Columna, la mía

Darle voz a mi quebranto, veo cómo se desvanece en el tiempo mi grito y mi llanto. Silencio que consume y yo, aún en lo bajo, sigo volando.

Lugar de encantos, ¿cómo describir esos escurridizos momentos en que a mí misma me hallo? hallo y me ahogo. Huyendo como quien esconde su canto.

Yo también quiero recordarme publicando. Honestamente, en el sentido de lo que una IA mejor que yo no te pueda explicar: parametrizando.

Poesía, dialéctica del barro emancipado…

Ahora que soy un poco más libre gracias a mis habilidades técnicas, entiendo la propiedad de las lenguas y la riqueza de los lógicos lenguajes.

Orgullosamente colombiana, como para comprender de los manglares y la llanura andinoamazónica que pensar es una sensibilidad, que de odio NO se debe envenenar, fumigar.

¿Las limitaciones propias de la regla, qué las podrá derribar? Imagina un duende en tu cabeza que, de tabla en tabla, te hace saltar. Hay misterios por los cuales amar es humanidad.

Dícese del amor de Dios: la dimensión del conocimiento para comprender su majestuosidad. Del amor humano: su gran capacidad de crear.

Superar el absurdo con la responsabilidad individual, pero no quiero guerra en la cultura, sino carnaval de diversidad: es mi proclama política por la dignidad.

María Mercedes Frank

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