¿Y la loca de la casa?

     

¡Qué miedo le tenemos a la loca!, pero esta no es cualquier loca, es una de esas de proporciones estratosféricas: la imaginación. Santa Teresa de Jesús dijo alguna vez que la imaginación era la loca de la casa, pero ella no se refería a una imaginación creativa, sino  más bien a una imaginación que divaga en las altitudes inalcanzables para el tacto humano. Siendo esto una buena excusa para entender que es bueno poner esa imaginación a alzar vuelo de vez en cuando –por lo menos mientras  se entienden unas cuantas cositas-. Pero volar tiene una grave y frustrante consecuencia, solo es para aquellos a los que no les importa caer; el miedo, comida de todos los días en estas tierras victoriosas del qué dirán solo sirve para dos cosas: primera, perder cualquier dignidad sobria, y segunda, ajustarse a los pantalones de algunos poderositos.

Nos circunda, sin más preámbulos un miedo a sufrir y a someternos a la miseria, esto concertado con el temor a que la muerte nos mire muy adentro de los ojos, pero cuando la loca se torna coqueta, esto no sucederá, por el simple hecho de que ella siempre va a tener un paso adelante dentro de todos estos flagelos y ¿por qué? Pues porque vuela sin precedentes ni ataduras ridículas. Rosa Montero en el libro que tiene por nombre la frase de Santa Teresa, hace una alusión específica a la niñez “de niños todos estamos locos, estamos poseídos por una imaginación sin domesticar”  y qué  razón tiene, cuando estamos niños nada parece  importar todo es tan volátil, tan imperecedero, y de repente esa creatividad sublime se extingue como cualquier utensilio de segunda categoría, nada prometedor ni para el arte ni para la evolución.

No se puede ir por el mundo solamente como un maniquí bonito  y reluciente, de pronto hay que tomarse más en serio el papel de vivir o por lo menos de estar, porque ninguna  institución podrá nunca arrebatar al individuo lo que es si se está consciente del papel que se debe cumplir en estos días, que es la defensa de los Derechos Humanos y ahí también incluida la creatividad y la exuberancia de las ideas. Intoxicarse, leerse, disolverse, asfixiarse pero de creatividad no más.

Entre más loca la loca mejor, porque más posibilidades tiene de expandirse y de aplacar esas bobadas de lo mundano y precoz. Recordar que todos los tiempos son lindos porque incuban en su matriz siempre la bondad de creer y crear, como dijo Rimbaud “La locura es vivir en el vacío de los demás en un orden que nadie comparte y como dijo Karen Gil de 10 años “imagina que llovieran letras de todos los sabores”.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://scontent-a-iad.xx.fbcdn.net/hphotos-ash3/t1/1656364_1408183376106190_338834949_n.jpg[/author_image] [author_info]Sara Botero Jaramillo Comunica y escribe, no le gusta escribir lo que ha hecho pero sí le gusta escribir ficciones, crónicas y ensayos. Entiende que la vida es un respiro y que por esa misma razón debe plasmarse en cualquier espacio del universo. Leer sus columnas. [/author_info] [/author]

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