¿Y qué hacemos para mejorar la salud?

José María Dávila Román

“Podríamos aportar a alivianar el sistema de salud en Colombia cambiando parte de nuestros hábitos: ser más conscientes de lo que comemos, así como el fortalecimiento espiritual”.


Una de las razones por la que los sistemas de salud del mundo colapsan es porque los tratamientos médicos son costosos y el promedio de vida de las personas aumenta. Los grandes hospitales y centros médicos se concentran en las principales ciudades: al haber más población se atiende a mayor número de personas que permitan costear los pagos de profesionales especializados.

No es lo mismo tener un médico especialista de enfermedades pocos comunes en municipios de menos de 20 mil habitantes que en ciudades de más de 300 mil habitantes. El médico especialista de municipios pequeños pasaría la mayor parte de su tiempo sin nada que hacer por no haber suficientes pacientes para atender. Por eso, los municipios de sexta categoría en Colombia que son casi el 80% de los municipios del país, tienen hospitales de atención básica.

Uno de los sueños en materia de salud de los suroestanos -particularmente de la Provincia Cartama en Antioquia- es tener una buena atención médica como seguramente desean la mayoría de los colombianos y de esta manera evitar migrar a las grandes ciudades cuando hay complicaciones médicas.

Hace menos de un lustro, se generó una propuesta para tener un hospital de mediana y alta complejidad en la Provincia Cartama que fuera equidistante a los 11 municipios y así sumar una población potencial mínima de 120 mil personas requeridas para un hospital de estas características.

Pero mientras ese proyecto se viabiliza, que ahora con la crisis de salud que se vive en Colombia, ese tipo de iniciativas pueden ir perdiendo relevancia mientras se encuentra la forma de estabilizar y hacer sostenible el sistema de salud, vale la pena tomar ejemplos de países que se centran en fortalecer el sistema de salud desde la base, es decir desde que nacen las personas para que cojan las mejores defensas y en un futuro sean adultos sanos que demanden lo menos posible los servicios de médicos y hospitales para así no colapsar el sistema. Son sistemas que se centran en la prevención de la enfermedad más que en el tratamiento.

Uno de estos países es Suecia, que da una licencia paternal de 480 días (240 para madre y 240 para padre), lo que significa que entre padre y madre tienen 16 meses para dedicarse exclusivamente a sus hijos y el gobierno les paga el 80% de sus salarios. El sentido de que tengan una licencia paternal extendida respecto a otros países es que han identificado que los bebés crecen más sanos y fuertes; incluso promueven que las madres alimenten hasta los 6 meses a los bebés con leche materna como alimento esencial para fortalecer las defensas.

Nadie está exento de enfermedades y accidentes, pero sí podríamos aportar a alivianar el sistema de salud en Colombia cambiando parte de nuestros hábitos: ser más conscientes de lo que comemos, así como el fortalecimiento espiritual.

Joe Dispenza, en su libro Sobrenatural, cuenta varios casos de personas que estaban prácticamente desahuciadas desde lo médico y científico a pesar de someterse a todos los tratamientos médicos y tomar todos los medicamentos recetados. Sin nada que perder, empezaron a implementar prácticas como la meditación para ayudarse a sanar y por increíble que parezca, lo lograron. Muchas de nuestras enfermedades vienen generadas por nuestras sensaciones: estrés, rabia, miedo.

Resolver en el corto plazo un problema tan complejo como el del sistema de salud en Colombia sólo cambiando hábitos no es suficiente, pero en el largo plazo sí puede ser un factor fundamental. Para lograrlo, se requiere educación y pedagogía para que desde las escuelas los niños sean más conscientes de lo que significan estos hábitos en sus vidas.

Podría significar tener generaciones más sanas que demanden cada vez menos del sistema de salud y así contribuir a su sostenibilidad.


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José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

Nota al pie: El columnista tiene o ha tenido vinculación laboral con la minera AngloGold Ashanti. 

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