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“En el país debe haber una reforma estructural al sistema judicial colombiano sobre todo en delitos relacionados con corrupción para que quien se atreva a robar del pecunio público lo piense dos veces antes de hacerlo”.
Puede ser que por el pasado guerrillero del presidente Petro es que es condescendiente con quienes actúan por fuera de la ley y a la vez drástico con quienes la cumplimos. Ha sido común ver al presidente defender a los de la Primera Línea, ser laxo con grupos criminales como las disidencias de las Farc y el Clan del Golfo, pretendiendo que con diálogo, negociaciones y prebendas iban a dejar las armas y así lograr la anhelada paz total. Casi al término del gobierno Petro podemos ver que la paz total fue un fracaso no sólo porque no se logró, sino que los grupos criminales se han fortalecido y pretenden fortalecerse más en un eventual gobierno de Iván Cepedad. Ya hay denuncias de que estos grupos -donde ejercen control territorial- están coaccionando a la población a votar por Cepeda.
Otro delincuente que trató de victimizarse esta semana fue Emilio Tapia, tristemente recordado por los hechos de corrupción ocurridos en la alcaldía de Samuel Moreno en Bogotá donde se robaron más de 170 mil millones de pesos y luego por el escándalo de Centros Poblados que pretendía llevar internet de calidad a las poblaciones rurales y vulnerables pero que no se logró y por el contrario se perdieron 70 mil millones de pesos. En teoría, por los dos casos, Tapia recibió una condena de 31 años de prisión, pero en la práctica, está en libertad condicional desde el año pasado, teniendo una pena efectiva de 10 años. Volvió a aparecer en la palestra pública porque haciendo uso de su libertad condicional se mostró triunfante la semana pasada en el Festival Vallenato lo que causó indignación en parte de la opinión pública nacional porque el mensaje fue: robar, paga.
Sacrifican unos años de su vida en prisión domiciliaria y después quedan millonarios disfrutando de todo el dinero que robaron del erario. Mal mensaje para la ciudadanía. En Colombia se sigue premiando la cultura del “vivo”, del camino fácil y de privilegiar los intereses personales perjudicando los colectivos. Ante la indignación ciudadana, Tapia se victimizó publicando un comunicado en el que entre otras dice: “Como cualquier ciudadano, tengo derecho a desarrollar mi vida personal y familiar en condiciones de dignidad, tranquilidad y libertad (…) sin que ello sea interpretado como una afrenta a la sociedad o motive campañas de señalamiento público” (ver). Y claro que tiene derecho a la resocialización y a tener una nueva vida, pero la gente también tiene derecho a sancionarlo socialmente al sentir que el sistema judicial en Colombia no está siendo proporcional a las faltas que cometen corruptos como él. Si fueran ejemplarizantes el nivel de corrupción en el país no sería tan alto como lo vemos hoy. No hay ningún gobierno ni de centro, izquierda y derecha que haya estado exento de este mal.
En el país debe haber una reforma estructural al sistema judicial colombiano sobre todo en delitos relacionados con corrupción para que quien se atreva a robar del pecunio público lo piense dos veces antes de hacerlo.
Si bien la pena de muerte y cadena perpetua en Colombia no están permitidas, es este tipo de penas -radicales y estrictas-, las que han llevado a que países como Singapur haya logrado disminuir notoriamente la corrupción y pasar en poco más de un siglo de ser un país pobre y corrupto, a uno de los más prósperos del planeta.
En Colombia tenemos todas las condiciones para lograrlo y que la población tenga altos índices de calidad de vida por todas las riquezas naturales con las que contamos. Es la corrupción el principal cáncer que no permite que avancemos a la velocidad que pudiésemos y eso se debe a que, en las condiciones actuales, ser corrupto, -así haya sanción social que les importa poco a los que se acostumbran a ello-, vale más que ser honesto.
P.D. Feliz día a todas las madres en su día.
*Mis artículos no representan a mi empleador.













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