¡Zapateiro, el destructor de Damasco!

Recientemente un prestigioso medio de comunicación digital de alcance nacional realiza una entrevista al ex Comandante General (r) del Ejército Nacional Eduardo Zapateiro Altamiranda, sobre su libro, versiones de su renuncia al Servicio Activo y el libro que presentó en la pasada edición de la FILBO 2023 en Bogotá. Los seguidores del Gobierno, extremistas de izquierda y antiuribistas no dejaron de realizar comentarios negativos a dicha entrevista por los lugares comunes contra las Fuerzas Armadas y el Estado fortalecidas en 2021 en el Paro Nacional -dicho sea de paso que avanzó gracias a la mediocridad del Gobierno-. Pero el daño más grave, de muchos y de lejos realizado por este antiguo Mando Militar, es precisamente haber perseguido y desmontado una de las bases para la modernización del ejercicio integral, moderno, estratégico y respetuoso de los Derechos Humanos, pionero en América: “La Doctrina Damasco”.


Introducción y claridades

El siguiente escrito no está realizado con el propósito de ir contra la línea editorial del medio en cuestión que ha realizado recientemente la entrevista al general retirado, que muy seguramente aprovechará el antipetrismo generalizado, la ausencia de alternativas reales de discurso y vocación de poder en la centro derecha colombiana -más allá de la misma politiquería de siempre o de utilizar las bases en pos de egos familiares y personales- y esa costumbre arraigada en nuestra amada Patria desde 2018 como resultado del mediocre y corrupto gobierno de Juan Manuel Santos  (2010-2018) de que cualquiera se siente predestinado a lanzarse a la Presidencia de Colombia.

¿Imagínese usted un país cuyas alternativas para la segunda vuelta de 2026 sean Claudia López o Zapateiro?…

Por esta razón, aunque yo escribo para el medio en cuestión sobre temas no políticos, y por respeto, mas no por temor no lo menciono aquí, además respeto sobre todo a la decisión corporativa de dentro de su reestructuración dar voz a personajes polémicos o a representantes del Gobierno Nacional -que se terminan volviendo polémicos- para generar tráfico y audiencias, que es el insumo principal de los medios digitales.

Siempre será un honor para mí escribir para los medios que me abren las puertas, pero la verdad no debe ser silenciada ni atada, y dejar de contar partes de la historia es el camino a la impunidad, ignorancia y empoderamiento de personas sin ética en el imaginario y liderazgo de la sociedad.

Yo soy anticomunista, católico no practicante en transición al ateismo, liberal, antivandalismo, y nada que ver con todo lo que sea enemigo de Occidente y de las nuevas formas de anarquismo, terrorismo y delincuencia sofisticadas. Pero siempre dada mi formación he sido crítico de la forma de pensar mayoritaria en las Fuerzas Armadas, sobre todo en la visión anquilosada en contra del estudio, la cultura y la aún presente presencia de símbolos religiosos y costumbres judeo-cristianas, pese a que desde 1991 supuestamente somos Estado Laico, además de estar basado como la mayoría de las Fuerzas Armadas regionales en los mitos falsos que provocaron las guerras de independencia contra España, convirtiéndose en enclaves de poder paralelos o en muchas ocasiones secuestrando a los Estados-Nación paupérrimos que son la mayoría de nuestros países en América Latina.

El ciudadano Zapateiro es la suma de todo lo malo, perverso y nefasto de lo que ha sido la cultura militar en más de ciento treinta años. Y quienes lo siguen, cumplen la máxima de que “el pueblo tiene los dirigentes que se merece”.

Coronel (R) Pedro Rojas, el caso Dreyfus colombiano

En diciembre de 2020, por carta previa de retiro del servicio activo del Ejército Nacional dirigida al Presidente de ese entonces, el Coronel (r) Pedro Rojas, quien fuera fundador y director del Centro de Educación y Doctrina del Ejército Nacional, dependencia que coordina no solamente los fundamentos teóricos y misionales de las divisiones, dependencias y operaciones de la Fuerza, sino también su sistema educativo interno y ofertado hacia la población civil desde sus diferentes escuelas, que están consideradas Instituciones de Educación Superior de carácter público por la ley colombiana. El Director Rojas, realizó la mayor aportación a la construcción de una nueva forma de ver las Fuerzas Armadas de cara al mundo, a la integración global del país, en especial las recientes membresías en la OCDE y la OTAN, que es la Doctrina Damasco, el mayor ejercicio integral de desarrollo de una doctrina militar moderna, humanista, coherente con las nuevas realidades y que conservaría la institucionalidad.

En los ambientes militares rancios, dominados por el odio a la intelectualidad, el sectarismo religioso, el machismo, la misoginia -masculina y femenina-, la criminalidad y corrupción del resto de la sociedad y el predominio de peligrosas tendencias políticas extremistas no se conformaron con la renuncia del Coronel Rojas, sino con una persecución y ataques mediáticos, y por último, llevándolo al exilio temporal en España, debido a sospechosas amenazas de muerte y seguimientos a su familia. ¿Qué curioso que cuando Zapateiro decía “¡Ajúa!”, las estructuras mediáticas, criminales y reaccionarias del Ejército actuaban?

La República de Colombia, como Estado, le debe algo más que una excusa a un gran ser humano, patriota sin precedentes, con una escala de valores íntegra y en la cual es coherente. Un desagravio institucional a la Doctrina Damasco es un deber de la prensa honesta y del Nuevo Gobierno, si en algo quiere de verdad ser “Del Cambio”.

Agitador de criminales en potencia

Muchos pseudoperiodistas, que utilizan ese oficio para vivir a costillas de los incautos, o para escalar sin mérito en los cargos públicos o partidos políticos, apoyaron solapadamente el nuevo libro del ciudadano Zapateiro en la FILBO, para aprovechar que exista una matriz de opinión para propiciar acciones que o causen un Golpe de Estado violento, o al menos acciones permanentes de desestabilización que lo causen.

Tal vez a las autoridades judiciales o a la inteligencia militar o policial, poco o nada le importe, ni a la Fiscalía, porque los asesinatos seriales individuales, o las operaciones de “lobo solitario” en nuestro país, no han sido tan comunes, sino que la violencia urbana y rural casi siempre obedece a estructuras criminales o grupos armados en el marco del Conflicto Armado o la Guerra contra las Drogas. Quiero pensar eso, y no que los lazos criminales y de falsas lealtades corruptas aún están tan enquistados en el interior del Ejército, haciendose pasar como “salvadores de la Patria”, cuando no son más que perpetradores del viejo orden, del negocio de la violencia, de la destrucción del país y de los intereses de élites que poco o nada han hecho por la prosperidad de Colombia.

¿Qué hacer? (A manera de epílogo)

En primer lugar, dejar de ver como sacrosanta la institucionalidad militar. Son servidores públicos, y deben responder a las consecuencias de sus actos. En el interior de las dinámicas comerciales del interior del Ministerio de Defensa no se dejan de mover las movidas más corruptas de la administración pública, que quedan en la impunidad, junto a los crímenes de guerra y el nepotismo que pulula en el sector empresarial de la seguridad y defensa, escudado en los “gastos clasificados” por la “reserva legal” amparada por la misma Constitución que contiene un montón de derechos y disparates que se cumplen de acuerdo a lo que convenga a los manejadores de los hilos del Régimen.

Zapateiro no representa a los soldados profesionales y suboficiales honestos y patriotas, que cuando puede expresar a civiles como yo sus verdaderos anhelos de Patria, su solidaridad, sus ganas de contribuir a la Nación con una filosofía limpia, sin odios ni rencores contra el mundo. ¿Eso es comunismo? ¿Hay que “dar de baja” a los que nos oponemos tanto a la injerencia comunista y/o globalista, como a los que no queremos el dominio de los peores elementos de la sociedad colombiana?

Ojalá este sea un escarceo propio de la egolatría de militares retirados que no se los aguantan en la casa. Landazabal Reyes, Harold Bedoya que fueron hombres más íntegros nunca llegaron al poder. Pero lo peligroso no es eso, ya que el Régimen ya tiene casi que escrito quien regirá los destinos de la Patria, y no será alguien como Zapateiro ni nadie que no pertenezca a las élites blancas, urbanas y de abolengo -que uno luche electoralmente contra eso y opine es otra cosa, tal vez suceda un milagro-.

Lo peligroso de alguien como Zapateiro, es que puede generar y desencadenar a través de su supuesta bondad que encubre un discurso de odio acompañado de la promoción de acciones que van más allá de lo político, que tal vez, en algún rincón de nuestra sociedad decadente, esté a punto de detonar y “entremos al primer mundo” reciclando viejas formas de terrorismo y psicopatía colectiva.

¡Viva Colombia! ¡Viva un Nuevo Ejército Nacional! ¡Que continúe una democracia republicana, civilista y laica!

 

Jhon Jairo Armesto Tren

Con estudios en Administración ambiental de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas-Bogotá. Veedor ciudadano en presupuesto electoral de la Universidad desde 2011 hasta hoy registrado ante la Personería de Bogotá. Columnista de opinión en varios medios de comunicación digitales desde 2013. Actualmente director publicitario de El Nodo Colombia y columnista habitual, además en El Quindiano (Armenia) y Diario La Piragua (Montería, Córdoba)

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