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Las seis palabras que dan título a este texto son hoy por hoy, más que una frase acuñada desde el inicio de su mandato por el Gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón Cardona, un manifiesto, una forma de entender a lo que nos enfrentamos como Departamento, un muro de contención ante las ideas trasnochadas y que solo atrasan el desarrollo del país.
Resistir es plantarse. Antioquia ha resistido, resiste y resistirá.
Resistir no es oponerse. Resistir es, ante todo, tener claridad de rumbo. Es saber que el desarrollo no se decreta, se construye, que la infraestructura no es un lujo, que el progreso no admite atajos ideológicos que terminan condenando a las regiones al atraso.
Resistir es defender la institucionalidad cuando otros pretenden debilitarla. Es cuidar lo que funciona, corregir lo que falla y no destruir por capricho lo que ha costado décadas levantar, como lo viene haciendo el gobierno nacional, pero que no la ha tenido fácil con Antioquia y con un gobernador al que no le tiembla el pulso para defender a sus “paisanos”.
Antioquia, históricamente, ha sido una tierra que convierte las dificultades en caminos.
Aquí no se improvisa el futuro, aquí se trabaja. Se conecta el campo con la ciudad, se invierte en vías, se cree en la empresa y se respalda al que madruga. Antioquia ha entendido algo que a veces se olvida en el debate nacional: sin regiones fuertes, no hay país posible.
Hoy, cuando desde distintos frentes se promueven discursos que desincentivan la inversión, que siembran desconfianza y que ponen en duda el valor del esfuerzo, Antioquia levanta la mano y dice: hay otro camino. Un camino donde el Estado acompaña, pero no asfixia; donde la iniciativa privada no es enemiga, sino aliada; donde el desarrollo es una tarea colectiva.
Resistir también es no ceder al ruido. Es no dejarse arrastrar por la polarización fácil ni por las soluciones mágicas. Es entender que gobernar implica tomar decisiones responsables, incluso cuando no son populares.
Por eso, cuando decimos “Si Antioquia resiste, Colombia se salva”, no hablamos desde el regionalismo, sino desde la evidencia. Antioquia ha sido, una y otra vez, motor económico, referente institucional y ejemplo. Lo que aquí se defienda hoy, será garantía, mañana, para todo el país.
Porque al final, resistir es no quedarse quieto. Resistir es avanzar con convicción, es sostener los principios cuando soplan vientos contrarios. Es, como creo que dijo Churchill, “nunca rendirse”.
Y en Antioquia lo tenemos claro: no nos rendimos.













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