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Resumen Ejecutivo
La semana estuvo dominada por la confluencia de dos fuerzas que se refuerzan mutuamente: el giro restrictivo de los principales bancos centrales del mundo y la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que llevó el Brent por encima de US$ 108 con picos intrasemana cercanos a US$ 119. La Reserva Federal mantuvo tasas en 3,50%–3,75% con un dot plot que apunta a menos recortes y una inflación PCE subyacente revisada al alza a 2,7%. El BCE mantuvo el depósito en 2,00% pero publicó escenarios donde el más severo proyecta inflación en la eurozona en 6,3% para el primer trimestre de 2027. Los mercados descuentan plenamente dos subidas del BCE este año. El S&P 500 acumula cuatro semanas en rojo cerrando en 6.506,48 (-1,9% semanal), el oro retrocedió 10,5% y Moody´s situó la probabilidad de recesión en Estados Unidos en 49% en los próximos doce meses.
Asia concentra la mayor vulnerabilidad al choque energético pero con asimetría marcada: China observa desde más de mil millones de barriles de reservas estratégicas, mientras Japón actúa desde la urgencia aportando 80 millones de barriles a la liberación coordinada de la AIE y comprometiendo US$ 73.000 millones en energía con Estados Unidos. En América Latina, Brasil ejecutó su primer recorte de la Selic en casi dos años hasta 14,75%, mientras México postergó el inicio de su ciclo de alivio a mayo con inflación alejándose del objetivo. Colombia enfrenta su cuadro más exigente en décadas: deuda en 64,4% del PIB, liquidez del Tesoro para menos de cinco días, TES al 14% y tasas de intervención en camino al 11,75% en junio.
La columna de cierre de esta edición analiza el verdadero alcance del shock petrolero a través de sus cinco canales de transmisión simultáneos: energético directo, industrial, agroalimentario, financiero y de insumos derivados. Su lectura central es que el escenario base no es estanflación, pero el riesgo ha vuelto al radar con suficiente peso como para exigir una revisión de supuestos.
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Estados Unidos: Política Monetaria Restrictiva, Choque Energético y Fragilidad del Consumo
El evento central de la semana fue la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), que mantuvo el tipo de los fondos federales en el rango 3,50%–3,75% por segunda reunión consecutiva. La decisión no sorprendió a los mercados, pero el tono de Jerome Powell fue notablemente más restrictivo que en enero, y el conjunto de proyecciones actualizadas confirmó un giro relevante en la función de reacción de la Reserva Federal: menos recortes, más inflación y mayor incertidumbre geopolítica como variable activa en la deliberación monetaria.
El único voto disidente fue el del gobernador Stephen Miran, quien favoreció un recorte de 25 puntos básicos por preocupación sobre el empleo. Christopher Waller, que había disentido en enero, votó esta vez por mantener, señal de que el consenso interno se está consolidando alrededor de la pausa. El dot plot reflejó ese desplazamiento: siete miembros no anticipan recortes en 2026, uno más que en diciembre, y varios de quienes antes proyectaban dos movimientos ahora contemplan uno o ninguno. El punto de llegada para 2026 del votante más agresivo se ubica 50 puntos básicos por encima de la proyección anterior, en el rango 2,50%–2,75%.
Las proyecciones macroeconómicas también registraron ajustes significativos. La Fed elevó su estimación de inflación PCE subyacente a 2,7% para 2026 —frente al 2,5% de diciembre— y revisó al alza el crecimiento del PIB a 2,4%, apoyado en una productividad prevista más dinámica. La tasa de desempleo se mantiene proyectada en 4,4% a fin de año, en línea con el dato de febrero, que subió una décima desde el 4,3% de enero. En balance, la Fed reconoce que la economía inicia el año desde una posición de relativa fortaleza en actividad, pero con un mercado laboral que Powell describió como un equilibrio de “crecimiento de empleo cero”, calificación que él mismo reconoció como “incómoda”.
El telón de fondo geopolítico dominó buena parte del análisis. Los ataques iraníes sobre infraestructura energética del Golfo —incluyendo daños a la planta de gas más grande del mundo en Qatar— han impulsado el crudo Brent por encima de 108–110 dólares por barril, acumulando un alza superior al 40% desde el inicio del conflicto a finales de febrero. El precio nacional promedio de la gasolina ascendió a 3,72 dólares por galón al 16 de marzo, frente a menos de 3,00 dólares a comienzos del mes, el salto más abrupto en un período tan corto desde la pandemia. Powell reconoció que cuantificar el impacto del encarecimiento energético resulta imposible en este momento y que los efectos sobre la economía dependerán de la duración e intensidad del conflicto. La estrategia declarada de la Fed es, por ahora, pausar y observar.
Los datos de inflación publicados durante la semana añadieron presión al diagnóstico. El Índice de Precios al Productor (PPI) de febrero avanzó 0,7% mensual —el mayor incremento en siete meses y muy por encima del consenso de 0,3%— con el componente subyacente subiendo 0,5%. En términos anuales, el PPI headline alcanzó 3,4% y el core 3,9%, este último acumulando diez avances consecutivos en términos mensuales. El dato alimenta al alza las estimaciones del PCE subyacente de febrero, indicador de referencia de la Fed, y profundiza la tensión en el proceso de desinflación hacia el objetivo del 2%. Por su parte, la segunda estimación del PIB del cuarto trimestre de 2025 situó el crecimiento intertrimestral en 0,2%, dos décimas por debajo de la lectura inicial, con revisiones a la baja en el consumo público, privado e inversión.
El mercado laboral ofrece señales mixtas. Las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo cayeron en 8.000, hasta 205.000 para la semana terminada el 14 de marzo, por debajo del consenso de 215.000, lo que sugiere que los despidos se mantienen contenidos. Sin embargo, las nóminas no agrícolas de febrero registraron una pérdida de 92.000 empleos, el sexto descenso desde enero de 2025, afectado por condiciones climáticas adversas, una huelga en el sector salud y el impacto acumulado de las restricciones migratorias sobre la oferta laboral. La recuperación de parte de esos factores transitorios debería apuntalar el dato de marzo, aunque el estancamiento estructural del empleo sigue siendo una variable de riesgo.
El canal de transmisión del choque energético sobre el consumo es directo y cuantificable. Pantheon Macroeconomics estima que los mayores costos de combustible reducirán el ingreso real de los hogares en 15.000 millones de dólares por mes, mientras que los reembolsos tributarios previstos entre febrero y abril compensarían apenas 10.000 millones en total. Raymond James advirtió que un alza sostenida de 20 dólares por barril en el crudo anularía prácticamente la totalidad del beneficio fiscal derivado de la One Big Beautiful Bill Act, cuyo reembolso promedio alcanzó 3.676 dólares a comienzos de marzo, un incremento del 10,6% frente al año anterior. La brecha salarial entre hogares de mayores y menores ingresos —con los primeros creciendo 4,2% interanual en febrero frente a apenas 0,6% para los segundos, según Bank of America— agrava la exposición diferencial de los estratos más vulnerables al choque de precios.
Los mercados financieros internalizaron rápidamente el nuevo escenario. Las apuestas por recortes de tasas en 2026 fueron prácticamente abandonadas a mediados de la semana, y comenzó a cotizarse una probabilidad cercana al 25% de una subida de tipos este año, aunque analistas como el ex economista principal del Fed de Nueva York, Christopher Hodge, calificaron esa posibilidad como “una locura” en el horizonte de tres meses. El S&P 500 acumuló pérdidas cercanas al 3% en 48 horas, mientras la narrativa del aterrizaje suave cedía terreno frente al espectro de la estanflación. Ed Yardeni elevó su probabilidad de un escenario estanflacionario al estilo de los años setenta hasta 35%, aunque Powell rechazó explícitamente el término. Moody’s situó la probabilidad de recesión en los próximos doce meses en 49%. Los umbrales críticos según distintas firmas: Wells Fargo señala riesgo de recesión con crudo sostenido por encima de 130 dólares; Oxford Economics fija ese punto en 140 dólares durante dos meses consecutivos; Vanguard lo eleva hasta 150 dólares como condición necesaria para inducir una recesión en Estados Unidos.
Valoración — Estados Unidos
La Reserva Federal enfrenta esta semana el dilema más complejo desde el inicio del ciclo restrictivo de 2022: un choque de oferta energético de origen geopolítico que presiona la inflación al alza exactamente cuando el mercado laboral pierde dinamismo. La combinación de un PPI en 3,4% anual, un PCE subyacente que se acerca a su máximo en dos años y un mercado laboral en equilibrio frágil no deja espacio de maniobra. La estrategia de “pausar y observar” es racionalmente correcta en este horizonte, pero su costo es la incertidumbre prolongada. El consumidor estadounidense enfrenta una erosión simultánea del poder adquisitivo —por energía— y de su colchón fiscal —por el efecto compensador del reembolso tributario que el alza del crudo neutraliza casi en su totalidad—. Si el conflicto en Oriente Próximo se extiende y el Brent se mantiene por encima de 110 dólares durante el segundo trimestre, la Fed habrá perdido el margen que tenía para recortar, sin haber ganado todavía el margen para subir. Ese es el escenario de mayor riesgo institucional para el banco central, y el mercado ya ha empezado a cotizarlo.
II. Europa: BCE en Pausa pero con Sesgo Hawkish, Bancos Centrales en Alerta y Presión Fiscal en el Reino Unido
La reunión del Banco Central Europeo (BCE) fue el evento determinante de la semana en Europa. La institución mantuvo por sexta reunión consecutiva sus tipos de referencia sin cambios —depósito en 2,00%, refi en 2,15% y facilidad marginal de crédito en 2,40%— pero el tono de Christine Lagarde marcó un giro significativo respecto a las reuniones anteriores. El BCE abandonó el sesgo moderadamente acomodaticio que había caracterizado su comunicación desde mediados de 2025 y adoptó un lenguaje de vigilancia activa frente al riesgo estanflacionario derivado del conflicto en Oriente Próximo.
Lagarde describió el shock energético como un evento “importante” y “severo” que “está desplegándose”, cuyo impacto final dependerá de la intensidad, la duración y la propagación de sus efectos sobre la economía. Para estructurar la incertidumbre, el BCE publicó tres escenarios macroeconómicos. El escenario base —construido con datos de precios al cierre del 11 de marzo, que asumen un Brent promedio de 81,3 dólares para 2026 y gas TTF en 46,4 euros— revisa al alza la inflación proyectada a 2,6% anual para 2026, desde el 1,9% de la estimación anterior, y recorta el crecimiento del PIB de la eurozona a 0,9%, frente al 1,2% previo. El escenario adverso contempla un pico promedio de 120 dólares para el Brent y 90 euros para el gas en el segundo trimestre de 2026, con recuperación relativamente rápida hacia el verano de 2027. El escenario severo proyecta un pico de 145 dólares en el crudo y 106 euros en el gas durante el segundo trimestre, con precios que aún se mantendrían en 103 dólares y 43 euros al cierre de 2028. En ese escenario, la inflación haría pico en 6,3% en el primer trimestre de 2027 y se registrarían dos trimestres consecutivos de PIB negativo en 2026.
El ejercicio semántico de Lagarde fue deliberado: señaló que el BCE “no está en un buen lugar” pero sí “está bien posicionado” para gestionar la situación, respaldando esa afirmación con el llamado “triple 2”: inflación en 2%, expectativas de inflación de medio plazo en 2% y tipo oficial en 2% —nivel neutral—. La estrategia declarada sigue siendo “reunión a reunión” y condicionada a los datos, con cinco indicadores de seguimiento priorizados: comportamiento de todos los mercados de materias primas, cuellos de botella en cadenas de suministro, expectativas de precios de venta de las empresas, indicadores de actividad en tiempo real y trackers salariales.
Los mercados no esperaron señales adicionales para reposicionarse. Tras la reunión, los operadores descuentan plenamente dos subidas de tipos en 2026 —la primera entre abril y junio, la segunda entre julio y septiembre— y asignan una probabilidad del 75% a un tercer incremento que llevaría el depósito a 2,75% en diciembre. Las principales firmas revisaron sus proyecciones: Barclays y J.P. Morgan anticipan el primer movimiento en abril; Morgan Stanley y Deutsche Bank proyectan subidas de 25 puntos básicos en junio y septiembre. Goldman Sachs estima una acumulación de 75 puntos básicos bajo su escenario adverso. Los operadores del mercado de futuros cotizan cerca de 72 puntos básicos de alzas acumuladas para el año, según datos de LSEG. El economista jefe de Commerzbank, Joerg Kraemer, advirtió que el Consejo de Gobierno sigue dominado por miembros con sesgo acomodaticio y que el umbral para subir tipos es más elevado de lo que el mercado descuenta.
El Banco de Inglaterra (BoE) mantuvo su tipo bancario en 3,75% con una votación unánime de 9 a 0, pero el tono fue marcadamente restrictivo. La institución advirtió que la inflación podría escalar hasta 3,5% durante los próximos dos trimestres, muy por encima de su objetivo del 2%, en un contexto donde el encarecimiento energético se superpone a una situación fiscal deteriorada. El endeudamiento neto del sector público en febrero alcanzó 14.300 millones de libras, superando ampliamente las previsiones de 8.500 millones. El gasto en intereses de deuda se ubicó en 13.000 millones de libras en el mes, elevando el déficit acumulado a 125.900 millones de libras. En el mercado laboral, la tasa de desempleo de tres meses móviles repuntó a 5,2% en enero desde 5,1% en diciembre, con el menor crecimiento salarial desde 2020.
Entre los demás bancos centrales europeos, el Banco Nacional de Suiza (SNB) mantuvo tipos en 0,0% y revisó al alza su proyección de inflación para 2026 a +0,5% desde +0,3%, con el efecto amortiguador del franco suizo limitando el impacto energético importado. El Riksbank sueco sostuvo su tasa en 1,75% con mensaje de pausa prolongada condicionada a la evolución del conflicto. El Banco Central de Rusia, en dirección opuesta al resto, recortó su tipo de referencia en 50 puntos básicos hasta 15%, el séptimo recorte desde el máximo del 21% de junio de 2025. El Banco de la Reserva de Australia (RBA) subió su tasa en 25 puntos básicos hasta 4,1% por segundo mes consecutivo, aunque la votación de 5 a 4 evidencia una división interna significativa.
En el plano estructural, la Comisión Europea presentó su nueva Estrategia de Inversión en Energías Limpias, que proyecta necesidades de inversión de 660.000 millones de euros anuales entre 2026 y 2030, frente a una media de 240.000 millones entre 2011 y 2021. El Banco Europeo de Inversiones aportará más de 75.000 millones de euros en los próximos tres años. La iniciativa responde directamente a la vulnerabilidad estructural que el conflicto en Oriente Próximo ha vuelto a poner en primer plano: una dependencia energética del exterior que ningún ciclo de política monetaria puede corregir en el corto plazo.
Valoración — Europa
El BCE ejecutó esta semana la comunicación más difícil de su mandato reciente: mantener tipos sin enviar una señal de complacencia. Lagarde lo logró parcialmente, pero el mercado leyó entre líneas y fue más lejos que el propio Consejo de Gobierno. La cotización de casi tres subidas acumuladas antes de fin de año representa una aceleración del repricing que puede resultar excesiva si el conflicto en Oriente Próximo se resuelve con rapidez, o insuficiente si el escenario severo se materializa. El punto de partida con el “triple 2” es una ventaja real que el BCE no tenía en 2022, pero la experiencia de ese ciclo inflacionario pesa sobre la credibilidad y explica por qué el mercado prefiere anticipar el endurecimiento antes de que los datos lo confirmen. El Reino Unido enfrenta el cuadro más complejo: presión fiscal sin margen de maniobra, inflación amenazando con reacelerarse y un mercado laboral que ya acusa el enfriamiento. La unanimidad del BoE fue una señal de cohesión institucional, pero el debate real en los próximos meses no será si subir, sino cuándo.
III. Asia: China en Posición Defensiva, Japón en Emergencia Energética y la Prueba Estratégica de Ormuz
La semana confirmó que Asia es la región con mayor exposición estructural al choque energético derivado del conflicto en Oriente Próximo, pero con una distribución de vulnerabilidades radicalmente asimétrica entre sus economías. China administra la crisis desde una posición de relativa solidez, Japón la enfrenta desde la urgencia, y el resto del continente observa cómo el bloqueo del estrecho de Ormuz redefine las prioridades de seguridad energética de toda la región.
El Banco Popular de China (PBoC) mantuvo sin cambios sus tipos de referencia por décimo mes consecutivo. El Loan Prime Rate a un año permanece en 3,0% y el de cinco años en 3,5%. La decisión responde a una lógica de prudencia calibrada: la inflación general repuntó a 1,3% interanual en febrero —por encima del 0,8% esperado—, poniendo fin a un largo período de presiones deflacionarias, mientras el crecimiento se mantiene en el rango del objetivo oficial de 4,5%–5,0% para 2026, apoyado en la inversión en infraestructura y las exportaciones, aunque con debilitamiento progresivo de la demanda interna. La incertidumbre sobre la trayectoria del petróleo derivada del conflicto iraní añade una capa adicional de cautela que desaconseja cualquier movimiento de política monetaria en el horizonte inmediato.
El cuadro macroeconómico de China ofrece señales mixtas. La inversión extranjera directa cayó 5,7% interanual hasta 161.450 millones de yuanes, aunque el componente de alta tecnología avanzó 20,4%, evidenciando una recomposición sectorial de los flujos entrantes. El mercado laboral presenta una dualidad persistente: el desempleo juvenil descendió a 16,1%, pero la tasa general subió a 5,3%. El gasto fiscal aumentó 3,6% con prioridad en salud y seguridad social, mientras los ingresos crecieron apenas 0,7%, comprimiendo el margen de maniobra presupuestario. Para mitigar los efectos del choque externo, Pekín limitó exportaciones de combustibles y fertilizantes, y flexibilizó el régimen de visados para turistas extranjeros como estímulo al consumo interno.
En materia de seguridad energética, la semana reveló los contornos precisos de la “armadura energética” que China ha construido durante la última década. El país alcanzó en 2025 un récord histórico de producción doméstica de 4,32 millones de barriles diarios, impulsado por tecnologías de recuperación terciaria en campos maduros como Daqing y por un auge en producción offshore en la bahía de Bohai, que bombeó 740.000 barriles diarios en 2025, un 55% más que una década atrás. Sin embargo, el plan quinquenal 2026–2030 fijó el objetivo de mantener la producción en 4 millones de barriles diarios, reconociendo implícitamente que la economía ha alcanzado el límite de lo que puede producir de forma rentable. Las importaciones totalizaron 11,55 millones de barriles diarios en 2025, nivel que se mantendrá elevado durante la próxima década. La producción de petróleo de esquisto supera ya los 164.000 barriles diarios y podría duplicarse hacia 2035 según proyecciones de Rystad, pero sus costos de ciclo completo de entre 45 y 90 dólares por barril la convierten en un recurso estratégico de último recurso antes que en una fuente de ventaja competitiva.
La segunda línea defensiva de China descansa en reservas estratégicas estimadas en más de mil millones de barriles, equivalentes a varios meses de importaciones, combinadas con una diversificación de proveedores que otorga creciente peso a Rusia como alternativa a los flujos del Golfo. Esa posición permite a Pekín adoptar una actitud de observación calculada frente al conflicto. El ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi convocó llamadas con todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU excepto con Estados Unidos, posicionando a China como potencia mediadora responsable. La postergación de la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump —vista como oportunidad para un reinicio bilateral— y la amenaza del conflicto sobre la Iniciativa de la Franja y la Ruta, cuyos corredores atraviesan la región, añaden fricción al momento geopolítico más complejo para Pekín desde la guerra comercial de 2018.
Japón enfrenta el escenario más agudo de la región. Con más del 90% de sus importaciones de petróleo dependientes del estrecho de Ormuz, la primera ministra Sanae Takaichi viajó a Washington para reunirse con Donald Trump, quien la instó a “dar un paso adelante” en el esfuerzo por abrir el estrecho. Takaichi reconoció los límites que impone la constitución pacifista japonesa, aunque señaló que la legislación de seguridad de 2015 abre espacio para el uso de la fuerza en el exterior si la supervivencia del país está en juego. La semana trajo también una apertura diplomática relevante: Irán señaló, a través del canciller Abbas Araqchi —antiguo embajador en Tokio—, su disposición a permitir el paso de buques japoneses por el estrecho si Japón formaliza la solicitud, revelando la voluntad de Teherán de mantener canales bilaterales con países no beligerantes.
Japón aportó casi 80 millones de barriles a la liberación coordinada de reservas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la segunda contribución más grande tras los 172 millones de Estados Unidos. Takaichi anunció la intención de almacenar petróleo crudo estadounidense en territorio japonés, en el marco de una cooperación bilateral que incluye inversiones japonesas de hasta 73.000 millones de dólares en proyectos energéticos de Estados Unidos y un plan de acción conjunto para desarrollar alternativas a China en minerales críticos y tierras raras. En el plano industrial, la producción fabril de Japón repuntó 4,3% mensual en enero, muy por encima del consenso de 2,2%, aunque en términos interanuales el avance fue de apenas 0,7%, mostrando que la recuperación mensual no compensa el deterioro acumulado.
Valoración — Asia
La semana confirma que la crisis de Ormuz no afecta por igual a todas las economías asiáticas, y que las diferencias de posición estratégica entre ellas son tan relevantes como las del conflicto en sí. China, con reservas de más de mil millones de barriles, acceso a crudo ruso y producción doméstica en máximos históricos, puede permitirse observar y posicionarse diplomáticamente. Su verdadero riesgo no es el suministro de corto plazo sino la inflación importada que el petróleo caro genera sobre sus costos industriales y la presión sobre una demanda interna ya debilitada. Japón opera en el extremo opuesto: dependencia estructural del 90% por una sola ruta, industria química y petroquímica operando a capacidad reducida y un yen depreciado que amplifica cada dólar adicional en el precio del crudo. La apertura diplomática de Irán hacia Tokio es la señal más relevante de la semana en términos de gestión del conflicto: si Japón formaliza la solicitud y Teherán cumple, se abriría un canal bilateral que circunvalaría la parálisis multilateral del Consejo de Seguridad. La inversión de 73.000 millones de dólares en energía estadounidense marca el inicio de una reconfiguración de la dependencia energética japonesa que trasciende la coyuntura y tiene implicaciones de largo plazo para la geopolítica del Indo-Pacífico.
IV. América Latina: Inflación Resistente, Tasas en Transición y Apertura Estratégica en el Cono Sur
México cerró la semana con una lectura de actividad que confirma la pérdida de dinamismo del ciclo económico. El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del INEGI estimó un crecimiento de 1,2% interanual en febrero y apenas 0,1% mensual, cifras que consolidan un patrón de expansión magra. El año 2025 cerró con un PIB de apenas 0,6%, impulsado casi exclusivamente por la demanda externa: las exportaciones avanzaron 7,0% mientras las importaciones crecieron solo 3,1%, reduciendo el déficit comercial en 20,1% y convirtiendo al sector externo en el único componente que sumó al crecimiento. La demanda interna, en cambio, sigue sin recuperarse: el consumo privado cayó 0,6% mensual en enero, con una recuperación proyectada de apenas 0,1% en febrero. El empleo manufacturero ofrece una señal marginal de mejora —avanzó 0,2% mensual en enero, su segundo mes consecutivo de alza tras diez meses de caídas— pero el comparativo interanual sigue en -2,5%, acumulando 35 meses consecutivos de deterioro desde esa perspectiva.
El frente monetario en México se complica. La encuesta de expectativas de Citi México —con participación de 37 analistas— desplazó el primer recorte de Banxico de marzo a mayo. La magnitud esperada del primer movimiento es de 25 puntos básicos, llevando la tasa a 6,75%. La inflación general proyectada para el mes completo de marzo es 4,24% anual, por encima del 4,02% de febrero y alejándose del rango objetivo de Banxico de 3% ± 1 punto porcentual. La proyección de inflación general para cierre de 2026 subió a 4,10% desde 4,00%, y las expectativas de largo plazo entre 2028 y 2032 se ubican en 3,70%, muy por encima del objetivo de 3,0%. Las expectativas cambiarias también se deterioraron: el consenso sitúa el USD/MXN en 18,35 a cierre de 2026 y en 19,00 para 2027. El crecimiento del PIB se proyecta en 1,5% para 2026 y 1,8% para 2027, cifras que no reflejan ningún impulso de recuperación significativo.
Brasil protagonizó el movimiento monetario más relevante de la región en la semana. El Banco Central recortó la tasa Selic en 25 puntos básicos, desde 15,0% hasta 14,75%, en su primera reducción en casi dos años, cumpliendo con lo anunciado en enero. La decisión llegó en un entorno de alta complejidad: la institución reconoció que el escenario externo se tornó más incierto por la intensificación del conflicto en Oriente Medio y advirtió que el momento exige cautela en la política monetaria de los países emergentes. La naturaleza exportadora de petróleo de Brasil no lo exime del impacto energético: el país importa una fracción relevante del diésel que consume, insumo crítico para el transporte de mercancías y la maquinaria agrícola, cuyo precio ha subido de forma significativa en las últimas semanas. El Gobierno redujo impuestos sobre combustibles para intentar contener la presión, pero la transmisión inflacionaria a través de los costos logísticos ya está en marcha.
Argentina ofreció la lectura macroeconómica más sólida de la región en términos de actividad. El PIB del cuarto trimestre de 2025 creció 2,1% interanual y 0,6% trimestral, cerrando el año con una expansión acumulada del 4,4%. Los motores fueron la inversión (+16,4% interanual), el consumo privado (+7,9%) y las exportaciones (+7,6%), mientras las importaciones subieron 27%, reflejo de una demanda interna que se recuperó con fuerza. El saldo comercial de febrero fue superavitario en US$ 788 millones. Las reservas brutas del Banco Central (BCRA) cerraron la semana en US$ 43.808 millones, con una caída semanal de US$ 1.853 millones explicada por la reducción de encajes y el pago de obligaciones a organismos internacionales. La inflación semanal medida por Invecq se ubicó en 0,2%, con el promedio móvil de cuatro semanas en 2,8%, señal de que el proceso de desinflación continúa.
Venezuela concentró la atención regional con dos movimientos de apertura que reflejan la reconfiguración de sus relaciones con Washington. El primero fue la tramitación de una reforma minera —la primera de calado en más de dos décadas— que amplía las concesiones de 20 a 30 años y abre el Arco Minero del Orinoco —una franja de 112.000 kilómetros cuadrados, cerca del 12% del territorio nacional— a la inversión extranjera, tras la visita del secretario del Interior Doug Burgum acompañado de representantes de una veintena de compañías. Washington autorizó transacciones con Minerven —empresa estatal del oro— y recibió un primer cargamento valorado en 100 millones de dólares. El segundo movimiento fue la ampliación de licencias para importar fertilizantes y petroquímicos venezolanos bajo la misma arquitectura de supervisión financiera aplicada al petróleo, con pagos depositados en cuentas offshore bloqueadas. El Departamento del Tesoro emitió además una licencia para trabajos en la red eléctrica venezolana. El patrón es inequívoco: no se trata de una normalización plena, sino de una flexibilización selectiva condicionada por las necesidades energéticas y agrícolas de Estados Unidos en el contexto del conflicto con Irán.
Valoración — América Latina
La región enfrenta esta semana dos presiones simultáneas que se refuerzan mutuamente: el choque energético externo que eleva los costos de transporte y producción, y la fragilidad de la demanda interna que limita la capacidad de absorberlos sin trasladarlos a precios. México ilustra ese dilema con nitidez: un ciclo que depende del sector externo para crecer, con una demanda doméstica que no despega y una inflación que se aleja del objetivo justo cuando Banxico necesitaría comenzar a recortar. La postergación del primer recorte a mayo no es una decisión técnica menor: cada mes adicional de tasas elevadas agrava la presión sobre el consumo y la inversión en una economía que ya crece por debajo de su potencial. Brasil dio el primer paso de su ciclo de relajación, pero lo hizo rodeado de advertencias sobre cautela y con un diésel más caro que amenaza con reactivar la inflación de costos. Argentina es la excepción positiva: el 4,4% de crecimiento en 2025 y la desinflación sostenida representan el avance más sólido de la región, aunque la caída de reservas y el deterioro de las exportaciones energéticas advierten que la consolidación no está exenta de riesgos. Venezuela abre recursos estratégicos no por convicción reformista sino por necesidad bilateral: la apertura es real, pero su alcance dependerá de si Caracas puede ofrecer el control territorial y la predictibilidad jurídica que la inversión privada requiere en el Arco Minero del Orinoco.
V. Colombia: Deuda en Máximos, Tasas al Alza, Actividad Débil y Fragilidad Energética
La semana consolidó un diagnóstico que los mercados ya venían construyendo desde comienzos de año: Colombia enfrenta simultáneamente una crisis de liquidez fiscal, un ciclo monetario restrictivo que apenas empieza a endurecerse, una actividad económica que pierde dinamismo y un sector energético con señales de alerta estructural. Ninguna de estas presiones tiene solución de corto plazo, y su confluencia configura el entorno macroeconómico más exigente del país desde la crisis de fin de siglo.
En el frente fiscal, el informe de ANIF de la semana precisó la magnitud del deterioro. La deuda bruta del Gobierno Nacional Central alcanzó $1.194 billones en 2025, equivalentes al 64,4% del PIB, el nivel más alto desde 1999 con excepción de la pandemia. Pero el problema más inmediato no es el stock de deuda sino la liquidez: el saldo de las Disponibilidades de la Dirección del Tesoro Nacional (DTN) se ubica en $6,6 billones, un 68% por debajo de su promedio histórico. Con pagos diarios presupuestados de aproximadamente $1,4 billones, los recursos disponibles alcanzan para menos de cinco días de funcionamiento y servicio de deuda. Esa asfixia de caja obliga al Gobierno a salir al mercado de forma recurrente, en un momento en que los TES se negocian con rendimientos cercanos al 14%, niveles no vistos desde 2021, aunque con una diferencia cualitativa fundamental: en aquella oportunidad el alza respondía al ciclo de política monetaria; hoy responde a una prima de riesgo fiscal creciente. El fenómeno más revelador sigue siendo la inversión de la curva de rendimientos, con las tasas más altas concentradas en el tramo medio —vencimientos entre 2029 y 2035— precisamente donde se acumulan los pagos que fueron aplazados mediante operaciones de manejo de deuda previas.
En la comparativa regional, Colombia muestra un deterioro relativo frente a sus pares. El indicador de riesgo soberano EMBI es el más alto entre economías comparables como México, Brasil, Perú y Chile. Mientras México redujo su prima de riesgo en más de 100 puntos básicos en el último año, Colombia solo lo hizo en 52 puntos básicos. El costo de los Credit Default Swaps (CDS) a 5 años ronda los 225 puntos básicos, significativamente superior al de países con la misma calificación crediticia como Sudáfrica o Brasil, y más cercano al de economías con peor calificación como Turquía. Los flujos de capital extranjero alcanzaron máximos históricos en 2025, pero ANIF advierte que se trata en gran medida de capitales golondrina atraídos por las altas tasas, con alta probabilidad de salida rápida ante un cambio en las condiciones de mercado o un aumento de la incertidumbre electoral.
El frente de gasto público añade una capa adicional de complejidad. El análisis del Observatorio Fiscal de la Pontificia Universidad Javeriana advierte que la ejecución del Presupuesto General de la Nación (PGN) aprobado en $546,9 billones avanza a un ritmo incompatible con el ajuste fiscal prometido. A febrero se han obligado $68,2 billones, con una ejecución del 10,4% del total apropiado —prácticamente igual al promedio histórico del 10,6%— y levemente más dinámica que en 2025. El gasto de funcionamiento lidera con una ejecución del 11,5% sobre $358,1 billones apropiados, mientras la inversión pública registra apenas 5,8% de ejecución. A esta presión se suma el rezago presupuestal de 2025 por $48,4 billones, del cual ya se ha pagado el 39,2%, obligando al Gobierno a atender compromisos del pasado y del presente de forma simultánea. El Gobierno emitió más de $110 billones en TES en 2025, cuando el límite estipulado era de $96 billones. Para 2026, el Banco de Bogotá estima que el déficit podría superar el 7% del PIB dada la ausencia de la Regla Fiscal y el patrón de alto gasto con débiles ingresos.
En el frente monetario, la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo de marzo anticipa un ciclo de alzas más agresivo de lo descontado. Los analistas esperan que el Banco de la República suba la tasa de intervención en 75 puntos básicos desde el 10,25% actual hasta el 11,75% en junio, manteniéndola en ese nivel a cierre de diciembre. La inflación observada en febrero fue 5,29%, por debajo del 5,52% esperado, pero la proyección para cierre de 2026 se ubica en 6,24%, muy por encima del rango meta del 2% al 4%. El Banco de Bogotá proyecta un cierre de año en torno al 6,2%, señalando que el incremento del salario mínimo del 23,7% —el más alto en términos reales de la historia— dictará el contexto macroeconómico durante un largo periodo, con consecuencias colaterales que el CFO de la entidad, Sergio Alzate, advirtió que “muy probablemente persistirán durante años”. La tasa de cambio cerró febrero en $3.746, por encima de lo esperado, con una proyección para diciembre de $3.800. El crecimiento del PIB para 2026 se ajustó a la baja de 2,8% a 2,5%.
La actividad económica de enero confirmó la pérdida de impulso. El Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) del DANE registró un crecimiento de apenas 1,55% anual, inferior al 1,95% del mismo mes de 2025 y muy por debajo del promedio histórico del 3,5%. La fractura sectorial es profunda: las actividades primarias —agro y minería— cayeron 2,4%, acumulando cuatro meses consecutivos de retroceso; industria y construcción cedieron 1,0%, su tercer mes en terreno negativo; y el único motor fue el sector servicios con +2,7%, impulsado por administración pública, salud y educación. El presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, advirtió sobre un “debilitamiento estructural” en el que “nuevamente aparece el gasto público como el de mayor crecimiento jalonando la actividad económica”. El presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, fue más directo: “se ha vuelto costumbre que sea la burocracia estatal la actividad de mayor dinámica, lo cual no es sano y es insostenible”. La Formación Bruta de Capital Fijo apenas creció 1,3% en 2025 frente a un gasto público que se disparó al 7,1%.
El impuesto al patrimonio empresarial introducido por el Decreto 0173 de 2026 —modificado por el Decreto 0240 del 12 de marzo— concentró el debate del sector privado durante la semana. ANIF estima un recaudo potencial de $6,3 billones: $4,1 billones provenientes de los sectores sujetos a la tarifa del 1,6% —financiero y extractivo— y $2,2 billones de los gravados con la tarifa general del 0,5%, aplicable a sociedades con patrimonio líquido igual o superior a $10.475 millones. El Banco de Bogotá cuantificó el impacto directo sobre sus resultados en $140.000 millones para 2026 y calificó el tributo como “inédito en otras partes del mundo”, advirtiendo que desacelerará la economía. ANIF señala que la medida llega en el peor momento para la inversión: la Formación Bruta de Capital Fijo pasó de representar el 24% del PIB en 2015 al 16% en 2025, y un gravamen sobre el capital productivo profundiza esa tendencia en lugar de revertirla.
Dos frentes institucionales adicionales generaron tensión durante la semana. El Banco de la República advirtió que el proyecto de decreto del Ministerio de Trabajo sobre traslado anticipado de recursos pensionales desde las AFP hacia Colpensiones “no se encuentra autorizado por la ley y excedería las facultades reglamentarias del Gobierno”, señalando además que un traslado masivo y acelerado afectaría el comportamiento de los TES —en los que está invertida una parte relevante del ahorro pensional— con impactos sobre tasas de interés y liquidez. La Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), por su parte, anunció la demanda del decreto de aranceles sobre hierro, acero y productos cerámicos: el hierro y el acero representan el 16,3% de los costos directos de construcción, y los nuevos aranceles podrían encarecerlos hasta en un 35%, elevando los costos de construcción en 3,9% y el precio final de la vivienda en aproximadamente 2,2%. El sector edificador acumula 33 meses consecutivos de caída en las iniciaciones de vivienda y ha perdido más de 136.000 empleos durante la contracción.
La Contraloría General de la República presentó un estudio sectorial que añadió una dimensión crítica al panorama: Colombia enfrenta riesgo de desabastecimiento energético desde 2026 por ausencia de nuevos proyectos, no pago de deudas acumuladas a prestadores del servicio y debilidades institucionales que impiden concretar inversiones. El horizonte de autosuficiencia es de 5,9 años para gas y 7,2 años para petróleo. El 40% de la gasolina consumida en el país es importada, y la falta de proyectos de refinación incrementará la necesidad de importaciones de ACPM. En el sector eléctrico persisten brechas de acceso superiores a 1,3 millones de viviendas, cuyo cierre requeriría inversiones superiores a $32 billones. El diagnóstico de la Contraloría coincide con el conflicto en Oriente Próximo: un país con fragilidad energética estructural es más vulnerable que otros a los choques externos de precios.
Valoración — Colombia
Colombia cierra la semana con un cuadro en el que cada variable de riesgo apunta en la misma dirección: deuda en máximos de veintiséis años, liquidez fiscal en mínimos históricos, tasas de interés en trayectoria ascendente, actividad que pierde impulso y un sector energético con señales de alerta que el contexto geopolítico internacional vuelve más urgentes. La prima de riesgo reflejada en los CDS y en el EMBI no es una anomalía de mercado: es la lectura técnica de un perfil fiscal que se deteriora sin que exista un mecanismo de ajuste creíble y cuantificado. El impuesto al patrimonio empresarial genera caja en el corto plazo, pero llega en el peor momento para la inversión productiva y añade una señal negativa para los flujos de capital extranjero en un año electoral. El Banco de la República enfrenta el dilema opuesto al de la mayoría de los bancos centrales de la región: mientras Brasil inicia su ciclo de recortes y México se prepara para hacer lo mismo, Colombia sube tasas con una economía que ya crece por debajo de su potencial. El ciclo electoral de mayo es la única variable que podría reorientar la trayectoria: un programa de ajuste fiscal creíble y estructuralmente anclado por la administración entrante sería la condición mínima para contener el deterioro del perfil soberano antes de que las calificadoras convoquen sus próximos comités de revisión.
IV. Renta Variable: Cuatro Semanas en Rojo, Múltiplos bajo Presión y COLCAP como Excepción Petrolera
Los mercados accionarios globales cerraron una semana marcadamente correctiva, con Wall Street liderando las caídas por cuarta semana consecutiva y Europa registrando su tercera pérdida semanal seguida. El driver dominante fue la confluencia de tres factores simultáneos: el tono más restrictivo de la Reserva Federal en su reunión del 18 de marzo, la escalada del conflicto con Irán que elevó el Brent hasta US$ 112,19 al cierre del viernes, y el avance del Treasury a 10 años hasta 4,38% que presionó con especial fuerza los múltiplos de los segmentos de mayor duración. La casi total desaparición de las apuestas de recortes de la Fed para 2026 completó el cuadro de deterioro de condiciones financieras para la renta variable global.
El S&P 500 cerró en 6.506,48, con una caída semanal del 1,9%; el Dow Jones finalizó en 45.577,47, retrocediendo 2,1%; y el Nasdaq terminó en 21.647,61, también con un descenso del 2,1%. La correlación a 20 días entre el S&P 500 y el crudo estadounidense se situó en -0,926, una relación inversa de alta intensidad que evidencia la tensión estructural entre el petróleo caro —positivo para el sector energético— y el resto del mercado, que lo lee como amenaza inflacionaria y freno al ciclo de recortes. El sector energético del índice se benefició del contexto geopolítico desde finales de febrero, pero representa menos del 4% del índice de referencia, insuficiente para compensar el deterioro generalizado. En el sector tecnológico, las empresas de mayor capitalización cedieron terreno: Nvidia, Alphabet, Tesla, Meta Platforms y Microsoft perdieron terreno. Super Micro Computer corrigió adicionalmente tras la acusación penal contra tres personas asociadas con el fabricante de servidores de inteligencia artificial por contrabando de tecnología a China por un valor de al menos US$ 2.500 millones.
En Europa, los principales índices registraron caídas con lecturas de ciclo que reflejan la acumulación de presiones. El DAX 40 de Fráncfort cerró en 22.380, su nivel más bajo desde abril de 2025, con una caída semanal del 4,6%. Las pérdidas más pronunciadas correspondieron a E.ON (-5,7%) y SAP (-4,2%), con Siemens Energy, Rheinmetall y Siemens cediendo más del 3%. El CAC 40 cayó 1,8% para cerrar en 7.666, nuevo mínimo mensual, con Hermès International liderando la retirada (-4,9%) y el sector bancario bajo presión: BNP Paribas (-2,8%) y Société Générale (-4,2%). El FTSE 100 cayó más del 1% el viernes hasta su nivel más bajo del año, acumulando 2,7% de pérdida semanal. Shell y BP cayeron un 1% y 3,3% respectivamente, en aparente contradicción con la subida del crudo, aunque el impacto de las expectativas de tasas más altas sobre los múltiplos del sector superó el efecto favorable del precio del petróleo. En noticias corporativas, Unilever confirmó conversaciones para vender su negocio de alimentos —que incluye marcas como Hellmanns— a McCormick & Company.
Asia cerró con desempeño mixto: el Nikkei 225 y el Hang Seng registraron correcciones, mientras el Nifty 50 de India logró valorizaciones, reflejo de la menor dependencia energética relativa de la economía india frente a Japón y Corea del Sur en el contexto del bloqueo de Ormuz.
En Colombia, el COLCAP cerró en 2.230,71, con una valorización semanal del 2,3%, constituyéndose en la excepción positiva de la semana en los mercados globales. El impulso provino principalmente del repunte del petróleo y su efecto directo sobre Ecopetrol —la acción de mayor peso dentro del índice y la más negociada de la semana con COP$ 119.957 millones— complementado por el anuncio del hallazgo de gas costa afuera en el pozo Copoazú-1. Las ganancias individuales más destacadas correspondieron a Grupo Bolívar (+5,31%), Enka (+5,26%) y Celsia (+4,89%), mientras las mayores caídas fueron para Fabricato (-18,28%) y Cibest (-3,49%). En noticias corporativas, la Asamblea de Accionistas de Cementos Argos aprobó un dividendo ordinario de COP$ 430 por acción y un dividendo extraordinario de COP$ 150 por acción, además de renovar el programa de readquisición de acciones hasta COP$ 450.000 millones. La Junta Directiva de Celsia solicitó la estructuración de un programa de readquisición de acciones por hasta COP$ 150.000 millones a ejecutarse en abril de 2026 a través de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC). A pesar del resultado positivo del índice, el deterioro fiscal y la postura más restrictiva de la Fed siguieron elevando la prima de riesgo local y endureciendo las condiciones financieras para emergentes.
Valoración — Renta Variable
La dinámica de los mercados accionarios esta semana no es de corrección técnica sino de revaluación de escenario. Cuatro semanas consecutivas de caídas en Wall Street y tres en Europa señalan un repricing estructural: el mercado está eliminando la prima de valoración acumulada bajo el supuesto de recortes de tasas en 2026, un supuesto que la Fed y el BCE han descartado en la práctica esta semana. La correlación inversa de -0,926 entre el S&P 500 y el crudo es la expresión más precisa del dilema de mercado: el petróleo caro beneficia al sector energético —menos del 4% del índice— pero destruye valor en el restante 96% al presionar inflación, tasas y márgenes. Tecnología, el segmento de mayor peso y mayor duración, es el más expuesto a ese mecanismo. El COLCAP navega en dirección contraria por razones específicas: el petróleo alto sostiene a Ecopetrol y el hallazgo en Copoazú-1 añade un catalizador de valor. Pero esa lógica es reversible: si el crudo modera o si la prima de riesgo fiscal colombiana continúa expandiéndose, el soporte del índice se diluye. El escenario de mayor riesgo para la renta variable global en el horizonte inmediato es una combinación de petróleo sostenido por encima de US$ 110 y datos de inflación que validen el escenario de tasas altas por más tiempo, lo que presionaría una quinta semana consecutiva de corrección.
VII. Renta Fija: Repricing Global de Tasas, Curva TES bajo Presión y Salida de Extranjeros
El mercado global de renta fija extendió durante la semana el ajuste alcista en los rendimientos soberanos, consolidando una transición de régimen que trasciende el ruido geopolítico de corto plazo: el mercado está abandonando el escenario de desinflación gradual con recortes predecibles y repricing hacia un entorno de tasas altas por más tiempo, con bancos centrales que han cerrado la puerta a la flexibilización y en algunos casos comienzan a contemplar el endurecimiento.
En Estados Unidos, los Treasuries cerraron con alzas generalizadas en los rendimientos, lideradas por el tramo corto. El bono a 2 años subió +18,3 puntos básicos acercándose a 3,86% —con picos intrasemana cercanos al 3,92%—, el de 10 años avanzó +10,3 puntos básicos superando la barrera del 4,30% por primera vez desde julio del año anterior, y el de 30 años subió +3,4 puntos básicos. El movimiento respondió a la combinación de datos de inflación por encima de lo esperado, un mercado laboral resiliente, el mantenimiento de tasas por parte de la Fed con tono restrictivo y el repricing hacia un escenario de “higher for longer” reforzado por el alza del petróleo. La curva mostró aplanamiento bajista en el tramo largo: los operadores comenzaron a descontar una mayor probabilidad de alzas de tasas en lugar de recortes, desplazando el eje del debate desde cuándo recortar hacia si habrá que subir.
En Europa, el ajuste fue aún más pronunciado en términos relativos. Los bunds alemanes a 10 años subieron cerca de 9 puntos básicos hasta 3,05%, su nivel más alto desde 2011. El movimiento más violento correspondió al Reino Unido: los gilts a 10 años avanzaron cerca de 15 puntos básicos hasta el 5,0%, su nivel más alto desde 2008, tras la incorporación de un ritmo más acelerado de subidas del Banco de Inglaterra. Los mercados monetarios están descontando cerca de 80 puntos básicos de alzas adicionales del BCE hacia finales de año y alrededor de 90 puntos básicos del BoE. En la periferia, el BTP italiano a 10 años subió hasta 3,96%, ampliando el diferencial frente al bund hacia 91 puntos básicos ante la salida de posiciones de carry trade y las expectativas de mayor gasto fiscal en Italia para enfrentar el choque energético.
El mercado de TES mostró un comportamiento mixto con sesgo de presión alcista en los rendimientos. La curva de tasa fija evidenció un aplanamiento con empinamiento bajista en el frente: desvalorizaciones marcadas en los tramos cortos —TES agosto 2026 (+12,5 pbs) y noviembre 2027 (+15,1 pbs)— mientras el tramo medio y largo se valorizó con fuerza al inicio de semana, destacándose septiembre 2036 (-23,6 pbs), marzo 2031 (-15,3 pbs) y septiembre 2030 (-14,0 pbs). Esas valorizaciones respondieron al impulso inicial de los Treasuries, al anuncio del pago parcial del Total Return Swap (TRS) —que reduce necesidades de colateral y señala menor presión de oferta—, a la revaluación del COP y a una caída temporal de la prima de riesgo. Sin embargo, el deterioro posterior de las condiciones financieras locales, con el repunte del CDS y de la prima de riesgo a 10 años en línea con el giro al alza de las tasas externas, revirtió parte de esas ganancias. Al cierre, el TES febrero 2033 se ubica en 13,82%, el abril 2028 en 14,00% y las referencias largas como octubre 2050 y octubre 2034 avanzaron entre 11 y 12 puntos básicos.
En los TES UVR, la curva se desvalorizó de forma generalizada, con los mayores movimientos en UVR marzo 2027 (+87,1 pbs), UVR marzo 2033 (+41,9 pbs) y UVR enero 2031 (+39,4 pbs), presionada por flujos de oferta y por el ajuste de expectativas de inflación implícitas a la baja hacia el cierre de la semana, en un entorno de mayor prima por riesgo. Pese a ello, la subasta primaria de TES UVR registró demanda por COP$ 549.201 millones.
Desde el frente de flujos y estructura de deuda, el saldo total de TES se redujo a COP$ 749,2 billones al 18 de marzo, una caída del 0,21% frente a febrero, principalmente por la caducidad de títulos, redenciones anticipadas vinculadas al prepago del TRS y operaciones de canje. El Gobierno acumula COP$ 9,16 billones en canjes de TCOs por TES de largo plazo en lo corrido de 2026, modificando la composición de la deuda hacia plazos más largos. En el frente de tenedores, los inversionistas extranjeros registraron ventas netas cercanas a COP$ 4,05 billones en lo corrido de marzo, asociadas en buena parte a la devolución de bonos utilizados como colateral en el TRS. Entidades públicas e inversionistas institucionales locales compensaron parcialmente esas salidas con compras, manteniendo un comportamiento relativamente ordenado del mercado a pesar del entorno externo adverso.
Valoración — Renta Fija
El mercado de renta fija global está procesando esta semana una de las transiciones de régimen más rápidas de los últimos años: del escenario de desinflación con recortes predecibles al de inflación persistente con bancos centrales que cierran —o revierten— el ciclo de flexibilización. El bund en niveles no vistos desde 2011 y los gilts en máximos desde 2008 no son anomalías técnicas: son la expresión de mercados que han eliminado la prima de desinflación acumulada desde 2023. En ese marco, la duración larga es el activo más expuesto: cada semana adicional de petróleo por encima de US$ 100 y cada dato de inflación por encima de expectativas alimenta la prima por plazo. En Colombia, el comportamiento mixto de los TES refleja la tensión entre dos fuerzas opuestas: el soporte técnico del pago del TRS y la recomposición de tenedores que reduce presión de oferta de corto plazo, frente al deterioro fiscal estructural y el alza de tasas externas que presionan el tramo largo. La salida de extranjeros por COP$ 4,05 billones en marzo es una señal de que el capital golondrina que sostuvo los flujos hacia Colombia en 2025 empieza a migrar hacia activos de menor riesgo en un entorno de tasas globales al alza. Sin un ajuste fiscal creíble y cuantificado, la presión sobre la curva nominal no cederá, y el costo de refinanciación de la deuda pública seguirá escalando.
VIII. Divisas: DXY a la Baja en la Semana, Emergentes bajo Presión y Peso Colombiano entre los Rezagados
El mercado cambiario global vivió una semana de alta volatilidad, con un resultado final que sorprendió por su dirección: el índice DXY cerró con una depreciación del 0,9%, retrocediendo hacia la zona de 99,6 puntos, a pesar de un entorno geopolítico que en semanas anteriores había favorecido al dólar como activo de refugio. La explicación reside en la secuencia intra-semanal: la debilidad del dólar durante los primeros días —favorecida por menor aversión al riesgo, el avance de la Unión Europea en la ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos y señales de alivio temporal sobre el estrecho de Ormuz— más que compensó la corrección alcista del viernes impulsada por el tono restrictivo de la Fed y el repunte del Brent hasta US$ 112,19.
Entre las monedas desarrolladas, el euro se apreció 1,4% y la libra esterlina 0,8%, apoyados principalmente en la caída del DXY y en el mejor apetito por riesgo durante buena parte de la semana. El tono restrictivo del BCE y del Banco de Inglaterra añadió soporte fundamental a ambas divisas, al incorporar el mercado expectativas de alzas de tasas que estrechan el diferencial de rendimientos con el dólar. El franco suizo y el yen japonés registraron valorizaciones moderadas de 0,4% y 0,3% respectivamente, favorecidos por episodios de búsqueda de refugio. El yuan chino cerró prácticamente estable y el dólar australiano avanzó 0,6% beneficiado por la depreciación general del billete verde.
En América Latina, el comportamiento fue heterogéneo. El real brasileño y el peso mexicano lograron apreciaciones marginales de 0,1% y 0,3% respectivamente, respaldados por la debilidad inicial del dólar. El peso chileno se depreció 1,5% y el sol peruano 0,8%, afectados por el fortalecimiento del dólar en la última jornada y la mayor sensibilidad regional al endurecimiento esperado de las condiciones financieras externas.
El peso colombiano se ubicó entre los de peor desempeño relativo de la región con una depreciación del 0,6% en la semana. El USD/COP cerró en COP$ 3.720, un alza de COP$ 44 frente al cierre previo, tras fluctuar entre COP$ 3.680 y COP$ 3.720 en una sesión con transacciones cercanas a US$ 1.164 millones. La dinámica del COP durante la semana ilustra con precisión la tensión que enfrenta la divisa: en varias jornadas se vio favorecida por el alto nivel del Brent, la caída del CDS y la reducción de la prima de riesgo soberana, pero el aumento del 4,05% en la prima de riesgo a 10 años y el ruido político derivado de la última encuesta presidencial de GAD3 terminaron revirtiendo las ganancias acumuladas. El alza de las tasas IBR añadió presión adicional al deteriorar las expectativas sobre el costo del financiamiento doméstico.
Valoración — Divisas
La semana cambiaria ofrece una lectura más matizada que las anteriores: el dólar no fue el activo dominante en términos de resultado semanal, pero mantiene su condición de refugio de última instancia en los momentos de mayor estrés. La depreciación del DXY no refleja debilidad estructural del dólar sino una redistribución de flujos hacia divisas europeas cuyas tasas convergen hacia arriba. Esa dinámica es sostenible mientras el BCE y el BoE mantengan el sesgo restrictivo, pero se revierte si el conflicto en Oriente Próximo escala nuevamente y el petróleo supera US$ 120, escenario en el que el refugio en dólar volvería a dominar. Para el peso colombiano, la semana revela una fragilidad que el petróleo alto puede disimular pero no corregir: la prima de riesgo soberana, el ruido electoral y el alza de las tasas IBR configuran un contexto de presión estructural sobre el COP que persiste independientemente del precio del crudo. El sesgo alcista del USD/COP en el corto plazo se mantiene mientras esas variables domésticas no muestren una reversión clara.
IX. Commodities: Petróleo Divergente, Metales en Retroceso y Café Colombiano al Alza
El mercado de materias primas cerró la semana con una lectura de ciclo compleja: el petróleo registró comportamientos divergentes según la referencia, los metales preciosos e industriales retrocedieron de forma significativa y los productos agrícolas mostraron un tono dispar. El hilo conductor de todos los movimientos fue el mismo: el choque energético derivado del conflicto en Oriente Próximo reconfiguró las expectativas de inflación y tasas, y esa reconfiguración impactó diferencialmente a cada clase de activo.
En petróleo, la divergencia entre referencias fue la señal más relevante de la semana. El Brent avanzó 5,0% para cerrar en US$ 108,25 por barril, con picos intrasemana cercanos a US$ 118, mientras el WTI retrocedió 0,4% hasta US$ 98,32. La brecha entre ambas referencias refleja con precisión la naturaleza geopolítica del choque: el Brent incorpora toda la prima de riesgo derivada del bloqueo del estrecho de Ormuz y los ataques iraníes sobre infraestructura energética regional —incluyendo daños graves al complejo catarí de Ras Laffan, la mayor planta de exportación de gas natural licuado del mundo, y a instalaciones en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait—, mientras el WTI refleja el mercado interior de Estados Unidos, donde la producción permanece estable y escapa al bloqueo logístico de Ormuz. Irak reanudó la exportación de 250.000 barriles diarios a través de un oleoducto hacia Turquía, pero ese volumen sigue siendo marginal frente a la cantidad bloqueada en el Golfo Pérsico. Ante la parálisis marítima y para evitar la saturación de su capacidad de almacenamiento, Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait están reduciendo producción en varios millones de barriles diarios.
Los metales preciosos registraron retrocesos que a primera vista parecen contraintuitivos en un entorno de elevada tensión geopolítica. El oro cayó 10,5% hasta US$ 4.492 por onza y la plata 15,7% hasta US$ 67,9 por onza. La lógica del movimiento es la misma que se observó la semana anterior: el encarecimiento brusco de la energía reaviva los temores de inflación persistente, los bancos centrales endurecen el tono, los rendimientos de los Treasuries suben y el dólar recibe soporte, tres factores que comprimen el atractivo del oro como activo sin cupón. El metal precioso no está fallando como refugio geopolítico; está cediendo ante la lógica de tasas reales más altas, que es el factor dominante en este ciclo. El cobre retrocedió 6,6% hasta US$ 537,5, acumulando en Londres su mayor pérdida semanal en casi un año, presionado por el repliegue de compradores físicos en China ante niveles elevados de precio, mayores inventarios y una demanda spot más débil.
En productos agrícolas, el tono fue dispar. La soja registró una caída importante, el trigo retrocedió y el maíz se mantuvo estable. El algodón operó cerca de 67 centavos por libra, retrocediendo desde máximos de nueve meses, afectado por un dólar más fuerte y señales de demanda moderada. Las ventas de exportación de algodón de Estados Unidos se suavizaron en la semana terminada el 12 de marzo según el último reporte del USDA. El carbonato de litio en China cayó a 150.000 yuanes por tonelada, su nivel más bajo en un mes, tras el desplome del 40% interanual en las ventas de vehículos eléctricos de BYD en febrero, que generó preocupaciones sobre la desaceleración del mercado de movilidad eléctrica. Las autoridades chinas cancelaron 27 permisos de minería en el centro de litio de Jiangxi, mientras Zimbabue suspendió exportaciones de concentrados para forzar la instalación de capacidad de refinación local.
El café arábica subió hasta cerca de US$ 3,10 por libra, su nivel más alto desde comienzos de febrero, respaldado por señales de ajuste en la oferta desde Brasil: Cooxupé, la cooperativa cafetera más grande del país, estima que las exportaciones caerán 10% en 2026 a alrededor de 4,4 millones de sacos, frente a 4,9 millones en 2025, consecuencia directa de la menor cosecha del año anterior. Los agricultores siguen reteniendo ventas en anticipación de precios más altos. En Colombia, el precio interno del café cerró el viernes 20 de marzo en COP$ 2.345.000 por carga de 125 kilogramos de pergamino seco FR 94, un incremento respecto a los COP$ 2.242.000 del día anterior, beneficiado por el alza internacional y la dinámica de oferta restringida en el mercado de origen.
Valoración — Commodities
El mercado de materias primas esta semana ofrece tres lecturas de ciclo que van más allá del ruido geopolítico. Primera: la divergencia entre el Brent y el WTI no es una anomalía técnica sino la expresión del grado de fragmentación que el conflicto está generando en los mercados energéticos globales; mientras esa brecha persista, los precios internacionales de referencia sobreestiman el impacto real sobre la economía estadounidense y subestiman el impacto sobre las economías importadoras de crudo del Golfo. Segunda: el retroceso simultáneo del oro y la plata en un entorno de máxima tensión geopolítica confirma que la narrativa dominante no es de crisis geopolítica clásica sino de estanflación: el mercado está priorizando el riesgo de tasas reales más altas sobre el refugio tradicional en metales preciosos. Tercera: el retroceso del cobre y del litio refleja la preocupación sobre la demanda industrial china en un entorno de energía cara y transición eléctrica más lenta de lo proyectado. Para Colombia, el precio del café en COP$ 2.345.000 por carga es una señal positiva para el ingreso cafetero, aunque la apreciación del peso observada en semanas anteriores sigue operando como factor de erosión del valor en pesos de las exportaciones agrícolas.
El Verdadero Alcance del Shock Petrolero
El alza del petróleo derivada del conflicto en Oriente Medio no es un evento de una sola variable ni un episodio transitorio de volatilidad. Es un shock de oferta con múltiples canales de transmisión que operan de forma simultánea, y cuya verdadera relevancia radica en su capacidad de alterar no solo los precios relativos, sino la dinámica de la inflación, la política monetaria y la valoración de los activos financieros.
El primer canal es el energético directo. Con el Brent superando los 119 dólares por barril y con disrupciones verificables en infraestructura crítica del Golfo, el mercado no está reaccionando ante un riesgo hipotético, sino ante una alteración real del sistema energético global. El elemento verdaderamente crítico es el fueloil, combustible esencial para el transporte marítimo: mientras el petróleo del Golfo produce una fracción significativamente mayor de residuos aptos para este derivado, el crudo estadounidense genera una proporción considerablemente menor. Esto implica que la sustitución de barriles no resuelve necesariamente el problema logístico. Puede haber petróleo suficiente en términos agregados y, al mismo tiempo, escasez del insumo que sostiene el comercio global. Ese desajuste introduce un riesgo sistémico que aún no ha sido plenamente internalizado por los mercados.
El segundo canal es industrial. El aluminio, intensivo en consumo eléctrico, refleja con claridad este mecanismo: el encarecimiento del gas y del petróleo se traduce en mayores costos de fundición que se propagan hacia la construcción, la automoción, la aviación y el cableado eléctrico. El cobre enfrenta un canal distinto pero igualmente relevante: un shock energético que eleva costos y reduce expectativas de crecimiento enfría la demanda industrial mientras encarece la producción y el transporte. Quedar atrapado entre costos crecientes y demanda debilitada ha sido, históricamente, una combinación adversa para los metales industriales.
El tercer canal es el agroalimentario, probablemente el más sensible desde el punto de vista social. Una proporción significativa del comercio global de fertilizantes transita por la región del Golfo, y las interrupciones recientes ya se están reflejando en aumentos relevantes en el precio de la urea. La transmisión es directa y rápida: fertilizantes más caros elevan el costo de siembra, mientras el encarecimiento del diésel impacta cosecha y logística en cuestión de semanas. El resultado final se materializa en el precio de los alimentos, componente que amplifica la persistencia inflacionaria y limita el margen de acción de la política monetaria.
El cuarto canal es financiero, y es aquí donde el shock adquiere mayor relevancia para la toma de decisiones. La coincidencia de reuniones de los principales bancos centrales del mundo ha dejado un mensaje consistente: el riesgo inflacionario derivado de la energía vuelve a ocupar un lugar central en la función de reacción de la política monetaria. Las autoridades han sido explícitas en su disposición a mantener o incluso endurecer las condiciones financieras si el shock se traslada a expectativas salariales o a inflación de segunda ronda. En segmentos como el crédito privado, donde la liquidez es más limitada y la valoración menos transparente, el ajuste puede ser más abrupto que en los mercados públicos.
El quinto canal es el de los insumos industriales derivados del petróleo. Los polímeros vinculados a la nafta, base de una parte sustancial de la producción de plásticos, están experimentando incrementos de precio en línea con el crudo. Este efecto se transmite rápidamente hacia sectores como el envasado, la construcción, la industria automotriz y la infraestructura. No se trata de un canal dominante en términos individuales, pero sí de uno que amplía la base inflacionaria y dificulta la lectura del componente subyacente del IPC.
Valoración
El escenario base no es estanflación, pero el riesgo ha vuelto al radar con suficiente peso como para exigir una revisión de supuestos. Lo que diferencia este episodio de los shocks petroleros de los años setenta es que la intensidad energética del PIB ha caído cerca del 70% desde entonces, y que economías como la estadounidense son hoy exportadoras netas de energía. Eso reduce la vulnerabilidad estructural. Sin embargo, la coincidencia de un shock de oferta energético, un ciclo de endurecimiento monetario y fragilidades en el crédito privado configura un entorno donde los errores de política tienen un costo más alto de lo habitual.
Nota del Autor
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