Soberanía energética: la idea detrás del apagón

La coyuntura climática actual, sumada a desafortunados eventos como los de Guatapé y Termoflores ha creado una situación muy complicada al sector eléctrico colombiano. Después de la Constitución de 1991 y con la nueva ley de energía (ley 142 de 1004) que permitió inversión privada en energía, el país desarrolló un sistema eléctrico robusto que fue la base del desarrollo económico en los últimos 23 años. Sin un adecuado y confiable sistema de energía la posibilidad de inversión industrial es mínima, los costos que se deben asumir por los apagones son tan altos que cualquier alternativa por costosa que sea, es preferible.

A pesar de haber creado un buen sistema eléctrico, no es posible prever el 100% de los riesgos propios de cualquier inversión. Se pueden evaluar escenarios catastróficos o jugar con las variables, pero predecir cosas como el incendio de la represa de Guatapé es totalmente imposible. La incertidumbre es propia del devenir de las personas y las empresas. Aunque la incertidumbre sea la base, el mercado entra a operar con mecanismos propios para mitigar cualquier problema de escasez.

Su principal mecanismo es el sistema de precios. Por su carácter dinámico, los precios evitan la escasez, actuando de manera automática en su contra. En la medida que un bien económico se vuelve escaso su precio tiende a aumentar, lo que disminuye la demanda, evitando directamente su agotamiento, a la vez que desplaza la inversión hacia este sector eliminando en el futuro la escasez. Nunca he visto en un supermercado la ausencia total o parcial de algún bien económico, normalmente cuando se elimina este mecanismo la escasez aparece. Sin embargo, el sector eléctrico tiene un inconveniente fundamental: los precios que pagan los consumidores se ven reflejados dos meses después, lo que de cierta manera afecta este mecanismo. Se trabaja en un medidor que refleje la demanda dentro del día (precios diferentes dependiendo de la hora) y mejore las decisiones de consumo de  energía haciendo que los consumidores cambien sus hábitos de consumo. En otras palabras, un medidor que refleje la escasez de energía dentro del mismo día (que se da en horas del mediodía y la noche) que aumente los precios para esas horas y los disminuya para las demás, permitiendo que los hogares tomen mejores decisiones (por ejemplo lavar la ropa en la noche) y el sistema eléctrico compense la demanda.

El segundo mecanismo fundamental es la especulación, esta figura (odiada por la mayoría) es la base de la estabilidad del sistema. Comprar cuando algo está barato (abundante) y vender cuando está caro (escaso), es un mecanismo automático de eliminación de escasez. Acumular algo cuando es abundante y venderlo cuando escasea, genera una estabilidad en la oferta que permite evitar la escasez de algún bien y fomenta la estabilidad de precios. En el sistema eléctrico, la acumulación está presente en la generación hidrológica, pero tiene sus limitantes. Un verano fuerte como el actual hace que la acumulación no sea suficiente y se deba recurrir a alternativas como la generación de energía con combustibles. La generación solar puede ser un buen mecanismo para regular, pero su eficiencia no ha llegado a niveles relevante para el sistema (aunque se avanza). El sistema colombiano tiene una gran capacidad de acumulación hidrológica, lo que facilita la estabilidad del sistema. Se acumulan recursos, acumular energía es muy costoso aunque se están desarrollando mecanismos de acumulación más económicos y eficientes.

El tercer mecanismo fundamental es el comercio, la heterogeneidad climática del mundo hace que en ciertos lugares pueda existir veranos fuertes mientras en otros inviernos agobiantes. Se generan por tanto situaciones de abundancia y escasez en lugar distantes, que el comercio soluciona de manera eficiente. Es allí donde la idea de soberanía energética ha impedido que este tercer mecanismo actúe de manera eficiente para impedir la escasez de energía que hoy vivimos. Esta idea mercantilista que promueve la producción nacional de la energía para evitar la dependencia con terceros países, hoy pone en jaque el sistema, interconectado solo con países que comparten el mismo clima (tropicales) haciendo que el riesgo climático no sea mitigado. La interconexión con Centroamérica o con los países del sur (que viven un buen invierno) eliminaría la posibilidad de apagón en el sistema y lo blindaría aún más ante futuras eventualidades.

Por esto y por muchas otras razones, el libre comercio es importante para cualquier país. La visión mercantilista de autoproducción y autoconsumo tiene una implicación directa en aumentar la posibilidad de escasez y disminuir del bienestar en la sociedad. La integración comercial no sólo es fundamental para esto, sino además para mantener la paz y la convivencia de los pueblos de la tierra. El comercio nos vuelve mutuamente dependientes, esa dependencia hace que cualquier atisbo de conflicto sea repelido por las mutuas necesidades de los países. En un mundo totalmente globalizado intentar iniciar una guerra con otro país pone en peligro la riqueza y la satisfacción de las necesidades de sus ciudadanos. El libre comercio ha sido y será una maravillosa alternativa para garantizar el bienestar y la paz en el mundo.

PD: Nuevos controles ambientales y sociales están impidiendo la posibilidad de generación eléctrica a gran escala, llevando la inversión a pequeños proyectos de hidrogeneración más costosos, lo cual se verá en nuestras futuras facturas.

About the author

Andrés Felipe Ortíz

Andres Felipe Ortiz Rico, abogado de la Universidad de Antioquia y economista de la Universidad EAFIT. Coordinador local para la ONG Estudiantes por la libertad y miembro del Movimiento Libertario y del Centro para la Libre Iniciativa.

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