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Reflexión en torno al libro ilustrado

Antonia va al río- autor Dipacho. Editorial Cataplum

“Cuando un texto propone ser utilizado de modo unívoco como vehículo de transmisión de un contenido predeterminado, lo primero que emprende retirada es la multisignificación. Hacia una literatura sin adjetivos. Maria Teresa Andruetto”


Un sonido particular para indicar que ha llegado un mensaje, un hombre pregunta por un libro, busca un regalo para un familiar. Como librera aconsejo un texto ilustrado, al otro lado de la pantalla se sorprenden – ¡Pero no es una niña, es mi esposa!- escribe el cliente. Recurro entonces al formato clásico del libro. Esta situación se ha repetido una y otra vez en mi oficio.

¿Cómo difundir la idea de que el libro ilustrado no es un libro infantil? La imagen ronda nuestro entorno: pantallas encendidas en la habitación, en la cama, en la sala, en el estudio, en el metro, en el baño. Comprendiendo los tiempos actuales, podríamos considerar las imágenes como soporte de un texto, pero esto no sucede así en el imaginario popular del libro. Se considera el libro ilustrado un libro con contenido especial, colorido, divertido para un público infantil colorido y divertido, y frente a esto debería marcar dos diferencias.

Una línea de la edición actual de libros ilustrados, busca generar contenidos que puedan comunicar cualquier tema acompañado de imágenes, sin ser dirigido específicamente a un público infantil. En esta línea podemos encontrar novelas gráficas como El diario de Anne Frank, adaptado por Ari Folman e ilustrado por David Polonsky; o Caminos Condenados (de Laguna Libros, editorial colombiana) por Diana Ojeda y Pablo Guerra e ilustrado por Camilo Aguirre y Henry Díaz, como resultado de la investigación “Paisajes del despojo en Montes de María” del CEEP y del Instituto Pensar de la PUJ. Por otro lado, tenemos Antonia va al río de Dipacho (autor e ilustrador colombiano), en el que el formato de libro álbum resulta adecuado para dar una idea de lo que puede significar el desplazamiento forzado. Estos ejemplos afirman la intención de este escrito, y es revelar que contextos como el del nazismo, el despojo de tierras o el desplazamiento pueden ser comunicados a través de la imagen gráfica. Dice Maria Teresa Andruetto en Hacia una literatura sin adjetivos que la literatura se construye, se modifica en el momento mismo de su escritura, y es en la recepción en la que cobra sentido. La obra de un autor estará siempre sujeta a la recepción de sus lectores, no puede ser definida en uno u otro género de manera inflexible. Por esta razón la llamada literatura infantil es principalmente literatura, y comprender esto le da al libro ilustrado la posibilidad de moverse entre los márgenes.

En segundo lugar, la infancia de nuestra actualidad recibe constantemente información de muchos frentes: digitales, escolares, familiares, musicales. Esta información ha construido una población infantil muy diferente a la del siglo XX, tanto que los cuentos clásicos de Perrault podrían ser difundidos fácilmente sin necesidad de recurrir a las versiones suaves de los hermanos Grimm. En ese sentido, el libro ilustrado de hoy, con una apropiada disposición reflexiva, podría hacer parte de los anaqueles familiares.