Opinión Política Selección del editor

¿Coherencia o conveniencia?: érase una vez un candidato

Y arrancaron las campañas políticas y con ellas los contrastes, juegos, alianzas impensadas, coqueteos, uniones multicolores, amistades forzosas, filas por avales, acercamientos desmedidos y sonrisas dibujadas, así como armes y desarmes en estructuras sociales y políticas.

La ambición de poder en el contexto geopolítico, indistintamente de continentes, Estados o ciudades, ha dejado entrever en todo tiempo, lo más crudo de la capacidad humana de quienes la padecen. Hay desde quien se predicó azul, rojo, amarillo, verde y hasta gris, a quien militó la izquierda radical, que por estos tiempos se asocia con candidatos o partidos contrarios tanto ideológicamente como en todos los aspectos, suplicando a gritos que la RAE elimine del vocabulario la palabra “coherencia”.

El juicio democrático del votante, es marcado por el juicio político del candidato, cuando un candidato es educado en su trayectoria, entiéndase educación como la conservación de una línea ideológica clara, con vocación de permanencia y recordación, hace que el elector a su vez realice una elección responsable en la medida en que conoce qué es lo que está prefiriendo. Entre juicio y juicio, el panorama político se complica por un fenómeno primario; la ausencia de coherencia, que enmarca muchos otros aspectos problemáticos que impiden un ejercicio político moral y socialmente aceptable para ciertos sectores ciudadanos (hay a quienes no les molesta).

Algunos abandonan sus colectividades, y sí, al mejor estilo del “Titanic”, y ante la imposibilidad de lograr ser elegidos y obtener avales en ellas, se van de puerta en puerta, o mejor de partido en partido, directorio en directorio, en busca de luz verde para alimentar a cualquier precio sus aspiraciones, hasta allí ya es cuestionable, pero para más desdeño, luego toman posturas en contra de lo que en algún momento fue su partido, lo atacan, destruyen, incluso niegan su participación en él, y terminan por enfilarse en la orilla contraria.

Otros inician coqueteos, y como un niño antojado, toman como propio el discurso ajeno de un “jeque” político importante con prospectiva de poder, se activan en redes sociales mostrando apoyo o rechazo a temas virales, exactamente como en otros momentos no hubiesen actuado, para finalmente lograr el aval, la “bendición” o el respaldo para sus aspiraciones políticas, sin embargo, no es la suerte de todos, pues hay quienes luego de hacer la tarea del niño antojado, y estando cerca de la meta, son descartados, de estos muchos, que optan por irse por temas de conveniencia a colectividades con gran respaldo financiero y con posibilidades de asumir posiciones importantes en el ámbito nacional, aunque con la conciencia de que no saldrán elegidos, y que sus aspiraciones y con ellas su aporte, será proporcional a su participación burocrática de acuerdo a la influencia política de quien lidere las mayorías.

La siempre sacrificada “coherencia” se encuentra en desuso, al parecer la puja actual ya no es como se dijo por eliminarla, sino por convertirla en sinónimo de “conveniencia” para facilitar los propósitos electoreros de los políticos tradicionales, irrespeto para el votante, a quien además de confusión genera inseguridad por la inestabilidad ideológica que se percibe a simple vista, y que ha marcado el ejercicio democrático en Colombia, permitiendo que lo que debiera ser una buena práctica de participación ciudadana, se convierta en una tipología más de mercado.

En principio se planteó la posibilidad, de llamar este corto artículo: “Dilemas entre la coherencia y la conveniencia”, pero una vez revisada la significación de “dilema”, concluí que para quienes actúan de la manera aquí descrita, la toma de la decisión entre la una y la otra, no representa ninguna situación difícil, coyuntural o comprometedora, pues el ejercicio político dan cuenta de ello.