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Sobre las denuncias por abuso sexual contra Alberto Salcedo Ramos

Como humanos tenemos derecho a equivocarnos, a reconocer el error, aprender de ellos y levantarnos”.


Continúan las denuncias por abuso sexual, recuerdo tres casos sonados que hemos tenido durante este año; a principios, se cayó la designación del periodista e historiador Guillermo Zuluaga Ceballos como director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, por denuncias de este tipo; también fue muy sonado el escándalo con el director de cine colombiano Ciro Guerra, así como el del actual alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, al que las denuncias lo cogieron en la antesala de la celebración del Día del Padre y que intentó apagarlas presionando a periodistas y proponiendo pauta para mostrarse como un padre ejemplar.

Esta semana se denunció al afamado cronista Alberto Salcedo Ramos, dos mujeres lo denunciaron penalmente ante la Fiscalía y según una investigación que hicieron Las Igualadas en El Espectador (Ver), hay otras 15 mujeres que manifiestan haber sido abusadas por él, bajo el mismo modus operandi: aprovecharse de su fama y condición de poder. Las dos mujeres que lo denunciaron, Alejandra Omaña y Angie Castellanos, eran estudiantes de periodismo y sin tener relación la una con la otra, relatan coincidencias en las formas. Tuvieron una especie de pasantías con el escritor, al cual admiraban, luego las empezaba a abordar por redes sociales y las invitaba frecuentemente a salir a algún bar o a su apartamento para ver películas y conocer su biblioteca, con la excusa de ampliar el conocimiento literario. Según los relatos de las denunciantes, ante la más mínima oportunidad, el periodista las besaba y tocaba a la fuerza.

Estos casos no son fáciles de denunciar por lo que salen a relucir tanto tiempo después, no es sencillo compilar unas pruebas que demuestren el abuso y menos cuando la víctima no está preparada para este tipo de actos. También influye otro factor, el temor a ver frustrado el crecimiento profesional como lo comentó Alejandra Omaña. Salcedo goza de gran reputación y capacidad de influencia en otros escritores y casas editoriales, que podía utilizar para bloquear el camino de la periodista si se resistía a sus peticiones.

Salcedo Ramos tiene derecho a que se presuma de su inocencia y a defenderse, sin embargo; la cantidad de mujeres que vienen denunciando su comportamiento, dan cuenta de una práctica sistemática. En un comunicado que emitió sobre estos hechos (Ver) no desmiente lo relatado por Omaña y Castellanos, dice que lo que ocurrió fue una relación de adultos. Las autoridades deben investigar.

Desde que salió el movimiento Me Too en octubre de 2007, más mujeres se han atrevido a denunciar casos de abuso sexual. Y está bien, no puede ser que por relaciones de poder se vulnere la dignidad del más débil. Tampoco se puede aprovechar el miedo de la víctima para seguirla revictimizando. Uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es lograr la Igualdad de Género debido a la brecha histórica entre hombres y mujeres. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 1 de cada 3 mujeres experimentan violencia física y/o sexual.

Mucho del actuar de Salcedo, eran prácticas corrientes y estaban normalizadas dentro de nuestra cultura, por eso esos hechos no se denunciaban. Esa cultura ya cambió, gracias a movimientos tan fuertes como el feminismo y a que en el mundo ya nada es secreto. Eso exige actuar con mayor integralidad, sin desconocer tampoco que como humanos tenemos derecho a equivocarnos, a reconocer el error, aprender de ellos y levantarnos.

Esto fue escrito por

José María Dávila Román

Comunicador Social - Periodista de la UPB con Maestría en Gerencia para la Innovación Social y el Desarrollo Local de la Universidad Eafit. Creo que para dejar huella hay que tener pasión por lo que se hace y un propósito claro de por qué y para qué, hacemos lo que hacemos. Mi propósito es hacer historia desde donde esté, para construir un mundo mejor y dejar un legado de esperanza y optimismo para los que vienen detrás. Soy orgullosamente jericoano.

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