«Los colombianos necesitan que les entreguen su fórmula de medicamentos cada mes, no solo el tarjetón electoral cada cuatro años»
En la última campaña presidencial, la salud fue un tema fundamental para los electores. Y no era para menos. El nuevo gobierno se encontró con un sistema en cuidados intensivos y con pronóstico reservado.
Quienes trabajamos en el sector de la salud hemos palpado el dolor de los pacientes y sus familias cuando no encuentran atención. La red pública hospitalaria, en crisis; el personal de la salud, cansado y sin salarios; varias EPS intervenidas, algunas casi quebradas y al punto de la liquidación. En resumen: citas sin agenda, medicamentos que no se entregan, cirugías que no se han hecho, derechos que no se garantizan.
A todos los colombianos, sin importar el color político con que se identifiquen, les ha tocado en carne propia o en la de alguien cercano la crisis del sistema de salud.
Muchos de esos problemas vienen desde el inicio de la Ley 100, para ser honestos y justos. Pero también es verdad, aunque les cueste aceptarlo, que al sistema lo deterioraron en el último gobierno. Las causas, entonces, son antiguas y nuevas.
Hay problemas que son urgentes: un cálculo serio de la UPC —el pago que hace el Estado a cada EPS por afiliado—, hoy insuficiente; pagar la deuda con la red hospitalaria y recuperar la capacidad asistencial; estabilizar las EPS intervenidas que están a punto del colapso; garantizar el flujo de recursos y el acceso a los medicamentos.
Colombia debe solucionar la actual coyuntura y, en eso, el Gobierno ha venido avanzando parcialmente con el denominado «Plan de choque en salud». Sin embargo, no se pueden olvidar los problemas estructurales del sistema, y en eso tienen razón algunos sectores de la sociedad. El sistema de salud, por ejemplo, debe incluir con más seriedad la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad, pero con esquemas y programas basados en la evidencia científica, sin improvisaciones que generan derroche de recursos y, a veces, con pocos resultados demostrables o sostenibles.
Se necesita también una cita prioritaria entre todos los actores del sistema: EPS, IPS, representantes de los pacientes, del talento humano en salud y de las farmacéuticas, además de los líderes del Gobierno y de la oposición. Pero necesitamos sensatez y honestidad por parte de todos los actores. Las bondades de nuestro sistema de salud no pueden acabarse por fanatismos ideológicos, pero tampoco podemos negar sus problemas por miedo al cambio.
El país ya no tolera excusas ni bloqueos. Una reforma consensuada nos permitirá avanzar como país y sacar al sistema de salud de la pugna electoral. El cuidado de la salud y de la vida debería ser nuestro primer acuerdo sobre lo fundamental. Los colombianos necesitan que les entreguen su fórmula de medicamentos cada mes, no solo el tarjetón electoral cada cuatro años. Así se debilita la promesa democrática.
Colombia espera respuestas, particularmente del Gobierno y de la oposición, porque mientras discuten, los colombianos enferman y mueren. Ojalá se nos haga el milagro.
















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