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La verdad es más importante que los barrotes: historias de conflicto

Cuando de conflicto armado se trata, a veces nos centramos mucho en las opiniones de grandes personajes o en los debates de personas visibles en la vida pública; sin embargo, pocas veces detallamos las historias de aquellas personas que sufren día y noche, algunas en la sombra y otras en la plaza pública. La historia de María Elena, miembro de las Madres de la Candelaria de Medellín, es una de ésas que nació de las sombras para gritarse ante los cuatro vientos: una historia de perdón y reconciliación.

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Un equipo de Al Poniente tuvo la oportunidad de entrevistar a la señora María Elena Toro Agudelo como víctima del conflicto armado colombiano para realizar un trabajo de memoria en el área Cátedra para la Paz. De su historia se puede notar un gran esfuerzo por el salir adelante y por el dejar atrás el pasado: aunque sea un proceso difícil para la reconstrucción de la vida personal, María Elena encontró en las Madres de la Candelaria -una asociación de víctimas que se caracteriza entre otras cosas por estar presente un día a la semana en la famosa Iglesia de la Candelaria extendiendo en la acera una pancarta con las fotos de sus familiares desaparecidos-, una oportunidad para salir adelante de aquel pasado. En el presente es una persona llena de esperanza y de convicciones. A pesar de tener 72 años nada fue un impedimento para que ella esté en este momento a punto de graduarse con un título profesional en Investigación Judicial. Lucha constantemente por la búsqueda de sus familiares desaparecidos y de los de sus compañeras en una organización en la que además realiza actividades como la costura o la pintura como una familia de verdad. En algunos casos ha sido un final totalmente exitoso (han encontrado alrededor de 20 desaparecidos por investigaciones hechas de la organización misma) y en otros sigue siendo una espera por un final. Hoy María Elena es una persona diferente, y considera que el perdón es lo más importante. Quiso dejar atrás su rencor y entender que, para ella y para muchas más víctimas de Colombia, la verdad y la reparación es mucho más importante que los barrotes. Aquí su historia.

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Grupo Cátedra: Cuéntenos un poco de usted.

María Elena: Soy una mujer que hace parte de las Madres de la Candelaria Línea Fundadora desde el año 99 a raíz de la desaparición de cinco familiares entre el 96 y el 97. Como víctima, para mí fue muy importante unirme al grupo de las Madres de la Candelaria porque nosotras en todo este trabajo que hacemos hemos entendido que si nos juntamos y estamos juntas podemos salir adelante a pesar de las cosas en las que nos ha tocado meternos. Todo esto porque uno se siente muy solo después de estos sucesos y la idea es sentirse acompañado, con más ánimos de seguir en la lucha. Siempre hay que tener en cuenta que hay otras personas que tienen problemas peores que los de nosotros y eso nos da un poco de confianza. Todo se basa siempre en la idea de ser una sola familia.

En este momento estoy estudiando Investigación Judicial y Criminalística en el Politécnico de Antioquia. Me tocó hacerlo debido a la inoperancia de la justicia aquí en Colombia, puesto que quería saber qué pasó con mis familiares. Sobre esto, en una ocasión tuve la oportunidad de hablar con alias ‘don Berna’ en una audiencia que se organizó. Frente a este encuentro pude saber dónde se encontraban algunos de mis familiares desaparecidos, por lo que fuimos al sitio donde Berna dijo que estaban los cuerpos. La primera vez que fuimos, que fue con un fiscal de Bogotá, no encontramos nada. Sin embargo la segunda vez que volvimos sí los encontramos, entre Sopetrán y Olaya, en una finca que se llama la Gavina. Ahí los encontramos.

Grupo Cátedra: Cuéntenos de sus familiares. ¿Quiénes eran? ¿Qué hacían?

María Elena: En el 96 fue la desaparición de mi hermana Mercedes Toro Agudelo, de Juan Carlos Ortiz su compañero y de su hija Claudia Elena. Mercedes era la cuarta de la familia, pero por haber sido la persona que se aventuró a estudiar y a lograr salir adelante mi papá depositó la confianza en ella por lo que ella pasó a administrar todo lo que era de la familia y entre las compras que hizo, compró una ladrillera en frontino para que trabajara toda la familia. Cuento esto porque eso como que fue el acabose de la familia, ya que por la compra de esas tierras fue la desaparición de ella. Juan Carlos era su compañero, y él también hacía parte de las personas que trabajaban en la ladrillera. Claudia Elena era una ingeniera civil de la Medellín, estaba recién salida de la Universidad, estaba casada y dejó un niño de dos años. Éste era el grupo que manejaba los bienes de la familia.

También en el 97 fue la desaparición del hijo mío y de su amigo. Después de que mi hermana desapareció me fui para Frontino a acompañar a mi hermano en la ladrillera que era de la familia. El 22 de febrero que mi hijo viajó para llevarles seiscientos mil pesos para pagar la luz y a dejar una moto, lo cogió el ejército en la plaza de Frontino, lo llevó para el batallón de Manguruma y ahí se lo entregaron al paramilitar que en ésa época ejercía el poder, es decir alias ‘el tuerto’. Hasta donde yo averigüé por lo que dijo el soldado fue que lo cogieron porque él llevaba la fotocopia de la libreta militar, otra de la cédula y en la moto en que ellos andaban iba sin placa. De todas formas ellos llevaban la denuncia de la pérdida de la placa que habían hecho en Bello. Entonces digo yo que como era un tiempo en el que todo muchacho que veían en moto así se pensaba que era guerrillero entonces lo enfilaban o lo mataban.

Grupo Cátedra: Cuéntenos un poco de su encuentro con ‘Berna’.

María Elena: En el 2005 tuve la oportunidad de escribirle a Berna una carta y preguntarle por mi familia, por lo que el posterior encuentro fue gracias a esta carta. Todo empezó con que en una ocasión, una profesora de la Universidad Pontifica Bolivariana que conocía a ‘Berna’ se acercó a mí. Ella lo conocía porque la novia de él estudiaba en esa Universidad y ésta la había contactado porque en esa época nosotros como Madres de la Candelaria junto a la organización Caminos de Esperanza estábamos escribiendo un libro apoyado por la OEA que luego fue publicado, sobre nuestras historias. Yo dije que sí pero pensé que como éramos un grupo de víctimas entero pues teníamos que ir todas y no sólo yo. Las cosas se dieron y fuimos entonces un grupo de 45 personas de las Madres para hablar con él, y por sorpresa nos encontramos con que no sólo íbamos a hablar con él sino con alias el ‘Alemán’, con ‘Mancuso, con ‘Cuco Vanoy’ y con otros dos a los que no les supimos el nombre. La carta la escribí en el 2005 y la audiencia fue entre el 2006 y 2007.

Cada una preguntó por su familia. Por ejemplo vino una señora de Santa Marta y le preguntó a ‘Ramón Isaza’ por su hijo, pero él dijo que no sabía que porque él no hacía tumbas. Él sólo le dijo que recordaba de todo el hecho un carro y ella le dijo que a él que no le interesaba para nada el carro. Recuerdo que en ésas el ‘Alemán’ se paró a decir que no se podía decir nada porque eso era un proceso. Otra señora le preguntó a ‘Mancuso’ por su hermana, con lo que él le contestó que esa muchacha había sido mujer de él pero que él no sabía ya nada de ella. Después siguió mi papá. Le preguntó primero por mi hermana, su hija, sus dos nietos, por el yerno y el amigo de la familia. Lo que más noté en esa entrevista que hicimos fue que ellos nunca levantaban la mirada, siempre eran con la cabeza agachada. Les noté temor. Tal vez porque nunca pensaron que se iban a enfrentar con personas que les iban a preguntar sobre la familia, porque digo yo que no es lo mismo coger una persona y matarla teniendo uno un arma que nosotros cogiendo una persona  de éstas indefensa y empezar a preguntarles cosas sin que ellos tuvieran con qué defenderse.

Cuando me tocó a mí, yo me acerqué a Berna y le entregué una foto. Le dije que ésa era mi familia y que necesitaba saber dónde estaban. No me miró si quiera. Recibió las fotos, las metió en un cuaderno y no dijo nada más. En eso terminó la reunión. Muchas de las Madres cuando ya salimos nos pusimos a hablar y opinábamos de muchas maneras: “¡Como estaban de callados! Claro, ellos no son sino guapos cuando están armados”. Dos o tres sí dijeron que ellos estaban era avergonzados de ver que las personas a las que ellos habían asesinado eran unas personas que por su presencia eran buenas. Nunca eran malos. Porque creo yo que cuando uno habla con una persona, habiéndole dicho que es un guerrillero y después viéndolo, ya se da cuenta que en realidad no lo es, que uno no está metido en nada, que uno es buena persona.

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Grupo de Cátedra: ¿Hubo mayor respuesta de ‘Berna’ después o quedó todo en ese día? ¿Qué opina usted de él?

María Elena: Después de la audiencia él me dijo el lugar en donde estaban enterrados los cuerpos de mi familia, pero de mi hijo y el amigo de mi hijo no dijo nada porque dijo que no sabía. Lo hizo mandando un cd con las coordenadas en donde estaban y con una carta pidiéndonos perdón a la familia por los hechos que habían ocurrido, aunque dijo que él no los había cometido.

Ahora que yo he estudiado y todo eso me doy cuenta que ‘Berna’ sólo mandaba aquí con la gente de Medellín, y que los pueblos tenían sus comandantes. Por ejemplo cuando yo hablé con alias ‘Memín’ me dijo él ejercía poder por los lados de Sopetrán y Olaya, entonces creo yo que no es lo mismo quien cometió el delito a quien mandó a otras personas.

Grupo Cátedra: ¿Qué piensa de esos encuentros de reconciliación y verdad? ¿Cree que fue exitoso, que obtuvo lo que quería?

María Elena: En parte obtuve lo que quería. Por lo menos mi familia y yo necesitábamos saber dónde estaban nuestros familiares. Y en cuestión de a mí como persona y como víctima fue muy gratificante el conocer una persona que se decía y que todavía se dice que ejercía mucho poder, y verlo indefenso a la hora de uno preguntarle por las personas. Era como verlo tan indefenso y tan impotente, lo que lo hacía sentir mal y no podía entonces contestar nada, teniendo la cabeza agachada.

Grupo Cátedra: ¿Cómo cree que se deben hacer los procesos de reparación entonces?

María Elena: Para mí lo principal es saber la verdad y encontrar a nuestros seres queridos. Ya después la reparación económica es otra cosa diferente. Por lo menos yo ya voy a cumplir 20 años de estar en esta tarea y no figuraba ni siquiera como víctima en el RUV. Pero ya me inscribí en junio del año pasado. Entonces la reparación ya es una cuota económica que puso el Estado como para salvar la responsabilidad de los hechos que ocurrieron.

Grupo Cátedra: ¿Cómo sería el concepto de Justicia para usted?

María Elena: Para mí el concepto de justicia es que la persona que haya cometido los hechos primero que todo diga la verdad. Esto es parte de la justicia y ya lo demás que el Estado le acomode como sea. Por ejemplo como en el caso de los paramilitares que no fueron sino ocho años, pues nosotros las víctimas no nos sentimos satisfechas pero en parte confesar las cosas y contribuir a la verdad y al encuentro de los desaparecidos para la reconciliación paga el hecho que ellos cometieron. Porque lo triste es que como víctima, sentir que ellos con sus errores quedan libres es maluco, aunque siempre teniendo en cuenta que el hecho de pagar cárcel no compensa.

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Grupo Cátedra: ¿Considera usted entonces que primaría la verdad y la reparación que los barrotes?

María Elena: Exacto. Porque para nosotros como seres humanos lo principal es saber la verdad, porque lo triste es no saber por qué los desaparecieron o dónde están. Nosotros como familia no veíamos motivo ni causa para que ocurrieran esos hechos.

Grupo Cátedra: ¿Cómo cree que se deberían hacer los procesos de reconciliación con el victimario? ¿Frente a frente o por medio de cartas como lo hizo usted?

María Elena: Ése sería en parte uno de los acercamientos que los victimarios pueden hacer con nosotros las víctimas. Porque en una carta a uno le cuentan cómo conoció a la víctima, o por qué lo obligaron a veces a cometer la acción y esas cosas. Entonces ya uno pasa a contestar esa carta para preguntar más información, por ejemplo que él cómo se sintió cuando cometió el hecho y esas cosas. Así se va dando todo hasta que se hace un enlace de confianza para poder verse frente a frente. Algunos decían que fueron circunstancias obligadas y que les tocaba cometer esos actos incluso con sus familias.

Grupo Cátedra: ¿Cómo ha sido el proceso de reconstrucción de vida personal?

María Elena: Para mí la reconstrucción fue muy difícil. Porque yo fui una mujer criada en un hogar con mucho respeto, mucha moral, buen ejemplo y como la mayor de trece hijos. Procuré que el hogar que yo formara fuera así y no tuve sino dos hijos. El hijo mayor era mayor que Franklin por nueve años, que fue quien se perdió. Con su desaparición para mí reconstruir mi vida fue muy difícil. Pensaba mucho en mi hijo mayor porque él con Franklin no solamente fue hermano sino el padre y el amigo. Esto debido a que yo me separé de mi pareja cuando él tenía apenas nueve años de edad. Entonces la unión de nosotros pasó de ser papá mamá e hijos a ser una amiga de los dos, por lo que fue muy difícil estar así. Después de que desapareció Franklin al mayor se le presentó la oportunidad de irse para España. Él todavía se sentía muy mal y no sabía qué hacer, y yo le dije que aprovechara la oportunidad para irse. Recuerdo que le dije: “cierre un momento los ojos y piense qué es lo que quiere usted para su hijo”, y me dijo que lo mejor. Yo le dije que aquí me defendería sola y que si alguna cosa ocurría pues como decimos los católicos es porque Dios así quiso. Después yo encontré a mi hermana, a su hija y al marido, ya me pensé que teníamos que seguir luchando con los que faltaban por encontrar.

Grupo Cátedra: ¿Qué papel ha cumplido la organización  de las Madres de la Candelaria en esto?

María Elena: Nosotras como Madres de la Candelaria tomamos el compromiso de ir todos los miércoles al atrio de la Iglesia de la Candelaria a las 12:30 del mediodía para pararnos con las fotos de las víctimas, con el propósito de que la gente las vea. Se trata de visibilizar a las víctimas. Para mí el grupo de Madres ha sido como encontrar otra familia en la que nos entendemos y sentimos el mismo dolor. Por lo menos para mí el miércoles es muy importante. Una vez recuerdo que mi papá me dijo: “¿Cierto que si usted no va a la Iglesia de la Candelaria entonces usted se muere de pena moral?”, y yo le dije que sí. Allá todo eso del beso que nos damos, el abrazo, que una está triste y entonces nos sobamos la espalda, nos abrazamos; es muy reconfortante.

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Grupo Cátedra: ¿Qué es el perdón para usted? Y en ese orden de ideas, ¿podría perdonarlos?

María Elena: Cuando pasó todo esto de Berna con la carta yo sentí que en él había perdón de corazón. Todo lo estaba haciendo honestamente. Sentía que las palabras sí eran de corazón. Pero él decía que él no había sido el culpable entonces tras del perdón hay un motivo, una causa o disculpa para culpar a otro y entonces no es perdón completo. Porque perdón es que cuando yo discuto con alguien y yo asumo mi responsabilidad. En este perdón siempre hay alguien diferente que termina cargando con la culpa al que uno le está diciendo.

Grupo Cátedra: Si tuviera la oportunidad de dirigir los acuerdos con los victimarios, ¿qué haría o colocaría para considerar que hay justicia y reparación en un acuerdo?

María Elena: Si yo tuviera la oportunidad de dirigir algo así, yo haría lo que en este momento se está haciendo con la guerrilla. Porque uno debe ponerse en el zapato del otro. En este momento el país está pendiente de qué vamos a hacer con las personas que se van a desmovilizar y que fueron los causantes de tanta guerra, y ellos tienen más temor que nosotros. No me molesta que entren a la vida pública y que trabajen porque eso es lo que nosotros como víctimas debemos proporcionarle a las personas que cometieron errores. Hay un dicho que dice que caer para levantar no es caer y muchas de esas personas están en el monte y empuñaron un arma y no sabemos por qué ni bajo qué circunstancias o si fueron obligadas. Entonces ya se dio la posibilidad de que ellos se comprometieran a lo que se van a comprometer, a que ya no va a haber más muertos ni nada más entonces hay que apoyar ese compromiso.

Grupo Cátedra: Para finalizar, ¿qué mensaje le mandaría a las personas que lean o escuchen esto?

María Elena: El mensaje que yo le diría a las personas que tienen oportunidad de ver esto es que procuremos todos que Colombia sea un sitio de paz. Perdonemos todo lo que ha pasado como personas adultas que somos, por ejemplo yo que ya tengo 72 años, y pensemos en el futuro que queremos de unos hijos y unos nietos para que tengan una mejor vida que la que tuvimos nosotros. Ése es el mensaje.

Para mayor información o conocer otras historias de conflicto puede contactarse con Al Poniente o con el Grupo de Cátedra.

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