¿Sálvese quien pueda?

(…) Allá, la fertilidad de los suelos sirve para producir cocaína y no sueños, las personas son esclavas de la miseria y del hambre, lo más parecido a la paz es la muerte, las esperanzas se reducen a sobrevivir el día, el disenso se resuelve a plomo, y la memoria solo existe en quienes tienen el orgullo.


Hoy me levanté tarde, esperaba poder descansar un poco de la actividad que trae consigo estar en la casa. No es sencillo permanecer en el hogar, al menos en mi posición, tengo que estar casi todo el día sentado frente a una pantalla tratando de evitar las tentadoras distracciones del celular. Lo cierto de la situación son dos cosas: que aun con la intención de levantarme temprano para empeñar mis energías en conquistar el día, la lluvia chocaba con el tejado y me susurraba permanecer en la cama; y la otra, que recién con los ojos abiertos, un poco confundido por despachar el sueño, revisé redes antes de volver a dormir.

Aunque no me levanté, empecé el día con el pie izquierdo. Mis ojos posaron su atención sobre un titular que me trastocó demasiado: “Denuncian nuevo asesinato múltiple en Nariño”, decía una imagen en la que se observaba un grupo de personas llevando un ataúd. La noticia publicada por cuenta del periódico ‘El Tiempo’ anunciaba la nueva masacre presenciada en el Pueblo Awá. Fue impresionante que tan solo unas cuantas horas después de lo ocurrido en Samaniego, estuviésemos hablando de otro atentado contra la vida.

Con todo, me dispuse nuevamente a dormir -eran eso de las 6 a.m.-. En medio del sueño, las imágenes conducían todas a la misma conclusión: están acabando con el país, están derruyendo nuestras raíces… Y entonces, quedarme otro ratico en la cama no fue tan ameno como pensé. Lo peor de todo es que, incluso haciendo el esfuerzo por ponerme en los zapatos de aquellos sueños masacrados, no lo lograba. De una u otra manera, el miedo y el temor no eran parte de mí. ¿Es posible ser tan valiente? -me pregunté-, acaso ¿es posible no temerle a la desidia?

Los momentos turbulentos que enfrentamos nos tienen a muchos entre el desasosiego y la desesperanza. Pero si eso es a nosotros, privilegiados entre otras cosas -porque el hecho de sentarse a leer una columna con tranquilidad ya es, al menos, un aliciente-, imaginemos a aquellos individuos que han permanecido bajo el olvido intencional del Estado.

Fruto del desamparo, la violencia -nuestro adjetivo histórico-, hace imposible negar la seriedad de la situación:

EN CALI ASESINARON A 5 MENORES DE EDAD

EN SAMANIEGO ASESINARON A 8 JÓVENES

EN PUEBLO VIEJO ASESINARON A 3 INDÍGENAS, AUNQUE SE HABLA DE 12

LA ONU EN COLOMBIA REPORTA 33 MASACRES DOCUMENTADAS EN LO QUE VA DEL AÑO, Y QUEDAN 7 POR DOCUMENTAR

ESA MISMA ORGANIZACIÓN LE ESTÁ HACIENDO SEGUIMIENTO A 97 ASESINATOS DE DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS, EN EL 2020

EN EL PATÍA 2 MENORES FUERON TORTURADOS Y MATADOS

Al parecer, asumir la responsabilidad de la diligencia y el activismo social, hoy por hoy, representa un peligro de muerte, y más en las zonas del país en donde el Estado es un fusil. Allá, la fertilidad de los suelos sirve para producir cocaína y no sueños, las personas son esclavas de la miseria y del hambre, lo más parecido a la paz es la muerte, las esperanzas se reducen a sobrevivir el día, el disenso se resuelve a plomo, y la memoria sólo existe en quienes tienen el orgullo.

Ciertamente, la indignación no es congruente con el miedo que debe sentirse en aquellos retazos extraviados de la bandera. Por poner un ejemplo: yo me levanto a leer la noticia, mientras a otros les toca vivirla; esa es la razón por la cual la angustia no me ha carcomido. No me imagino el flagelo que ha de ser vivir en la periferia, en donde no existen los derechos sino los milagros. Pero justo por ello, ignorar esos crímenes significaría renunciar a mi humanidad.

Es injusto entonces que muchos siendo dizque cristianos le dejen una veladora prendida al diablo. ¿Cómo es posible que se haga una tutelatón por Uribe y no por el exterminio que estamos presenciando?, ¿cómo es posible que se le dé mayor importancia a una persona por estar reclusa en una hacienda inmensa, que a los cientos de personas que pasan verdadera angustia?

Defender la vida del prójimo es lo único que nos mantiene unidos como sociedad. Si no es ese el propósito mínimo de un ser humano, a decir, amparar la dignidad por cualquier medio que se tenga al alcance, estamos inmersos bajo el engaño del día a día, el del sálvese quien pueda.

Estamos de luto…

Los restos: Algunas de las fuentes consultadas al respecto y que sirven como ilustración son las siguientes:

–           https://youtu.be/UKAjjOOYNcE

–           https://www.youtube.com/watch?v=G5H1KndZL-w

–           https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/nueva-masacre-en-narino-tres-indigenas-awa-fueron-asesinados-en-ricaurte/

–           https://elnuevosiglo.com.co/articulos/08-2020-asesinan-dos-lideres-sociales-en-cali-y-en-el-cauca

–           https://www.semana.com/nacion/articulo/masacre-a-nueve-jovenes-en-samaniego-narino/694776

–           https://www.elpais.com.co/colombia/onu-ha-documentado-33-masacres-en-en-2020.html

–           https://www.las2orillas.co/no-para-la-masacre-a-jovenes-otros-dos-muchachos-torturados-y-asesinados-en-el-cauca/

About the author

Silvio Alejandro Sierra Osorio

Soy un joven nacido en Pereira y criado en Santa Rosa de Cabal, Risaralda. En mi formación académica siempre he sido destacado, pero no considero que sea un factor determinante. Por otro lado, en la vida se deben afrontar nuevos retos, y considero, son las sanas ambiciones la que nos llevan lejos. La inversión de mis esfuerzos la quiero dedicar a la construcción de sociedad, pues es evidente la degradación que hoy padece nuestra sociedad.
Además de mi formación profesional en curso, pretendo tener experiencia en diversos campos, y hoy, emprendo una nueva aventura en la cual las letras y el pensamiento serán mis mejores aliados; vamos a ver como nos sale.

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