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¿Y qué sigue después de junio?

El único reto primordial es más bien cultural.

 Si bien este año se ha caracterizado por la particularidad de la contingencia, junio se determina por ser el mes del orgullo gay, la marcha de este año se llevó a cabo en medio de una lucha por liberarse del coronavirus; Colombia, Bogotá, especialmente realizó su marcha en medio de la virtualidad, con invitados especiales y con un profundo lema “¡Resiste, vive, siente!”  la edición número 24 de esta celebración; sin embargo, qué le depara a la comunidad LGBTIQ+, que sigue después de celebrar un mes del orgullo multicolor.

Legalmente, Colombia, se ve constituida por tener un paraíso legal, hemos alcanzado espacios jurídicos importantes, en 2014, el Consejo de Estado, reconoció el derecho de todos los individuos de cualquier raza, clase, orientación sexual, etc.… a formar de manera autónoma una familia, ese mismo año, la Corte Constitucional, decidió aprobar la adopción conjunta de menores por parte de homosexuales, con una excepción, uno de los integrantes tendrá que ser el padre o madre biológico.

Para las personas Transgeneristas, la Corte, en la Sentencia T-302 del 2017, dio a conocer, que los Transgeneristas están expuestos a distintas problemáticas sociales, entre juicios y actos discriminatorios, a enfrentamientos para acceder y permanecer al sistema de educación y al de salud, a eso súmele, las pocas oportunidades que tienen para conseguir un trabajo estable, aquellos/as los cuales lo obtienen son doblegados a los salarios más bajos, a la discriminación laboral, por lo que mayormente se dedican a labores como la actividad sexual, donde la falta de garantías para ejercer este empleo se ha convertido en un problema para la comunidad, coexiste la legalidad, pero no hay un marco jurídico capaz de proteger los derechos de todas aquellas personas que participan en esta labor de manera voluntaria.

Un paraíso legal, así visto muchas veces, en la práctica no es así, la comunidad y en especial los Transgeneristas han estado en la sombra de las políticas públicas para distintos gobiernos, porque, ese es el problema, la escasez de políticas competentes de responder a las necesidades, creo y afirmo, que uno de los retos que tenemos como comunidad es la construcción de una cultura de tolerancia o más bien de respeto, por medio de procesos pedagógicos y educativos, enseñar en todas partes, como la diversidad es completamente significativa, es un reto positivo y diría también un poco inspirador, las nuevas generaciones deberán concebir una nueva idea de lo que es normal, e imaginar una democracia idónea, capacitada para apostarle a la diversidad, una democracia diversa, vislumbrar que el poder lo tenemos todos y darnos cuenta que en un país donde la dignidad la hemos de pelear y batallar día a día, el único reto primordial es más bien cultural.

Esperemos, después todo, que, en un futuro, algunas de las cosas que como sociedad hemos normalizado se reinventen. Los obstáculos que poseemos debemos de afrontarlos, son situaciones críticas, muchas de ellas son de décadas de abandono social. Estoy seguro, porque después de la pandemia prosperarán nuevos espacios de participación, la reconstrucción social, cultural, religiosa, moral y política tendrán cambios interesantes y anhelo ser partícipe de las nuevas acciones y estas mismas puedan generar una mayor riqueza social y una sociedad renovada en todos sus ejes vitales.