“El deber moral de las personas que hemos tenido mejores oportunidades es ayudar a elegir gobernantes que verdaderamente ayuden a transformar positivamente el país y que tengan una preparación mínima”.
“Cada pueblo tiene el gobernante que se merece” es una frase popular que se le atribuye al filósofo francés Joseph de Maistre. Se entiende como que si una sociedad es inteligente tiene mejores gobernantes que una sociedad ignorante. Y no quiero decir que una sociedad inteligente es la que ha recibido una educación formal. La inteligencia va más allá de estudios académicos y cartones. Una sociedad inteligente es aquella que tiene pensamiento crítico, la que defiende derechos colectivos para el bienestar de toda la población y por tanto sabe que el bienestar individual no se construye perjudicando al otro.
Que la ciudadanía pueda elegir a sus gobernantes es un privilegio de los países que tenemos democracia. Privilegio que no tienen los venezolanos y cubanos y donde el deterioro de la calidad de vida de sus ciudadanos es evidente. Por eso es un deber cuidar la democracia que además permite que todo tipo de ideologías y propuestas puedan llegar al poder gracias al respaldo de la mayoría de los ciudadanos.
La misma analogía sirve para diferenciar un país desarrollado de uno en vía de desarrollo, como Colombia. Un país desarrollado tiene instituciones más sólidas, controles más efectivos contra la corrupción y por supuesto una clase media más sólida y dominante donde prácticamente no hay pobreza y sí un mínimo de calidad de vida para la población. En un país desarrollado es raro escuchar de compra de votos o de regalar almuerzos o tamales para que la gente vaya a las reuniones políticas. La gente es su mayoría vota por quien quiere y a conciencia creyendo que es lo mejor para su país.
Que Colombia es un país en vía de desarrollo y con grandes brechas sociales es una realidad y las elecciones políticas son un termómetro, si hay comida en la reunión de un candidato, así no le gusten sus propuestas o no les interese, muchos van a la reunión; otros venden el voto porque necesidad resolver una necesidad en el corto plazo. “Pan para hoy, y hambre para mañana” dice el refrán español.
Al final no es culpa de quien vende el voto o va a una reunión política sólo por el almuerzo; en estos casos, la mayoría lo hace porque viven en modo subsistencia y porque se despiertan sin saber si van a poder comer ese día. Puede sonarle extraño, pero muchas personas en Colombia se despiertan hoy sin saber si van a poder pagar la pieza (habitación) en la que viven y que pagan por días.
Que haya ese nivel de desigualdad en un país como el nuestro se debe en buena medida a los gobernantes que hemos tenido, que se aprovechan de esas necesidades para elegirse y luego enriquecerse de cuenta del erario sin resolver las brechas sociales.
El deber moral de las personas que hemos tenido mejores oportunidades es ayudar a elegir gobernantes que verdaderamente ayuden a transformar positivamente el país y que tengan una preparación mínima, como conversaba la semana pasada con un colega, para que los que administran pasen del dicho (promesas) al hecho y tengan gran capacidad de gestión y ejecución.
Estamos a una semana de elegir un nuevo congreso, ojalá elijamos las personas más idóneas, que quieran el país y por tanto el bienestar de sus ciudadanos. Afortunadamente en Colombia seguimos teniendo elecciones libres, transparentes y justas, muy a pesar del presidente Petro que ya busca fantasmas de fraude, cuando él mismo ha sido elegido bajo este mismo sistema electoral para alcaldía de Bogotá, Congreso y Presidencia y tiene actualmente el mayor número de congresistas. No hay duda de que le gusta crear enemigos para martirizarse y buscar quedar como héroe.













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