos años— a 61.738 contratos en la semana terminada el 5 de mayo, según datos de la CFTC. El yen cotizó en torno a 156,71 por dólar, alejándose del mínimo de 160,725 registrado el 30 de abril que detonó la primera ronda de intervención.

La arquitectura de esta estrategia cambiaria revela algo más que una operación técnica de estabilización: es una apuesta coordinada entre Tokio y Washington. El gobernador del BOJ Kazuo Ueda desplazó su lenguaje hacia una postura más restrictiva en abril, alineando al banco central con el Ministerio de Finanzas y presentando al mercado un frente unificado. La visita del Secretario del Tesoro Scott Bessent a Japón la próxima semana —con reuniones previstas con la ministra Satsuki Katayama y la Primera Ministra Sanae Takaichi— se interpreta como una oportunidad para que Washington otorgue respaldo explícito o implícito a las acciones de Tokio, elevando el costo de apostar contra el yen. Bessent ya había jugado un rol análogo en enero, cuando solicitó subidas de tasas más rápidas del BOJ y coordinó un inusual “chequeo de tasas” que el mercado leyó como preludio de intervención.

El debate sobre si el BOJ subirá tasas del 0,75% al 1,0% en la reunión del 15 y 16 de junio ha cobrado centralidad. Ueda tiene programado un discurso el 3 de junio que el mercado vigila como señal adelantada. La complicación política proviene de la propia Primera Ministra Takaichi, históricamente defensora de política monetaria laxa, quien ha llenado la junta del banco central con miembros de tendencia acomodaticia y que enfrenta una tensión interna: no quiere que el BOJ suba tasas, pero tampoco puede ignorar el impacto del costo de vida sobre los hogares japoneses. La intervención cambiaria directa fue la salida de compromiso —estabiliza la moneda sin endurecer formalmente la política monetaria— pero su efecto es transitorio si el diferencial de tasas con Estados Unidos no se comprime.

El PMI de servicios cayó a 51,0 en abril desde 53,4 en marzo, deterioro atribuido al aumento de la incertidumbre geopolítica y al encarecimiento de los costos de producción. El PMI compuesto se moderó a 52,2 desde 53,0, con la producción industrial sosteniendo la expansión mientras los servicios ceden. La presión estructural de fondo sobre el yen no proviene únicamente de la política monetaria: la fuerte dependencia de Japón de las importaciones de energía convierte el choque petrolero de Ormuz en un deterioro directo del déficit comercial, lo que genera presión vendedora sobre la moneda con independencia de los movimientos del BOJ. Esta vulnerabilidad energética sistémica es el límite real de cualquier estrategia de estabilización cambiaria que no venga acompañada de una resolución del conflicto en Oriente Medio.

Valoración. Asia presenta esta semana la mayor concentración de eventos de riesgo de corto plazo en el calendario global: una cumbre Trump-Xi cuyo resultado condicionará las expectativas sobre flujos comerciales y de capital para el segundo semestre, una decisión del BOJ en junio que puede determinar la dirección del yen por varios trimestres, y una visita de Bessent a Tokio que definirá si la coordinación cambiaria tiene respaldo estructural o es un alivio transitorio. China opera desde una posición de fortaleza exportadora real, pero con un consumo interno que no cierra la brecha y una dependencia energética de Oriente Medio que el conflicto en Irán convierte en palanca de negociación geopolítica para Washington. Japón exhibe resiliencia en la manufactura, pero su economía absorbe simultáneamente un choque energético, una moneda bajo presión y una clase política que no ha resuelto el conflicto entre sostenibilidad del yen y expansión monetaria. En ambos casos, las decisiones de las próximas dos semanas tienen una capacidad de redireccionamiento de escenario que los datos de la semana, por sí solos, no capturan.

 

IV. México y Brasil: Banxico cierra su ciclo de recortes con voto dividido y Brasil reorienta su comercio exterior hacia China

América Latina presentó esta semana dos eventos de política económica con implicaciones de largo alcance: Banxico ejecutó lo que definió formalmente como el último recorte de su ciclo de relajación monetaria iniciado en marzo de 2024, en medio de una votación dividida que revela la tensión interna entre el imperativo de sostener una economía en contracción y el riesgo de alimentar expectativas inflacionarias que aún no convergen hacia la meta. Brasil, por su parte, exhibió récords históricos en su comercio exterior del primer trimestre, pero con una recomposición de socios que habla más de la geografía de los aranceles estadounidenses que de una fortaleza genuina de su sector exportador.

México. La Junta de Gobierno del Banco de México redujo la tasa de interés interbancaria a un día en 25 puntos básicos hasta el 6,50%, declarando formalmente la conclusión “del ciclo iniciado en marzo de 2024”. La votación fue de tres a dos: la gobernadora Victoria Rodríguez y los subgobernadores José Gabriel Cuadra y Omar Mejía votaron a favor del recorte; los subgobernadores Jonathan Heath y Galia Borja disintieron y abogaron por mantener la tasa en 6,75%. Esta fisura no es un dato menor: Heath y Borja representan la lectura más conservadora del balance de riesgos inflacionarios dentro de la junta, y su posición disidente en el momento del cierre formal del ciclo indica que la institución no tiene consenso sobre si el nivel actual es suficientemente restrictivo para anclar expectativas en un entorno de presiones de costos persistentes.

La justificación de la mayoría descansa sobre dos pilares que en la práctica se tensionan. El primero es el dato de actividad: el primer trimestre de 2026 registró una contracción económica que implica mayor holgura de la previamente anticipada y ausencia de presiones de demanda. El segundo es la trayectoria de la inflación, que en abril moderó a 4,45% anual desde 4,59% en marzo, por debajo del 4,53% esperado por el consenso de analistas. El resultado mensual de 0,20% fue influenciado por la entrada en vigencia del subsidio de tarifas eléctricas para la temporada cálida —que redujo el precio de la electricidad 14,0% mensual— y por descensos en productos pecuarios como pollo (-2,44%) y huevo (-3,48%), la mayor caída para un mes de abril desde 1988.

Sin embargo, la lectura de conjunto no admite complacencia. La inflación subyacente cerró en 4,26% anual, con el componente de servicios alcanzando un máximo de diez meses y contribuyendo el 40,1% del avance total del INPC en abril. La inflación no subyacente mostró una aceleración interanual de 5,08%, con frutas y verduras disparándose 21,43% en doce meses. Los precios del chile serrano subieron 36,27%, el jitomate 19,25% y el chile poblano 41,42% en el mes. Bajo datos desestacionalizados, analistas de Banamex estiman que la inflación mensual anualizada pasó de 6,2% en marzo a 6,6% en abril —un deterioro que el titular mensual no revela. La proyección de la misma institución para el cierre del año es de 4,30%, con sesgo alcista derivado de efectos de segundo orden de aranceles e impuestos. Banxico revisó al alza sus propias proyecciones de inflación general para el segundo trimestre de 2026, de 4,0% a 4,1%, y para el tercero, de 3,7% a 3,8%, postergando la convergencia a la meta del 3,0% hasta el segundo trimestre de 2027.

El comunicado dejó como señal de orientación futura que “será apropiado mantener la tasa de referencia en su nivel actual”, cerrando formalmente la ventana de recortes adicionales. La junta reconoció entre los principales riesgos al alza para la inflación las disrupciones derivadas de políticas comerciales, el impacto de los conflictos geopolíticos, la persistencia de la inflación subyacente, presiones de costos y —de manera explícita— la “tendencia a la depreciación del peso mexicano”. Este último punto es estratégicamente relevante: si la moneda continúa bajo presión, el traspaso inflacionario puede reactivar el componente de mercancías justo cuando los servicios ya operan en máximos de casi un año. Una tasa en 6,50% que el propio banco declara como punto de llegada del ciclo puede resultar insuficiente si esa combinación de factores se materializa en el segundo semestre.

Brasil. El primer trimestre de 2026 estableció máximos históricos simultáneos en exportaciones, importaciones y comercio total de Brasil. Las exportaciones alcanzaron 82.300 millones de dólares, un crecimiento de 7,1% frente al mismo período de 2025, impulsado principalmente por la industria minera, cuyas exportaciones crecieron 22,6%. Las importaciones sumaron 68.200 millones de dólares (+1,3%), generando una balanza comercial positiva de 14.200 millones y un comercio total de 150.500 millones de dólares, 4,4% por encima del primer trimestre de 2025.

Las exportaciones brasileñas hacia Estados Unidos cayeron 11,3% interanual hasta 3.121 millones de dólares, marcando la novena disminución consecutiva desde la imposición de los aranceles adicionales del 50% por parte de la administración Trump a mediados de 2025. Las importaciones desde Estados Unidos retrocedieron 18,1%, dejando un superávit comercial bilateral de apenas 20 millones de dólares a favor de Brasil. El Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios estima que el 22% de las exportaciones brasileñas sigue sujeto a los aranceles adicionales —una combinación de sobretasa del 40% más el arancel base del 10%— lo que configura un freno permanente sobre ese flujo comercial que no desaparece con recuperaciones marginales.

El vector opuesto fue China: las exportaciones hacia el mercado chino crecieron 32,5% en abril hasta 11.610 millones de dólares, con importaciones desde China que aumentaron 20,7% hasta 6.054 millones, generando un superávit bilateral de 5.560 millones de dólares en el mes. En los primeros cuatro meses del año, las exportaciones brasileñas a China acumulan un crecimiento de 25,4%, con un superávit acumulado de 11.650 millones de dólares. Brasil está perdiendo terreno comercial en su relación con Washington y ganando exposición a Pekín a un ritmo que ninguna política deliberada de diversificación habría diseñado con esta velocidad. El resultado es una dependencia creciente del ciclo de demanda chino —particularmente en materias primas y minerales— que amplifica la vulnerabilidad de Brasil ante una eventual desaceleración de la economía asiática o ante cambios en las prioridades de importación de Beijing.

Valoración. México y Brasil enfrentan esta semana decisiones de política que definen su posición de cara al segundo semestre con márgenes de maniobra estrechos en ambos casos. Banxico cerró su ciclo de recortes en el punto exacto en que la disidencia interna y los riesgos inflacionarios al alza hacen cuestionable esa conclusión: si la depreciación del peso se acentúa, si los precios de energía por el conflicto en Irán se trasladan con mayor fuerza al componente no subyacente, o si la inflación de servicios sigue escalando, el banco central habrá llegado al final de su ciclo sin haber alcanzado el anclaje de expectativas que justificaría esa señal. Brasil exhibe cifras de comercio exterior que lucen sólidas en el agregado pero que encubren una reconfiguración de socios con implicaciones geopolíticas de primera magnitud: la novena caída consecutiva de exportaciones a Estados Unidos y el crecimiento de 25,4% acumulado hacia China describen una economía que no eligió su nueva geografía comercial, sino que fue empujada hacia ella por la política arancelaria de Washington. Esa asimetría entre lo que los números muestran y lo que la arquitectura de riesgos implica es el denominador común de la semana en América Latina.

 

V. Colombia: Inflación que vuelve a escalar, BanRep admite el costo de la pausa y el sistema pensional enfrenta su prueba judicial más urgente

La inflación de abril superó las expectativas del mercado y marcó su nivel más alto en diecinueve meses, las minutas del Banco de la República confirmaron que la pausa monetaria tiene un costo intertemporal explícitamente reconocido por el propio equipo técnico, el Decreto 415 sobre traslados pensionales enfrenta doce demandas judiciales con solicitud de medidas cautelares antes del 14 de mayo, y el Índice de Incertidumbre de la Política Económica alcanzó su nivel más alto en un año.

El DANE reportó que el IPC de abril se ubicó en 5,68% anual, el registro más elevado desde septiembre de 2024 cuando alcanzó 5,81%, y 52 puntos básicos por encima del dato de abril de 2025. La variación mensual fue de 0,78%, impulsada por alimentos y bebidas no alcohólicas (1,51%), muebles y artículos para el hogar (1,06%) y transporte (0,81%). En la descomposición anual, la presión proviene de los componentes de mayor rigidez: Restaurantes y hoteles (9,61%), Salud (8,21%), Educación (7,58%), Alimentos (6,71%) y Bebidas alcohólicas y tabaco (6,91%), todos por encima del promedio nacional. El transporte urbano contribuyó 10,76% en variación anual, el arriendo imputado 4,77% y las comidas en establecimiento 9,64%. En el acumulado enero-abril, la inflación llegó a 3,87%, superior al 3,30% del mismo período de 2025, con Educación (5,89%), Alimentos (5,87%) y Restaurantes y hoteles (5,62%) como los mayores contribuyentes.

La lectura de precios al productor añade dimensión al diagnóstico. El IPP de producción nacional registró en abril una variación mensual de -0,38%, con agricultura (-2,60%) y minería (-0,91%) como componentes de arrastre, mientras que la industria manufacturera aportó 0,53% positivo. Sin embargo, en lo corrido del año el IPP acumula 7,32%, traccionado por minería (33,28%) y derivados del petróleo —aceites crudos (49,23%) y otros combustibles (79,05%)—. Esta divergencia entre un IPP mensual que cede y un acumulado anual que presiona revela el desfase entre los precios en origen y su transmisión a la cadena de consumo final: cuando los costos de insumos energéticos y de transporte han escalado con la magnitud que señalan estos registros acumulados, el efecto sobre precios al consumidor llega con rezago y tiende a ser persistente.

La Cámara Colombo Americana (AmCham) calificó el resultado como una “alerta” para la economía, destacando que los rubros que presionan al alza —alimentos, transporte, salud, restaurantes— son simultáneamente costos operativos clave del sector productivo y componentes esenciales del presupuesto familiar.

Las minutas del Banco de la República: la pausa tiene un precio, y el propio emisor lo reconoce. La publicación del acta de la reunión del 30 de abril confirmó que la decisión de mantener la tasa en 11,25% fue unánime, contraste significativo con las reuniones anteriores en que existieron posiciones divididas. El lenguaje de las minutas es técnico y descriptivo, sin señales explícitas sobre la dirección futura de la política monetaria, y la discusión se mantuvo centrada en inflación, expectativas, condiciones financieras y actividad económica. La Junta revisó el comportamiento de servicios y bienes regulados, monitoreó expectativas de analistas y mercados —que siguen por encima de la meta— y reiteró su compromiso con la convergencia al 3%. El documento no ofrece orientación futura, sino una declaración de vigilancia continua.

Lo más significativo de la comunicación semanal del emisor no provino de las minutas sino de la intervención del gerente técnico Hernando Vargas en la presentación del Informe de Política Monetaria. Vargas advirtió con precisión técnica que la pausa en el ciclo de endurecimiento tiene un costo directo sobre la velocidad de desinflación, y que ese costo no es fijo: crece en función de cuánto se prolongue la decisión. Si la pausa se extiende sin que la inflación ceda, el banco central enfrentará la disyuntiva de aplicar medidas más contundentes en el futuro —alzas de tasa más pronunciadas o un período más largo de tasas elevadas. Esa advertencia es, en el lenguaje técnico de la banca central, una admisión explícita del riesgo intertemporal de la decisión adoptada.

Vargas también abordó la incertidumbre en torno a la tasa de interés real neutral, estimada por el equipo técnico en 3,1% para 2026 con sesgo al alza, y planteó una lectura de alta relevancia analítica: el estancamiento de la inflación desde mediados de 2025 pese a tasas reales elevadas podría indicar que la tasa neutral es más alta de lo estimado, lo que implica que la postura monetaria actual es menos restrictiva de lo que los datos nominales sugieren. Esta hipótesis, si se confirma con los datos subsiguientes, elevaría sustancialmente el umbral necesario para que la política monetaria tenga el efecto desinflacionario requerido. Las proyecciones del equipo técnico ya internalizan parte de este riesgo: la inflación total cerraría 2026 en 6,4%, descendería a 3,7% en 2027 y convergiría al 3% solo hacia 2028. El crecimiento del PIB se estima en 2,4% para 2026 y 2,1% para 2027, desaceleración necesaria para eliminar excesos de demanda.

El análisis de J.P. Morgan sobre mercados emergentes publicado esta semana formalizó en términos de posicionamiento lo que el mercado cambiario ya estaba expresando en precio. El banco recomienda posiciones cortas en COP frente a una canasta igualmente ponderada de MXN y BRL, con un objetivo de retorno del 6%, citando cuatro factores: politización de la política monetaria, posible erosión de la credibilidad del banco central, reducción de tasas reales y ruido electoral. En el mercado de tasas, sugiere entrar en operaciones de steepener 5s10s IBR —al considerar que el diferencial se encuentra en mínimos históricos y que la combinación del choque del BanRep con la prima de riesgo electoral puede impulsar un mayor empinamiento de la curva— y mantiene posición larga en bonos UVR 2031 frente a IBR a cinco años, con objetivo de rendimiento de 4,70%. La postura de J.P. Morgan sobre TES y COP es neutral dentro de su portafolio modelo de deuda emergente, señal de que el banco no ve catalizador positivo de corto plazo pero tampoco descuenta un episodio de ruptura abrupta.

El frente fiscal: CEPAL, CARF y el ministro Ávila con lecturas divergentes. La CEPAL certificó esta semana que Colombia registró el mayor deterioro fiscal de América Latina en 2025: el balance primario del Gobierno Nacional Central pasó de un déficit de 2,4% a 3,6% del PIB, una caída de 1,2 puntos porcentuales que no tiene equivalente en la región. La deuda pública bruta se ubicó en 64,4% del PIB al cierre de 2025, frente a 61,3% en 2024, y Colombia comparte con Brasil el dudoso privilegio de registrar los mayores incrementos en tasas de bonos soberanos a diez años en moneda nacional de América Latina. El promedio regional de deuda pública se ubica en 52,3% del PIB; Colombia supera ese umbral en más de doce puntos.

El CARF añadió una perspectiva de largo alcance igualmente preocupante: su estimación actualizada del PIB tendencial para 2026-2037, elaborada por primera vez con una metodología dual que combina el filtro multivariado de Kalman y la función de producción tipo Cobb-Douglas, proyecta un crecimiento potencial promedio de apenas 2,6%. Para 2025 y 2026 el potencial se sitúa en 2,5%. Esta reducción del PIB tendencial tiene implicación fiscal directa: al rebajarse el crecimiento potencial, los ingresos estructurales que sirven de base para el cálculo del Balance Primario Neto Estructural se reducen, restando aproximadamente 27 billones de pesos en ingresos proyectados para 2026. La tasa natural de desempleo converge hacia 10,2% al final del horizonte de proyección, lo que implica que el mercado laboral tampoco ofrece alivio de fondo sobre la dinámica fiscal a través del empleo y el consumo.

El ministro de Hacienda Germán Ávila ofreció ante la Comisión Tercera de la Cámara su propia lectura de la situación fiscal. Anticipó que tras el cierre de operaciones de swaps y colaterales de deuda en francos suizos, la deuda neta de la Nación podría ubicarse por debajo del 56% del PIB, frente al 58,7% preliminar de marzo. Calificó el aumento reciente de la deuda bruta como un efecto contable temporal. Al mismo tiempo reconoció que las finanzas públicas enfrentan presiones reales por menores ingresos tributarios, atribuyendo la brecha a iniciativas tributarias hundidas en el Congreso y las cortes que habrían impedido recaudar cerca de 47 billones de pesos, y al costo acumulado del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, que ha representado desembolsos de 80 billones en cuatro años. El ministro también reiteró sus críticas al ciclo de alzas del Banco de la República —calificándolas de “desproporcionadas, equivocadas e inconvenientes”— argumentando que la inflación responde a choques de oferta externos que la tasa de interés no puede neutralizar, y anunció una estrategia de intervención en precios de fertilizantes como alternativa de política para contener la inflación de alimentos.

El sistema pensional ante su prueba judicial más urgente. El Decreto 415 de 2026 ordena a las AFP transferir aproximadamente 5 billones de pesos a Colpensiones en un plazo de ocho días para financiar el pago de pensiones de los afiliados migrados por la reforma pensional. La presidenta del Consejo Gremial Nacional, Natalia Gutiérrez, cuestionó la medida señalando que las obligaciones anuales asociadas a esos afiliados ascienden a cerca de 450.000 millones de pesos, mientras que sus aportes al sistema alcanzan alrededor de 600.000 millones anuales —una diferencia que haría el traslado innecesario e injustificable sin afectar el ahorro de largo plazo de los cotizantes. El decreto enfrenta doce demandas con solicitud de medidas cautelares urgentes antes del 14 de mayo, fecha límite para el giro. Lo verdaderamente inquietante trasciende el debate jurídico: el sistema público de pensiones opera hoy con cinco cotizantes por pensionado, cuando la sostenibilidad actuarial requiere ocho. Cada peso que ingresa a Colpensiones bajo esta mecánica representa liquidez inmediata para el Gobierno en lugar de ahorro de largo plazo para el sistema, una distinción que el mercado y los organismos de supervisión no pueden ignorar.

El Consejo de Estado suspendió provisionalmente los artículos 2 a 8 del Decreto 572 de 2025, que modificaba tarifas y bases de retención y autorretención en la fuente sin sustento técnico, económico o jurídico suficiente según el fallo. La medida cautelar devuelve vigencia a las normas anteriores mientras se resuelve la demanda de nulidad, introduciendo incertidumbre sobre el recaudo esperado en un momento en que los ingresos tributarios ya crecen al 13% —cifra insuficiente para las necesidades presupuestales del Estado según reconoció el propio ministro.

Incertidumbre y señales positivas. El Índice de Incertidumbre de la Política Económica elaborado por Fedesarrollo registró en abril 367 puntos —115 puntos por encima de marzo y 68 sobre el mismo mes de 2025—, completando 91 meses consecutivos por encima del promedio histórico. El componente de variables financieras concentró el mayor salto de participación, con 18,8 puntos porcentuales adicionales frente a marzo, reflejo directo de la combinación entre la decisión del BanRep, el ruido sobre el decreto pensional y el comportamiento de la curva TES. El Gobierno logró captar 16,86 billones de pesos en subastas de TES durante abril —28,1% de la meta anual de 60 billones—, pero a un costo de descuentos por 558.208 millones de pesos que expresan la desconfianza del mercado y el incremento del riesgo país implícito en la curva soberana.

Frente a este panorama, las exportaciones no minero-energéticas del primer trimestre ofrecieron la nota más favorable de la semana: 6.478,7 millones de dólares, con un crecimiento de 5,5% en valor y 23,1% en volumen. La industria automotriz creció 53,3%, maquinaria y equipo 21,7%, polímeros de cloruro 64,7%. En agroindustria, las exportaciones de aceite de palma subieron 78,9%, esencias de café 60,8% y banano 108,2%. Estados Unidos absorbe el 32,7% de ese flujo, con Brasil (+28,3%) y México (+11,7%) como destinos de crecimiento dinámico. Es una señal real de diversificación, pero su magnitud —concentrada en un trimestre previo al período de mayor incertidumbre global— no alcanza para compensar los desequilibrios de fondo que la semana confirmó en el frente fiscal, monetario e institucional. El Banco de la República fue reconocido esta semana como el decimocuarto equipo de investigación de banca central en el mundo y el primero de América Latina por la revista Central Banking, distinción que llega en el momento en que la institución enfrenta las mayores presiones externas sobre su autonomía técnica desde el inicio del gobierno actual.

Valoración. Colombia cierra la semana con una geometría de riesgos que se ha densificado en todos sus planos relevantes. La inflación de 5,68% en abril —que el propio BanRep proyecta en 6,4% para fin de año con convergencia a la meta postergada hasta 2028— confirma que la pausa monetaria llega en el peor momento del ciclo de precios. El CARF redujo el PIB potencial a 2,6% promedio para el horizonte de largo plazo, lo que implica menores ingresos estructurales en el momento en que la CEPAL certifica el mayor deterioro fiscal de la región. El sistema pensional enfrenta un plazo judicial de días que puede derivar en un movimiento masivo de activos con efectos sobre la liquidez del sistema financiero. J.P. Morgan recomienda posiciones cortas sobre el peso. El índice de incertidumbre económica marca su nivel anual más alto. Y el ministro de Hacienda sostiene en público que las decisiones de política monetaria han sido “equivocadas”. En ese contexto, la distinción internacional del equipo de investigación del BanRep no es solo un reconocimiento académico: es el recordatorio de lo que está en juego si la institución pierde la autonomía técnica que precisamente le otorga ese reconocimiento.

 

VI. Renta Variable: Wall Street encadena seis semanas alcistas sobre el ciclo de IA mientras el COLCAP cede terreno ante la sorpresa del BanRep

En los mercados desarrollados, el ciclo de resultados corporativos del primer trimestre y el momentum del sector tecnológico sostuvieron la expansión de múltiplos con independencia del entorno macro; en Colombia, la sorpresa de política monetaria del Banco de la República activó una ola de ajuste en acciones, deuda y tasa de cambio que confirmó cuánto de la valoración del mercado local descansa sobre expectativas de tasas, no sobre fundamentos de utilidades.

Wall Street. El S&P 500 cerró en 7.398,93 puntos, con un avance diario de 0,8% y una ganancia semanal de 2,3%, acumulando seis semanas consecutivas de ganancias —la racha más larga desde 2024—. El Nasdaq Composite cerró en 26.247,08, con un avance diario de 1,7% y un alza semanal de 4,5%, también con seis semanas de ganancias ininterrumpidas. El Dow Jones finalizó en 49.609,16 con movimiento semanal marginal de 0,2%, reflejo del rezago estructural del índice de valor frente al ciclo de crecimiento en tecnología. Las ganancias del S&P 500 en el primer trimestre están en curso de crecer 29% interanual: de las 440 empresas que han reportado, el 83% superó las estimaciones de analistas según LSEG, el mejor ratio de sorpresas positivas en varios trimestres.

El catalizador de mayor impacto fue el sector de semiconductores, que avanzó más del 3% en la semana y alcanzó nuevos máximos de 52 semanas. AMD subió 8% y superó los 700.000 millones de dólares en capitalización de mercado tras reportar resultados superiores al consenso; Micron avanzó 11% sobre perspectivas de demanda de memoria para infraestructura de inteligencia artificial; e Intel subió 7%, reforzado adicionalmente por reportes sobre un posible acuerdo preliminar con Apple en el segmento de procesadores. Esta combinación de resultados y señales corporativas mantuvo vigente el “AI trade” como eje de la demanda compradora, con la narrativa de que el ciclo de inversión en infraestructura de datos no ha alcanzado su punto de madurez. El informe de nóminas no agrícolas de abril —115.000 empleos creados, tasa de desempleo estable en 4,3% según la Encuesta de Establecimientos— fue interpretado por el mercado como una validación adicional de resiliencia económica, con independencia de la lectura más compleja que la Encuesta de Hogares ofrece sobre el mismo mes.

La geopolítica introdujo volatilidad intradiaria pero no logró romper la tendencia. Los reportes sobre avances hacia un posible acuerdo de paz en el Estrecho de Ormuz generaron repuntes, mientras que las noticias sobre nuevos enfrentamientos entre buques de EE. UU. e Irán los moderaron. La declaración del presidente Trump de que el alto el fuego continuaba vigente y que las negociaciones seguían en curso fue recibida con escepticismo por el mercado: los índices subieron de todas formas, pero el precio del crudo no reaccionó con la caída que una distensión real habría producido. El mercado de renta variable está descontando normalización energética sin que los datos físicos del Estrecho la confirmen.

Europa. Los mercados europeos tuvieron una semana marcada por movimientos abruptos en respuesta a los mismos titulares geopolíticos que oscilaron en Wall Street, pero desde una posición de partida más frágil. El impulso comprador de las esperanzas de paz fue seguido de correcciones ante los nuevos ataques, sin que ninguno de los dos movimientos alterara la tendencia de fondo. Entre los descensos más significativos del Euro Stoxx 50 sobresalieron Allianz (-5%), SAP (-3,4%) y Adidas (-3,4%), reflejo del deterioro de las perspectivas de demanda industrial y de consumo en Alemania. IAG (-2,7%) y Grifols (-2,5%) en España también cedieron, mientras que Amadeus (+2,3%) destacó positivamente tras resultados superiores a las estimaciones. La excepción al tono negativo fue Infineon (+3,6%), que replicó el comportamiento de los fabricantes de semiconductores estadounidenses y confirmó que el ciclo de demanda en ese segmento tiene alcance global.

Colombia. El MSCI COLCAP cerró en 2.122,7 puntos, con una caída de 2,0% en la jornada y una pérdida semanal acumulada de 2,54%. La decisión del Banco de la República de mantener la tasa en 11,25% cuando el consenso anticipaba una subida de entre 50 y 75 puntos básicos generó un triple impacto negativo sobre los activos locales: desvalorización de acciones, presión sobre la curva de TES y sesgo depreciativo sobre el peso colombiano. El mercado interpretó la pausa no como una señal de moderación técnica, sino como una señal de menor restricción monetaria en un momento de inflación en alza, lo que redujo el atractivo relativo del carry en pesos y elevó las primas de riesgo implícitas en la curva soberana.

Ecopetrol fue el valor de mayor volumen de la semana con transacciones por 62.077 millones de pesos, y simultáneamente uno de los de peor desempeño con una caída de 3,29%, comprimido entre la sensibilidad al precio del crudo —que opera con alta volatilidad ante los titulares de Ormuz— y el anuncio de un acuerdo con Parex Resources por 250 millones de dólares para inversiones en campos del Magdalena Medio, que el mercado recibió con cautela frente al nivel de apalancamiento de la compañía. PF Cibest y Cibest (Bancolombia) concentraron también volúmenes relevantes, con resultados del primer trimestre —utilidades cercanas a 1,5 billones de pesos y mejora proyectada en NIM y ROE— que el mercado recibió de forma mixta en un contexto de mayor percepción de riesgo sistémico local.

Valoración. La renta variable global opera en una zona de disonancia que esta semana se hizo más visible. Wall Street encadena su racha alcista más larga en más de un año mientras la inflación americana está a 360 puntos básicos de la meta de la Fed, el crudo Brent cotiza cerca de los 108 dólares y el consumidor estadounidense registra confianza en mínimos históricos. El motor del rally es estrecho —semiconductores e infraestructura de IA— y su sostenibilidad depende de que el ciclo de gasto corporativo en ese segmento continúe superando estimaciones trimestre a trimestre. En Colombia, el ajuste de la semana no fue una corrección técnica sino una repricing de riesgo: cuando el banco central sorprende con una pausa en un ciclo alcista de tasas mientras la inflación acelera, el mercado recalibra todas las primas de riesgo simultáneamente.

 

VII. Renta Fija: Empinamiento bajista en la curva colombiana y relativa estabilidad en los Tesoros de EE. UU.

La curva de TES Tasa Fija consolidó esta semana un sesgo desvalorizador de marcada concentración en los tramos medio y largo. Las referencias a julio de 2046 y mayo de 2042 se desvalorizaron 59,5 y 56,0 puntos básicos respectivamente, mientras que octubre de 2034 protagonizó el movimiento más agresivo de la semana con un salto de 30 puntos básicos hasta 14,10%. Las referencias a febrero de 2033 y junio de 2032 cerraron en 14,45% y 14,40%. El tramo corto ofreció una lectura opuesta: noviembre de 2027 y abril de 2028 se valorizaron 18,0 y 14,9 puntos básicos, reflejo de una demanda selectiva sobre duración corta ante la incertidumbre sobre la trayectoria de la tasa de referencia. Los TES UVR siguieron una dinámica similar, con desvalorizaciones relevantes en abril de 2035 (+33,9 pbs) y febrero de 2062 (+26,5 pbs), mientras que marzo de 2027 se valorizó 28,6 puntos básicos por demanda de cobertura inflacionaria de agentes locales y extranjeros.

El MinHacienda sumó 1,44 billones de pesos en colocaciones directas entre el 4 y el 6 de mayo —superando con creces la meta anual de 17 billones de pesos— y ejecutó su decimoquinto canje del año sustituyendo TCOs por papeles de largo plazo, incrementando la oferta en el tramo que el mercado menos está dispuesto a absorber. La salida neta de 13,17 billones de pesos por parte de fondos extranjeros en abril —asociada a la liberación de garantías del Total Return Swap— dejó la liquidez del mercado concentrada en entidades públicas y AFP, con los bancos comerciales reduciendo posiciones. Esta recomposición del universo comprador es una señal de fragilidad estructural: sin el flujo extranjero como contrapeso, la curva larga queda expuesta a cualquier deterioro adicional en el perfil fiscal o en las expectativas de inflación.

En los mercados internacionales, los Tesoros de EE. UU. mantuvieron una relativa estabilidad, con el bono a diez años cerrando en 4,36% (-1,6 pbs) y el de treinta años cediendo 2,5 puntos básicos, mientras que el de dos años subió marginalmente 0,7 puntos básicos. Los futuros de fondos federales descuentan que la Fed mantendrá tasas inalteradas por el resto de 2026, con apuestas marginales hacia alzas en 2027. Los Bunds alemanes cerraron planos en 3,00%, atrapados entre la incertidumbre geopolítica y la debilidad del ciclo europeo, mientras que los Gilts británicos registraron un empinamiento a la baja con el bono a diez años cayendo 5 puntos básicos hasta 4,90%, impulsados por la declaración del primer ministro Keir Starmer de mantenerse en el cargo pese al revés electoral de su partido.

Valoración. La curva colombiana está cotizando simultáneamente mayor inflación, mayor riesgo fiscal y menor credibilidad de la ancla monetaria. El empinamiento bajista en el tramo largo no es un fenómeno técnico reversible con una subasta: es la expresión de una prima de riesgo que el mercado exige mientras no haya corrección fiscal verificable ni señal monetaria restrictiva creíble.

 

VIII. Divisas: El peso colombiano se desliga de la tendencia emergente y acumula su segunda semana consecutiva de pérdidas

El índice DXY cerró la semana en 97,96 puntos, con una caída de 0,3% que marcó su segunda semana consecutiva de debilidad. El dólar no logró capitalizar la creación de 115.000 nóminas no agrícolas en abril: la estabilidad del desempleo y el crecimiento salarial por debajo del consenso consolidaron las expectativas de que la Fed mantendrá tasas inalteradas por el resto del año, eliminando el diferencial de carry que habría podido sostener al billete verde frente a las divisas desarrolladas. El optimismo moderado sobre una eventual distensión en el Estrecho de Ormuz añadió presión vendedora sobre el dólar como activo refugio.

Las divisas del G-10 aprovecharon el espacio abierto por la debilidad del DXY. El euro repuntó 0,6% hasta 1,1773; la libra esterlina avanzó 0,5% hasta 1,3616, con el impulso adicional de la declaración del primer ministro Keir Starmer de mantenerse en el cargo pese a las pérdidas laboristas en las elecciones locales, lo que redujo la prima de incertidumbre política sobre la divisa británica; el franco suizo ganó 0,7% y el yuan 0,5%. El yen japonés se fortaleció 0,3% hasta 156,59, respaldado por las intervenciones del Ministerio de Finanzas y las reiteradas advertencias de Tokio sobre su disposición a actuar en el mercado cambiario sin restricción de frecuencia. El dólar canadiense fue la única divisa desarrollada que se depreció (-0,6%), en una dinámica que refleja vulnerabilidades propias frente al resto del bloque G-10 pese al repunte semanal del crudo.

En mercados emergentes, el comportamiento fue generalizadamente favorable a las divisas regionales: el sol peruano  lideró con una apreciación de 2,1%, poniendo fin a tres semanas consecutivas de pérdidas; el peso mexicano avanzó 1,6% y el real brasileño 1,3%, ambos beneficiados por la depreciación del DXY y la recuperación del apetito por activos de riesgo emergente ante el alivio parcial de los temores sobre Medio Oriente. El peso chileno sumó 1,0%, apoyado en un precio del cobre que alcanzó máximos históricos.

El peso colombiano fue la excepción categórica de la semana en el universo emergente, con una depreciación de 2,8% que lo dejó cotizando cerca de sus niveles más bajos desde marzo. El USD/COP cerró el viernes en 3.736, tras fluctuar en un rango intradiario de 3.716 a 3.774. La presión sobre la divisa operó desde múltiples frentes simultáneos: la pausa del Banco de la República redujo el diferencial de tasas reales frente a otras economías emergentes y debilitó el argumento del carry; las encuestas presidenciales con lecturas que el mercado recibe con cautela en términos de continuidad de política económica añadieron prima de riesgo político; la demanda de dólares del sector público para continuar con la cancelación del Total Return Swap presionó el mercado spot; el CDS a diez años de Colombia amplió spreads; y los comentarios de un codirector del BanRep señalando que las alzas de tasas no son la herramienta adecuada para combatir la inflación actual amplificaron la percepción de menor restricción monetaria futura. La incertidumbre comercial con Ecuador añadió ruido, aunque la decisión de la Comunidad Andina de ordenar el retiro de los aranceles recíprocos entre ambos países ofreció un factor de alivio parcial hacia el cierre de la semana.

Valoración. El peso colombiano opera esta semana bajo una combinación de factores que difícilmente se resuelve con alivios puntuales de naturaleza institucional o diplomática. La divergencia entre el COP y el conjunto de divisas emergentes —que se apreciaron en bloque ante la debilidad del DXY— revela que la presión sobre la divisa local es idiosincrática: no responde al ciclo global del dólar sino a la acumulación de señales internas sobre credibilidad monetaria, riesgo fiscal y ruido electoral. Mientras esos tres vectores no ofrezcan señales de corrección verificable, el sesgo depreciativo del peso tiene fundamento estructural, no coyuntural.

 

IX. Commodities: El petróleo cede terreno ante expectativas diplomáticas, el cobre marca su mejor semana del año y el cacao presiona por factores climáticos

Energía. El crudo tuvo su semana de mayor retroceso desde el inicio del conflicto: el Brent cerró en 100,15 dólares por barril con una caída semanal de 7,4%, y el WTI en 95,42 dólares con una pérdida de 6,4%. El factor determinante no fue un cambio en las condiciones físicas del Estrecho de Ormuz —que registró nuevos enfrentamientos militares el viernes— sino la expectativa de un eventual acuerdo diplomático entre EE. UU. e Irán, que el mercado comenzó a descontar con suficiente convicción como para reducir la prima geopolítica incorporada en los precios desde el inicio del conflicto. El presidente Trump minimizó los incidentes del viernes y reiteró que el alto el fuego seguía vigente. La dinámica de precios permanece binaria: un acuerdo verificable que restablezca el tránsito por Ormuz abriría la puerta a una corrección adicional significativa; cualquier demora en las negociaciones reactivará el alza. El mercado está apostando por el primer escenario sin tener confirmación del segundo.

El oro avanzó 2,2% semanal hasta 4.715-4.730 dólares por onza, sostenido por la demanda de refugio ante la incertidumbre geopolítica y las compras de bancos centrales —con China como comprador destacado— aunque su alza sigue limitada por la posibilidad de que una distensión en Oriente Medio reduzca las expectativas inflacionarias y abra espacio para recortes de tasas de la Fed, lo que paradójicamente reduciría también el atractivo del metal al comprimir la prima de riesgo que lo impulsa. La plata siguió la tendencia con mayor amplitud: avanzó 6,6% semanal hasta 80,3-81 dólares por onza, reflejo de su mayor sensibilidad a los movimientos del oro y de una mejora general en el apetito por metales.

El cobre protagonizó su mejor semana desde enero con un avance de 5,2% hasta 629,7 dólares en la referencia estadounidense y 13.393 dólares por tonelada en el vencimiento a tres meses en Londres, impulsado por presiones de oferta que operan con independencia del ciclo geopolítico. Freeport-McMoRan retrasó sus planes de retorno a plena capacidad en la mina de Grasberg en Indonesia —una de las más grandes del mundo—, mientras que las disrupciones en Ormuz están afectando el suministro de ácido sulfúrico, insumo indispensable para el proceso de producción de cobre. La convergencia de restricción de oferta persistente con mejora del apetito por riesgo industrial configura un soporte técnico que va más allá del rebote coyuntural.

El trigo, el maíz y la soja registraron una fase de retroceso en la Bolsa de Chicago. El trigo cotizó en torno a los 614 centavos de dólar por bushel en el contrato de julio de 2026, con el mercado monitoreando de cerca las condiciones de sequía en las llanuras productoras de EE. UU. que podrían revertir el alivio en semanas siguientes. El cacao fue la excepción alcista del segmento agrícola con un avance cercano al 20% semanal, apoyado en la reducción de coberturas cortas y en fundamentos que se mantienen ajustados: lluvias irregulares en Costa de Marfil y Ghana, escasez de fertilizantes derivada del encarecimiento energético de Ormuz, y crecientes preocupaciones sobre el regreso de patrones climáticos adversos vinculados a El Niño hacia finales de 2026. Los futuros del cacao se mantuvieron cerca de máximos de tres meses pese a ceder por debajo de los 4.200 dólares por tonelada. Ghana planea captar 1.000 millones de dólares en bonos domésticos para financiar la temporada de cosecha 2026/27 en medio de tensiones de deuda, lo que añade una variable de riesgo soberano al ya ajustado balance de oferta del sector.

Valoración. El mercado de commodities refleja esta semana la misma dinámica binaria que domina los mercados financieros globales: el crudo retrocede sobre expectativas diplomáticas que el mercado físico aún no confirma, los metales preciosos sostienen su prima de refugio sin poder capitalizarla plenamente ante la posibilidad de distensión, y el cobre y el cacao se mueven por fundamentos de oferta que operan con lógica propia independientemente del ciclo geopolítico. Para Colombia, el retroceso del Brent por debajo de los 100 dólares es una señal ambivalente: alivia las presiones inflacionarias por combustibles pero comprime los ingresos de Ecopetrol y las regalías en un momento en que el Gobierno necesita cada punto del precio del crudo para sostener un presupuesto bajo tensión crónica.

 

Nota del Autor

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Enrique Ariza

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