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Vargas Llosa y su apatía con la Iglesia  

“Muchos niños han resultado abusados, sin que sus padres sepan, porque jamás dudarían de la integridad y bondad del cura.


Esta semana, el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, explicó por qué se había alejado de la religión católica después de ser creyente y tener el hábito de comulgar (ver).

La razón de su desencanto ocurrió cuando apenas tenía 12 años.  El escritor estudiaba en el colegio La Salle de Lima que era dirigido por sacerdotes. Uno de esos días, el sacerdote o “hermano” Leonzio, como lo llama el escritor; le dijo a Vargas Llosa que lo acompañara hasta el quinto piso -donde sólo podían estar los sacerdotes-, allí, Leonzio le mostró revistas pornográficas y le tocó el pantalón con la intención de masturbarlo. El acto generó tal impresión que el niño de entonces comenzó a llorar. Salió corriendo.

La historia de Vargas Llosa es la de miles de personas que han sufrido abusos o intentos de abuso por parte de sacerdotes. Se aprovechan de una investidura que refleja respeto y confianza para reducir el instinto de protección de padres a hijos. El periodista colombiano, Juan Pablo Barrientos, en su publicación “Dejad que los niños vengan a mí,” también relata los numerosos casos de abuso sexual que han ocurrido en Antioquia y Colombia, lo peor es que como los curas no son juzgados por la justicia ordinaria, sino que se rigen por el derecho canónico, es decir, desde El Vaticano, la mayoría de los denunciados quedan impunes y para colmo, suelen ser protegidos e incluso premiados. Hay documentación de cómo los cambian a mejores parroquias.

Barrientos detalla cómo los sacerdotes abusadores practican el mismo modus operandi: detectan familias vulnerables, idealmente madres solteras y pobres. El cura llega como una especie de “salvador” dando donaciones o auxilios, pero a la par da consejos a la madre para que ingrese a su hijo o hijos a los programas que tiene la iglesia con jóvenes, como los de acólitos, y donde es frecuente realizar jornadas de “retiros” en fincas. Es así como muchos niños han resultado abusados, sin que sus padres sepan, porque jamás dudarían de la integridad y bondad del cura. Incluso, creen que dudar sería pecado y estarían condenándose al infierno.

Dentro de las mismas familias también se encuentran abusadores, no es fácil creer que un familiar cercano podría cometer tales actos y por eso mismo es que se dan. La víctima siente vergüenza y miedo por lo ocurrido, no saben si le creerán y por eso suele guardar silencio. Yo mismo lo sufrí y sólo fue después de muchos años lo empecé a verbalizar con mi círculo más íntimo.

En el 2019, según cifras del ICBF, Colombia registró 10.689 niños víctimas de abuso sexual. Por supuesto que no todos los casos están relacionados con sacerdotes, pero ese tipo de hechos inciden en que el catolicismo, según el centro de pensamiento Pew Research Center, que estudia los censos de crecimiento en las religiones, haya decrecido en número de feligreses para el 2020, con respecto a años anteriores.

Está probado que la confianza se genera con coherencia y esas acciones perjudican mucho la reputación y credibilidad de la iglesia (y de toda organización y persona), que hace que mucha gente prefiera desentenderse como le pasó al afamado escritor peruano, pero también a ciudadanos corrientes que prefieren vivir en unión libre o contraer matrimonio civil que por la Iglesia.

Todos somos humanos y estamos propensos a cometer equivocaciones, pero tal vez para que sean cada vez menos y sin herir a las personas, sería bueno acudir y tener siempre presente esta recomendación de Ghandi: “Cuida tus pensamientos porque se volverán actos. Cuida tus actos porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres porque formarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida”.

Esto fue escrito por

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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