Cepeda le resta tracción a la constituyente

La constituyente se convirtió en un leitmotiv del gobierno Petro desde mediados del 2023, nació –como figura discursiva y retórica en plaza pública– tras el colapso de la primera gran coalición gobiernista –la coalición que en perspectiva de frente amplio integró a varios sectores de los partidos tradicionales–, y, a partir de ese momento, en sintonía con sucesivas coyunturas, adoptó múltiples formas: la constituyente como factor de movilización social; la constituyente como estrategia de disuasión ante el “bloqueo institucional” en el Congreso; la constituyente como garantía de profundización de las reformas sociales. Solo hace pocos meses vía Resolución 1117 de 2026 de la Registraduría adoptó una forma procedimental con la inscripción de un comité promotor.

El comité espera recoger cerca de ocho millones de firmas que llegarán al Congreso el próximo 20 de julio con la intención de darle luz verde a una iniciativa legislativa que en su primer artículo dispone que “el pueblo colombiano, mediante votación popular, decida sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente.” Ese mismo día Petro hará un balance preliminar de su legado en su último discurso como presidente ante el nuevo Congreso. ¿Hablará de la constituyente?

Pero antes de llegar a ese escenario parece que la constituyente –en sentido amplio– viene perdiendo tracción discursiva en la campaña de su candidato, ya que, Iván Cepeda, tanto en su programa de gobierno como en su reciente entrevista con Daniel Coronell, insistió que la constituyente no es en stricto sensu un punto de partida, sino que, en perspectiva de amplitud y consenso social, podría ser un punto de llegada como resultado de diálogo nacional. Así, Cepeda le resta oxígeno a la “constitucionalización” de la campaña –algo en lo viene insistiendo la derecha– y supedita la constituyente a la figura del diálogo nacional, siendo esta una figura reciclada del fallido diálogo con el ELN y que en algún momento se vislumbró como el vector de las transformaciones si el proceso de paz llegaba a buen puerto.

Es claro que Cepeda no toma una distancia radical de la convocatoria a una constituyente, todavía sigue presente en su discurso como condición de posibilidad; sin embargo, no anticipa o impone un temario y prioriza una metodología dialógica que bien ejecutada podría sacar del radar –y de una vez por todas– las múltiples formas de la constituyente.

Tampoco creo que Cepeda este moderando su propuesta para acercarse al centro. En principio, el senador nunca fue un entusiasta de la constituyente, el centro de gravedad de su accionar político desde que asumió como facilitador en el proceso de paz con las Farc en el Gobierno Santos, se ha caracterizado, con diversos niveles de intensidad, en maniobrar el equilibrismo entre sectores para la construcción de consensos; así lo hizo con Fedegan en un histórico acuerdo de compra de tierras (acuerdo del que poco se habla por estos días) y en la creación e instalación del Comité Nacional de Participación en el fallido proceso con el ELN.

A diferencia de como lo pintan desde la derecha, Iván Cepeda, por convicción y trayectoria en varios procesos de paz, se ha destacado por ser un dirigente abierto al diálogo y al reconocimiento de posiciones contrarias; su talante, efectivamente, se ajusta más a la perspectiva de un diálogo nacional que busque acuerdos y que ojalá, en el caso de llegar a la Casa de Nariño, no repita los errores que se cometieron luego de la instalación del Comité Nacional de Participación en el proceso con el ELN, con discusiones abstractas que poco se aterrizaron y que nunca tuvieron puerto de llegada.

En lo personal, considero adecuado que la constituyente como propuesta pierda tracción en la campaña electoral, de entrada, me resulta inconveniente y altamente riesgosa, también porque pone a un candidato que insiste en visibilizar las ejecutorias del gobierno, reconocer gravísimos errores y proponer correcciones, a dar explicaciones siempre innecesarias sobre un supuesto: que si la constituyente es para estatizar el modelo económico; que si la constituyente es para que Petro vuelva al poder en 2030; que si la  constituyente es para cerrar el Congreso. Es darle papaya a una derecha experta en engañar y meter miedo con supuestos.

Además, no le veo mucho futuro en un Congreso que, en el caso de ganar Cepeda, le debe aprobar como primera muestra de gobernabilidad un Plan Nacional de Desarrollo. Sería meter al país en una discusión desgastante, alejada de las principales preocupaciones de la gente, perder tiempo en una entelequia y darle una nueva oportunidad electoral a la derecha en una elección atípica. Riesgoso por donde se le mire.

Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor, investigador y editor.

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