El origen de los sistemas políticos está corporado en la naturaleza del ser humano, en su proceso de socialización, ante la necesidad de que alguien gobierne, dirija y organice la vida en sociedad. A lo largo de la historia, las dinastías se transformaron en monarquías, concentrando el poder en la figura del rey o monarca. Impulsadas por el afán expansiónista. Muchas de ellas terminaron convertidas en imperios. Más tarde, en Grecia, nació la democracia, que trasladó el ejercicio del poder a un consejo ciudadano. Sin embargo, con el tiempo este sistema fue desplazado, dando paso a regímenes dictatoriales.
Tras la caída de los imperios, emergió el poder de la nobleza de clase burguesa. Que reclamaba igualdad de oportunidades para todos; inconformidad que dio origen a la Revolución Francesa y que sentó las bases de la democracia en el mundo occidental.
En la actualidad, estamos en la elección de quien nos dirija para ceder la administración de nuestros bienes y libertades individuales, para la búsqueda constante de un bien superior que nos permita mejorar la vida en sociedad.
Colombia es un país con ventajas comparativas y competitivas de nivel global. Su ubicación geográfica conecta América del Norte y del Sur, condición que la convierte en la puerta de entrada al sur del continente. Cuenta con más de 45 rutas marítimas de exportación y acceso a 680 puertos internacionales. Su localización ecuatorial le brinda una riqueza climática y ecosistémica, con todos los pisos térmicos, de abundantes recursos hídricos, minerales y petroleros, y una doble salida a los océanos Atlántico y Pacífico. Que ante la crisis del canal de Panamá, reúne las condiciones geográficas y técnicas para el nuevo canal interoceánico.
Necesitamos construir una sociedad más igualitaria, liberar conciencias y dar el salto de un Estado político a uno de gerencia administrativa. Con desafío de ejercer un liderazgo capaz de reducir el déficit fiscal, proyectar estructura de la autosostenibilidad y optimizar la inversión pública, hoy agravada por una excesiva carga burocrática. En seguridad reconocer que hay más território que Estado. Requerimos evolucionar de un Estado anárquico, centralizado y multipolar hacia uno con autonomía administrativa regional, con representación política incluyente y equitativa.
Urge transformar y penalizar el ejercerla actual ortodoxa oposición política “de oposición por oposición” , para transcender a una oposición constructiva y consultiva, para transformar las ideologías rígidas y buscar la verdad en los hechos.
La irrupción de la inteligencia artificial abre interrogantes sobre el futuro del perfeccionamiento humano, con resultados absolutos en todas las decisiones. No se genera riqueza con gravar y regular impositivamente en exceso; debemos utilizar la IA para controlar el recaudo de impuestos, e identificar la evasión y la elusión fiscal, optimizando el uso de subvenciones, que garanticen que la innovación.
Se hace necesario reconocer que el narcotráfico va más allá de ser un problema de seguridad ciudadana, es la principal fuente de financiación de actividades contrarias al Estado, que permea los sectores económicos e ideológicos. Este fenómeno debe analizarse con praxeología, como disciplina que estudia el trabajo humano, para comprender las condiciones que rigen estas conductas orientadas a un mejoramiento continuo hacia la legalidad.
No necesitamos seguir enfrascados en discusiones estériles sobre el pasado de los gobiernos. Se requiere un nuevo gobierno, discontinuo y continuo en lo esencial, con apertura al cambio según la necesidad presente, que mida el el analfabetismo tecnológico, abra nuevos mercados, flexibilice condiciones para la inversión extranjera y libere las fuerzas productivas de la represión financiera.
La inteligencia artificial, aplicada en la interfaz social, debe contribuir a construir una ideología de país circunstancial, que permita erradicar la polarización que alimenta los extremos. No podemos seguir siendo rehenes del miedo como condicionante electoral. Solo así podremos superar la vulnerabilidad frente a los discursos de odio y división, para elegir con claridad y madurez. La IA puede ayudar a tomar decisiones más informadas, detectar posturas contradictorias e identificar el uso del populismo desinformado.
Hoy vivimos en una pluralidad de ideologías, que no nos dejan ver la real necesidad de la sociedad. Necesitamos un país liderado por un dirigente con visión de gerencia política, que retorne al verdadero sentido del cargo de “Ejecutivo”, con un plan de gobierno de cohesión social que incluya políticas de impacto en el empleo, inflación, y el medio ambiente. Una gobernanza capaz de aumentar la producción de bienes y servicios para fortalecer el PIB; alguien con juicio coherente; que deje de pensar como sujeto condicionado y piense como Estado, con una mentalidad ideológica de “software político” adaptable, práctico y centrado en lo fundamental, para alcanzar hacia la plenitud de estadista. Que Dios nos ilumine y la Inteligencia artificial nos ayude a elegir el mejor.














Particularmente pienso que Colombia aún no está lista para dar ese paso, falta mucha pedagogía, mucha cultura, mucha interacción y menos polarización, en bien de todos los colombianos.
La IA, bien usada y guiada, puede ser ese ” intermediario”.