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Una alternativa política para los territorios

La carrera hacia los comicios locales de octubre próximo ya comenzó. Propuestas de todos los orígenes en cualquier rincón del país empiezan a posicionarse como opciones viables y reales de poder político pero con una idea destacada que se heredó de las elecciones nacionales de 2018: ningún candidato o movimiento –indistintamente de su color- puede cometer el gravísimo error de irse a las urnas solo. Será necesario converger, plantear alianzas con otros sectores e ir en coalición. Lo hizo la derecha política colombiana más reaccionaria en las elecciones presidenciales y por supuesto que también los sectores alternativos como la Coalición Colombia y la Colombia Humana de Gustavo Petro.

Desde la orilla de los movimientos políticos alternativos ha sido constante la necesidad de que en las regiones se lleguen a acuerdos programáticos que se materialicen a través de candidatos únicos a cargos uninominales y listas conjuntas a corporaciones públicas. Sin embargo, en tiempos de construcción de convergencias políticas, es menester definir claramente qué significa ser una alternativa política en los momentos actuales del país. Esto, para evitar que cualquier político tradicional hoy termine posando como independiente y alternativo, cinismo que fácilmente puede sostenerse con mecanismos como la inscripción de candidaturas a través de grupo significativo de ciudadanos.

Me permitiré exponer algunas ideas sobre lo que puede ser una alternativa política en Colombia:

  1. De entrada, todo liderazgo, propuesta o movimiento político que presuma ser alternativo, debe plantear con firmeza la posibilidad de que haya una profundización de la democracia colombiana, cuota inicial para pensarnos como un país en una era de paz. Esta profundización de la democracia, permite que todos los sectores históricamente excluidos sean representados y participen activamente en la toma de decisiones públicas, lo cual empieza a enriquecer el debate nacional y puede llegar a tramitar efectivamente las demandas sociales y ciudadanas.
  2. Toda alternativa política está en contra o por fuera del establecimiento y es opositora a las políticas económicas, sociales y de relacionamiento con otros Estados que han llevado a cabo las élites nacionales desde muchas décadas. En ese panorama, una alternativa política plantea un viraje en nuestro sistema económico, lo indispensable que resulta combatir el cambio climático y, sobretodo, la salvaguarda de nuestra soberanía nacional (política, alimentaria, etcétera). Sobre este último aspecto, toda alternativa política denuncia la injerencia de potencias extranjeras en las decisiones internas de una nación.
  3. Toda alternativa política debería construirse como un conjunto de ideas políticas disruptivas que cualquiera que las comparta puede representarlas y que no se exprese como liderazgos individuales y mesiánicos.
  4. Toda alternativa política tiene en cuenta las máximas de “los recursos públicos son sagrados” y “el que paga para llegar, llega para robar”. Es decir, es una propuesta transparente y cuya filosofía defiende el interés público y el manejo eficiente de los recursos del Estado.
  5. Toda alternativa política –principalmente en las periferias- plantea una visión sostenible del territorio, donde se piense a mediano y a largo plazo, se destaquen sus potencialidades económicas y sociales y también se discutan públicamente y en conjunto las verdaderas problemáticas estructurales que están obstaculizando el desarrollo local: pésima prestación de servicios públicos, entidades territoriales dependientes de las transferencias nacionales, ausencia de programas en salud pública, violencia intrafamiliar, inseguridad, entre otras muchas.

Dicho lo anterior, las alternativas políticas buscan un giro de 180 grados en los aspectos importantes de la política nacional y sus órdenes siguientes, exponiendo nuevos liderazgos y oxigenadas formas de visionar y dirigir al país no solo desde el centro sino también en las periferias. Y, sin lugar a dudas, toda alternativa política también sueña con una gran ambición: construir una Colombia en paz, reconciliada y con justicia social.