¿Usted no sabe quién soy yo?

Me senté a escribir esta columna en la Biblioteca Efe Gómez en la sede de Medellín de la Universidad Nacional de Colombia, después de observar un video, que me llegó a través de las redes sociales, con la lamentable historia de una estudiante universitaria agrediendo a un agente de tránsito que la requirió a ella, y a su supuesto padre, por conducir en aparente estado de embriaguez.

Este personaje recurrió a la estrategia colombiana de aquellos que se creen superiores y pretenden pasarse por la faja las leyes colombianas y las normas de convivencia ciudadana: “¿Usted no sabe quién soy yo?” Basta poner en el buscador Google esta frase, (“¿Usted no sabe quién soy yo?”) para encontrarse con novecientos veintisiete mil resultados sobre el asunto.

Los recientes casos (1) de Nicolás Gaviria, quien sacó de la billetera el argumento de que era sobrino del expresidente Cesar Gaviria; del hijo del magistrado Luis Gabriel Miranda, quien lleva el mismo nombre que su padre, que le dijo a los agentes que ustedes “no saben lo que se le viene encima”, apoyado por su mama que expresó, defendiendo a su bebé, que “esto les va a salir caro”; y del senador Carlos Eduardo Merlano, que adujo que tenía cincuenta mil votos como senador, son una muestra de que el poder económico y/o político están por encima de todo.

Aquellos que actúan de esa manera saben que pertenecen a alguna casta privilegiada de poder social o económico y por lo tanto se creen con el derecho de pasar por encima de las leyes y de las autoridades.

Como decía el expresidente de la Corte Constitucional, el doctor Carlos Gaviria: “Uno sabe que aquí hay privilegios y que son tenidos en cuenta; que hay apellidos influyentes y que hay roles sociales que inmunizan frente a la actuación de la autoridad” (2).

En la mitad del sanduche se encuentran las autoridades, de tránsito o de policía, que tienen que aguantar con prudencia y estoicismo, los insultos y las agresiones de los infractores:

  • Nicolás Gaviria amenazó a los policías (3) con mandarlos para el Chocó: “Le voy a decir una cosa, no se meta conmigo porque usted termina en el Chocó. Usted no sabe con quién está hablando. Socio… ustedes van a trabajar en el Chocó, ¿quieren trabajar allá? Ustedes díganme un sitio y yo los mando para allá… Soy sobrino de César Gaviria… Tengo fuero diplomático… Ustedes no saben quién soy yo”.
  • Eduardo Merlano le dijo a la policía (4) que era un irrespeto que lo requirieran porque él era senador: «Llamemos a su superior y no pasa nada», «¿cómo le va a hacer a un senador de la República una prueba (de alcoholemia) si yo estoy perfecto?», «llamemos al Coronel», «yo soy senador de la República… 50 mil votos (…) ¿Y ustedes me van a faltar el respeto? ¡Por Dios!».

 

  • Luis Gabriel Miranda intimidó a la policía (5) diciéndole: “Ustedes son unos bandidos, ustedes no pueden requisar un vehículo oficial”.

 

  • La universitaria de la ciudad de Medellín sacó a relucir todo un vocabulario de arrabalero y además le dio un cabezazo en la cara a un agente de tránsito. Por respeto a los lectores no transcribo las expresiones de la desafortunada actuación de esta dama, que debe estar arrepentida de los hechos.

Cualquier paso mal dado por policías o guardas de tránsito fácilmente se puede convertir en un boomerang en su contra, lo cual por un lado es una garantía para el ciudadano, que tiene derecho a que se le garantice el debido proceso, pero por otro es una herramienta de ataque por parte de los infractores que se aprovechan del temor de los agentes.

Los medios de comunicación informaron que los patrulleros del caso Merlano fueron destituidos, lo cual baja la moral de los patrulleros y los pone en una actitud defensiva.

Esta cultura de “¿usted no sabe quién soy yo?”, también se presenta en las empresas de servicios, como restaurantes, centros comerciales, aerolíneas, etc., donde personas privilegiadas por la vida creen que se lo merecen todo y con su actitud arrogante finalmente perjudican a los demás clientes que pacientemente respetan los turnos de atención por parte de las empresas prestadoras de servicios.

Mi buen amigo Jairo Anselmo Restrepo me remitió a través del correo electrónico una historia que quiero compartir con los lectores de Al Poniente y que espero les saque una sonrisa. Esta es una respuesta ante la arrogancia de un cliente:

“A una empleada de Atención al Cliente de Virgin Airlines en Sidney, se le tenía que haber dado un premio hace unos meses por ser tan astuta e inteligente, pero también por decirle las cosas claras a un cliente que probablemente tendría que haber viajado en la bodega con los equipajes.

Un abarrotado vuelo de Virgin fue cancelado cuando el avión 767 de la compañía fue retirado por cuestiones de seguridad. Sólo había una empleada de Atención al Cliente que estaba intentado encontrar vuelos alternativos para todos los pasajeros.

De repente, un pasajero, muy molesto, se saltó la cola para ponerse delante del mostrador.

Con un golpe, depositó su billete en el mostrador y dijo: ¡Tengo que salir en el primer vuelo y tengo que ir en primera clase!   

La empleada le contestó: ¡Lo siento mucho, señor! ¡Estaré encantada de ayudarle, pero antes tengo que ayudar a estos pasajeros, que estaban antes que usted, estoy segura que lo solucionaremos! El pasajero, todavía más molesto, le gritó: ¿Usted sabe quién soy yo?

A lo que la empleada, sin pensarlo, tomó el micrófono y anunció: ¡Atención por favor! Su voz se escuchó por toda la terminal:

«Tenemos un pasajero en el mostrador número 14 que no sabe quién es.  Si alguien lo sabe, por favor venga a ayudarlo, él está en el mostrador número 14»

Todos los otros pasajeros detrás de él, se morían de la risa.

El pasajero miró a la empleada y le dijo: «Anda a que te cojan» 

A lo que ella le contestó: ¡Lo siento señor, pero para eso también hay que hacer cola!”

Este es un buen ejemplo de como una empleada se hizo respetar y le bajó los humos a un cliente arrogante de la categoría de la categoría del “¿usted no sabe quién soy yo?”.

Con un poco de humor y un toque de picardía las empresas deberían copiar esta estrategia para neutralizar a clientes arrogantes que no saben quienes son.

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