¡Qué Revueltas están las cosas, José!

La polémica imagen de José Revueltas ha sido durante muchos años un parteaguas en México al darle voz, como pocos, a las problemáticas sociales, políticas y existenciales del siglo veinte.

La pobreza, la marginalidad, la soledad, el absurdo destino; una mezcla de aflicción y arte que toma por figura la letra es, en su sentido más trágico, una sustantividad que, evidente o no, existe.

¿Qué implica la disidencia en un mundo anquilosado? Quizás morir sea necesario o, como acto “magnánimo” al martirologio, le sea concedido la privación de su libertad (probablemente, peor castigo).  Ahí, dentro de ese encierro que exhibe la degradación y que, más allá de los muros contraídos, es el aprisionamiento del hombre reducido y deformado el que se limita a un espacio, escribiría gran parte de su obra que desnudaría las entrañas de ese ser extranjero para el llamado Estado y para la izquierda ortodoxa mexicana, cuyo destierro confirmaría la convicción de la radicalidad restringida, más no limitada, al rechazo, la marginación y el áspero recorrido por las cloacas de la intolerancia política.

Leer a Revueltas es conocer, no al escritor en Lecumberri o al militante del Partido Comunista, luego expulsado, sino a una realidad ensimismada, huérfana, hundida en el desasosiego.

EL LUTO HUMANO (1943) – JOSÉ REVUELTAS

Fragmento:

La tierra había perdido el alba; una lucha angustiosa se libraba de la tormenta contra la aurora, del gigantesco saurio de la tempestad contra la espada, como al principio de este sistema de odio y amor, de animales y hombre, de dioses y montañas que es el mundo. Se habían roto todas las ataduras con el pasado. Su hija de yeso era como la cruz límite que en los pueblos señala las últimas casas. Adelante de ella sólo la tempestad.
(…)
Se abandona la vida y un sentimiento indefinible de resignación ansiosa impulsa a mirar todo con ojos detenidos y fervientes, y cobran, las cosas, su humanidad y un calor de pasos, de huellas habitadas. No está solo el mundo, sino que lo ocupa el hombre. Tiene sentido su extensión y cuanto la cubren las estrellas, los animales, el árbol. ra

 

LOS MOTIVOS DE CAÍN (1957) – JOSÉ REVUELTAS

Fragmento:

Cierto, la muerte era esto que Jack ahora comprobaba: un creer que se vive, y junto a esa quimera, otra: un tratar de vivir que jamás se logra; una desprotagonización absoluta, sin que pueda uno aceptar, un sólo instante, que ha dejado de ser el protagonista. Porque…, ¿quién osará jamás sobre la tierra, a quién le será dada esa conciencia luminosa, sobrenatural y bárbara, esa conciencia cósmica, la conciencia de las conciencias, que le permita decir «estoy muerto»? Huir, huir, ése es el sino de los que mueren. 

 

 

 

 

 

[author] [author_image timthumb=’on’]https://pbs.twimg.com/media/Bw37T68IAAAs0UU.jpg:large[/author_image] [author_info]Raíces Estudiante de Sociología de la Universidad Autónoma de Querétaro. Actual integrante del Instituto de Investigaciones Multidisciplinarias y co-autor de investigaciones de forma independiente sobre movimientos etnopolíticos. Columnista en el suplemento Voz Zero y Al Poniente. Escritor autónomo con participación periódica en revistas locales y nacionales. Intereses en: Movimientos sociales, literatura y filosofía.[/author_info] [/author]

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