Pacto Histórico, ¿la segunda fuerza política en Antioquia?

Una respuesta corta a la pregunta que titula la presente columna sería afirmativa, aunque en perspectiva de análisis se debe matizar desde dos ángulos. Primero, en la elección del 8 de marzo el Pacto Histórico, ya no como coalición electoral sino como partido político (es la segunda y más exitosa transformación de la izquierda en lo que va del siglo), se elevó a segunda fuerza política en Antioquia, pero sus resultados en el preconteo tanto en Cámara como en Senado, 394.081 y 392.002 votos respectivamente, reflejan un altísimo nivel de equivalencia entre una votación departamental-nacional que corresponden al efecto arrastre de la consolidación del Pacto como primera fuerza en el Congreso; entonces sí, el Pacto sí es la segunda fuerza política en Antioquia, pero, por el momento, en una elección nacional.

Segundo, con el 17.21% de la votación para su lista a Cámara se revalidó una tendencia de crecimiento a su favor que inició desde el 2022 cuando su lista sacó el 11.33% correspondiente a 224.586 votos ingresando así dos representantes a la cifra repartidora –estuvo a pocos votos de ingresar el tercero–, ahora, el Pacto ingresó a tres representantes –estuvo a pocos votos de ingresar el cuarto– y superó a dos tradicionales de viejo cuño: los partidos Liberal y Conservador. Por donde se le mire el crecimiento es espectacular porque si nos remitimos al 2018, cuando Petro soportó su segunda candidatura a la presidencia en la “Lista de la Decencia” –coalición de ASI, la UP y MAIS– el resultado al Senado, porque ni se tuvo lista propia a Cámara, fue de 26,321 votos, el 1.46%. No cabe la menor duda de que en la última década la izquierda antioqueña ha crecido y mucho.

Pero dicho crecimiento y consolidación en las elecciones nacionales contrasta con sus resultados en las elecciones subnacionales. Por ejemplo, en el año 2023 la lista a la Asamblea Departamental del Pacto sacó 102.153 votos –a los que se pueden sumar en el núcleo del petrismo los 61.840 que alcanzó la lista del movimiento Independientes– y la lista al Concejo de Medellín logró 44.065 votos, resultados, sin duda positivos, pero que solo permitieron librar el umbral e ingresar un escaño tanto en la Asamblea como en el Concejo. Sin contar que en esas elecciones el Pacto no entró como jugador fuerte en la competencia por la Gobernación o a disputarse alcaldías de municipios grandes. De ahí que entre el 2022 y el 2023 haya pasado de ser la cuarta fuerza política a la séptima.

Por eso, la condición del Pacto como segunda fuerza política en Antioquia solo se definirá en propiedad en las elecciones del próximo año. Será en el 2027 que el Pacto deberá demostrar que su crecimiento además de corresponder a una tendencia de crecimiento de la izquierda a nivel nacional también se sostiene en elecciones territoriales con la articulación de estructuras políticas que se traducen en edilatos, concejales, alcaldes, diputados y quien quita, gobernador (así sea en coalición). Ese es el reto que se tiene luego de alcanzar casi 400 mil votos a Cámara, votación que estuvo muy por encima de la alcanzada por Creemos (lo que seguramente le generó un cólico a Federico Gutiérrez) y que sorprendió a todos los analistas, pero que, advirtiendo la votación de la lista nacional al Senado, se ajusta a un crecimiento proporcional.

Pero antes de pensar en las subnacionales del 2027, el Pacto deberá hacer todo lo posible por tratar de equilibrar la cancha de cara a las presidenciales. Es claro que en Antioquia la derecha uribista y la ultraderecha abelardista estarán por delante en la primera vuelta, la clave es que la diferencia no sea muy abultada, logrando, en el mejor de los escenarios, que Cepeda se acerque a los 942,005 votos que obtuvo Petro en la segunda vuelta del 2022. Prácticamente implicaría duplicar en pocos meses la votación que sacaron las listas. Es un reto mayúsculo pero que se torna indispensable si el objetivo – como se lo ha trazado el mismo candidato– es ganar en primera vuelta, o, si ese ambicioso objetivo no se cumple, para que la segunda vuelta no la termine definiendo una derecha antioqueña ya unificada entorno a una sola candidatura.

Desde el Pacto se debe examinar el crecimiento de su tipo de elector en Antioquia, un elector, que, mayoritariamente, es de opinión y se ubica en los grandes núcleos urbanos del Valle de Aburrá y el oriente cercano, sin dejar de lado un electorado en regiones como el Urabá, el Bajo Cauca y el Nordeste que consistentemente le han respondido a la izquierda en elecciones presidenciales desde la segunda vuelta del 2018. La pregunta que surge es si el Pacto podrá duplicar esa base de opinión o sumar estructuras políticas tradicionales pero que han jugado del lado del Gobierno, como el grupo Renovación Liberal de Julián Bedoya, o la tendencia conservadora del senador Carlos Trujillo. Eso ya dependerá de la estrategia de Cepeda y si buscará replicar el juego de alianzas con los tradicionales que fue determinante para el crecimiento de Petro en el 2022.

Por el momento, no se debe dudar en que el Pacto efectivamente sí es la segunda fuerza política en Antioquia, pero su fuerza se encuentra en un electorado de opinión, por naturaleza, volátil y difícil de retener de una elección a otra. La prueba de fuego para conservar esa posición no será tanto en las presidenciales como en las subnacionales del 2027. Ahí si podremos saber de que esta hecho el Pacto en la “tierra del uribismo” cuando no se ve arrastrado por una tendencia nacional.

Fredy Chaverra Colorado

Politólogo, UdeA. Magister en Ciencia Política. Asesor, investigador y editor.

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