Una economía sin democracia

Si la democracia es el mandato de la mayoría, la voluntad general o del pueblo donde se protegen los derechos y libertades de todos, y teniendo en cuenta que en Colombia, aunque se estipule como nación “democrática”, no todos tienen los mismos derechos ¿será que la economía del país permite que haya democracia?

En primer lugar, tenemos que plantearnos una de las ideas de democracia. El término hace referencia a un gobierno que es manejado por el pueblo y que para ello se elige un representante que es quien lidera todo lo que la sociedad disponga. “No el monarca ni el tirano, no los mejores ni los ricos, no los peores ni los pobres, no uno ni unos cuantos, no los más (mayoría) ni los menos (minoría), sino todos tanto mayorías como minorías, tanto ricos como pobres”. (Imer Flores, 2012, pág. 204). En teoría, quiere decir que es un sistema casi perfecto que posibilita que los más desaventajados y los no desaventajados de la sociedad tengan voz y participación política por igual y que también gocen del privilegio de los derechos fundamentales. Sin embargo, cuando empezamos a analizar la práctica y lo real nos encontramos con una perspectiva distinta. Analicemos el sistema económico de Colombia.

Para el funcionamiento del país es importante combatir el desempleo como factor que puede llegar a afectar la liquidez y el flujo monetario del sistema, por tanto, el gobierno, que fue elegido democráticamente y a través de una política fiscal, crea empleo con el único fin de evitar o salir de una crisis, pero junto con ello también se organiza un programa de subsidios de transporte, educación y salud que no solo permite el aseguramiento del sistema, sino que beneficia a una población “olvidada” de la sociedad, entonces, ¿por qué no todos tienen el mismo derecho de acceso a la educación, a la salud y al trabajo? En situaciones como estas se comprueba que la democracia no es perfecta, o que por lo menos los acuerdos a los que se llegan no benefician a toda la sociedad y mucho menos cumplen con la teoría de justicia y equidad. ¿El problema?, una hipótesis está basada en las decisiones de los representantes, que al final resultan beneficiando solo a una fracción del pueblo. Por lo anterior, se cumple la teoría de John Stuart Mill que planteaba que era un “gobierno del pueblo entero por una simple mayoría del pueblo, representado parcialmente».

Tal vez Rawls defendería diciendo que la justicia está basada en ayudar a los más necesitados de la sociedad, que tengamos el velo de la ignorancia para no privilegiar y premiar por los talentos y capacidades y que lo mejor sería crear instituciones que se encarguen de que los desprotegidos tengan un beneficio. Y contrario a eso diría Nozick: hay que darle privilegio a aquellos que por sus talentos merecen más. Pues bien, al fin y al cabo, se cumplen las dos posiciones, pero no del todo, pues habrá quienes queden por fuera.

Y es importante mencionar que estos programas son derechos fundamentales que no convendría ser creados solo para una parte de la sociedad, pero sí en general. El Estado está en la obligación de proteger y cumplir con ello en condiciones de igualdad. Ni siquiera debería pensarse en quién lo necesita más y solo dárselo a él, sino de una vez cubrir a todos con educación, salud y empleo. Además, hay que entender que estas acciones se hacen a través del gasto del Estado que recoge por medio de los impuestos que la misma sociedad debe pagar. “El Estado solo tiene sentido representando la sociedad”, (Marcel Gauchet, S.f., pág. 182), por eso es por lo que uno de los problemas que se presentan tiene que ver con las decisiones gubernamentales que muchas veces benefician solo una parte del pueblo. Sí esto pasa, la legitimación de la democracia declina.

La economía de un país está compuesta por variables que se conectan entre sí. Luego de mencionar la política fiscal donde aparece la educación, el trabajo, la salud, entre otros, viene la política monetaria, un modelo donde es el Estado el encargado de tomar medidas en cuanto a la creación y circulación de dinero y junto con eso, vienen las tasas de interés que son establecidas de acuerdo a unos estándares de medición de liquidez del sistema, pero el problema no es ese propiamente, aparece es cuando estos índices cambian de acuerdo al poder adquisitivo que tiene cada persona. Nuevamente viene la pregunta, ¿y la equidad que?; posiblemente la respuesta también estaría en las teorías de Rawls y Nozick.

Sin embargo, las acciones que se han mencionado hasta ahora no satisfacen el modelo que se tiene de democracia. El Estado sólo puede hacer lo que la sociedad le encomienda, teniendo en cuenta a las mayorías, pero también a las minorías, asunto que no se ha cumplido por los argumentos ya presentados. Ahora, “no hay ciudadanía política, si no hay ciudadanía económica” (Adela Cortina, S.f., S.p.), quiere decir que es deber del ciudadano también conocer, plantear y organizar el sistema económico que beneficie al pueblo y exigirlo a su representante, siempre y cuando se analice el comportamiento y funcionamiento y no solo quede en millones de decisiones independientes. Las opiniones de las personas pueden llegar a agruparse y dividirse de tal forma que aparezca una lucha o competencia, y esto a su vez posibilita el fortalecimiento de la democracia. “Schumpeter afirma que el poder en política es un monopolio natural (Robert Nozick), pero se necesita competencia dentro de él – así como en los mercados para fomentar la eficiencia y el control del abuso del poder”, (Diapositivas del curso de política, 2016, S.p.), y esto es lo que se debe combatir, el abuso del poder que ha llevado a que la democracia entre en duda.

De otro lado, está el acuerdo del salario mínimo, que se supone debe cubrir la Canasta Básica Familiar (CBF), pero en últimas ni alcanza para pagar lo que toca prestar en el momento de adquirir los productos de la CBF. El Marxismo dice que los salarios siempre se van a acercar a la línea de subsistencia, pero en ningún momento la sociedad le ha pedido al Estado que imponga un salario que no alcance para las necesidades básicas. Nuevamente se pone en jaque la legitimidad del sistema democrático y la viabilidad del representante.

En el documental «Requiem for the American Dream» de Noam Chomsky se afirma que “la desigualdad viene de la extrema riqueza de un grupo y solo el 1 % es rico”, por consiguiente, la inequidad que trae consigo el sistema económico es uno de los grandes problemas que pone en duda si la economía permite que haya democracia.

El desempleo divide, la marginación humilla, la pobreza degrada. No sorprende pues, que las demandas y reivindicaciones populares hayan ido perdiendo el alcance y la significación del periodo anterior, cuando se luchaba por las nacionalizaciones, se resistía a las embestidas del capital extranjero, se aspiraba a la distribución del ingreso, se exigía el aumento del gasto público en educación, salud y vivienda. Divididos y dispersos, presionados por la atención a sus necesidades inmediatas de supervivencia, los individuos han ido perdiendo su identidad de clase y encuentran cada vez más dificultades para lograr un accionar común, en un ambiente de deterioro de sus condiciones de vida, de corrupción y delincuencia. (Ruy Mauro Marini, 1994, párrafo 21).

En conclusión, existen diferentes variables que constituyen el sistema económico, sin embargo, al analizar algunas de ellas se duda sobre la posibilidad de una democracia en un país que las decisiones que toma el Estado con respecto a lo que se desprende de la economía no beneficia a toda la sociedad, tal y como se decía en el Neoliberalismo, “El gobierno es el problema, no la solución”. Vale también decir que otro problema está en el elegir las características del grupo representativo para evitar la corrupción y el beneficio de intereses particulares o de una fracción mínima del pueblo, pues la idea no es solo de utilidad, sino de bienestar de las personas y sus pueblos, situación que no es de fácil solución y a causa de ello se pone en riesgo la legitimidad de la democracia; la idea está en disminuir la crueldad y las injusticias. “Una salida puede ser no la revolución, sino reformar para ir experimentando la efectividad”. (Diapositivas del curso de política, 2016, S.p.).

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César Augusto López Ciro

Comunicador Social y Periodista en formación. Apasionado por la radio, la televisión, el buen periodismo escrito y una buena taza de café acompañada de un buen libro. Recorrer las calles es mi fuente de inspiración para escribir.