Conciencia dimensional 1.0

Podría denominarse consciencia dimensional a la capacidad de ubicarse física y espacialmente en la escala que nos corresponde como seres humanos en el universo, y nuestra percepción y juicio sobre ella. Me atrevería a aseverar que para fines prácticos y quizá erróneamente lúdicos, nuestra conciencia dimensional se ha visto distorsionada por las representaciones generalizadas desde los átomos hasta el sistema solar.

“Vamos a dar una vuelta al cielo, para ver lo que es eterno”

Podría denominarse consciencia dimensional a la capacidad de ubicarse física y espacialmente en la escala que nos corresponde como seres humanos en el universo, y nuestra percepción y juicio sobre ella. Me atrevería a aseverar que para fines prácticos y quizá erróneamente lúdicos, nuestra conciencia dimensional se ha visto distorsionada por las representaciones generalizadas desde los átomos hasta el sistema solar. Apelando a los conceptos de la física clásica que determina los componentes del universo, estas escalas están determinadas por la cantidad de materia de un elemento y su lugar en el espacio, pero la física moderna ha hecho que muchos de estos conceptos sean replanteados.

No obstante, la consciencia dimensional está estrechamente relacionada a las proporciones del sujeto, en este caso nosotros, por lo que determinar el tamaño que nos correspondería entre -uno de los millones de átomos que nos componen y el sol- resulta un ejercicio un tanto confuso. Sin embargo podría partirse de que si un átomo fuera del tamaño de un balón de fútbol, una persona promedio tendría una altura de cien veces la distancia de la tierra a la luna y su globo ocular sería tres veces la distancia de Singapur a Nueva York. Ahora, si la tierra tuviera el tamaño del mismo balón de fútbol y estuviera en el Parque Berrio de Medellín o en el Plaza de Bolívar del D.C., la luna tendría el tamaño de una pelota de tenis y la estaría orbitando a 7 metros de distancia, por su parte el sol estaría en la estación de Industriales o en el Centro internacional (2.5 km) respectivamente, y tendría la envergadura de un edificio de 7 pisos.

Retornando a las escalas elementales, si el átomo de hidrógeno fuera del tamaño del estadio Metropolitano de Barranquilla, por el borde exterior de las tribunas girarían los electrones que tendrían un tamaño de una pelota loca de dispensador; a una velocidad tan alta que solo podría verse una delgada línea oscilante. El núcleo atómico sería como una pelota de playa rotando en el centro del campo. Por lo tanto, si asumimos que somos objetos del tamaño de cien veces la distancia de la tierra a la luna, compuestos por balones de fútbol -que si fueran el Metropolitano solo tendían como masa estas pequeñas pelotas- podría decirse que estamos “llenos de vacío”. Es como si en la pelota loca y la de playa estuviera toda la masa (o coloquialmente dicho: el peso) del estadio. Así, la densidad de estas partículas subatómicas es tan grande que si un iPhone 6 estuviera compuesto únicamente de núcleos atómicos de hidrogeno, tendría el peso 100 veces toda la población del mundo o 160 millones de Boeing 747.

Las nubes, serían quizá los elementos ideográficos más apropiados para describir lo que conocemos como materia, desde un punto de vista menos perceptivo y más analítico. De lejos se ven como objetos sólidos, robustos, de muchos colores, formas y texturas. Sin embargo, a medida que nos aproximamos a ellas, parecen hacerse diáfanas y ligeras hasta el punto de tornarse una sustancia incorpórea, casi imperceptible al tacto cuando la neblina desciende para cubrir las calles. Como si al hacerle un ultra-zoom a nuestro cuerpo comenzáramos a visualizar los pequeños balones de fútbol atómicos que nos componen, y luego, al ver más de cerca pudiéramos ver sus pequeños componentes percibiendo la inmensidad del vacío.

La conciencia dimensional, tal vez sea igual de inútil a la conciencia social, ambiental, humana, política o económica que rige el mundo moderno, pero tal vez al darnos el lugar que nos merecemos en la escala del universo, nos permita entender que además de ser un conjunto de átomos o simples pelotas de fútbol dispuestas de una forma única, llenos de vacíos, somos elementos insignificantes, despreciables, ínfimos en el conjunto universal.

“Parecemos nubes, que se las lleva el viento”

 

 

Juan Simón Obando Zapata

Caldense, latinoamericanista y matriarcalista, portador del síndrome de Peter Pan, ingeniero civil y maestro en bioconstrucción, comprometido con la creación de patria. Opositor de las polarizaciones doctrinales que nos han inoculado a través de los años y conducido a esta pendencia inagotable de hermanos, ningún conflicto en la corta historia de la humanidad ha dado un ganador absoluto.

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