Presidenciales 2026: género, etnia y clase

En la lista cremallera de las 27 curules del Pacto Histórico en el senado, queda por ahora una mayoría con 14 mujeres: la mitad más una y el primer renglón. Por otro lado, en la lista de 17 curules del Centro Democrático solo hay 5 mujeres, a partir del tercer renglón. En el PH hay representación étnica mientras en el CD no. La fórmula vicepresidencial de Cepeda es Quilcu, mujer indígena. La fórmula de Valencia es Oviedo, hombre gay.

¿Por qué y cómo entran estas categorías y sus sujetos colectivos en las campañas? ¿Son considerados sujetos organizados que incidirán en el Plan de Desarrollo? O por el contrario ¿Son objetos de opinión cuyo contenido dirá poco o nada en las acciones de gobierno? ¿Los partidos las incluyen por convicción en la representación o por oportunismo electoral para sumar votos? ¿Identidad política o aliados de paso?

Hay de todo como en botica. Pero el hecho a destacar, es que las candidaturas incluyen visiblemente los sujetos de género, etnia y clase. Entran de manera diferenciada en el discurso programático, en la estrategia electoral y seguro en la configuración del gobierno. Hoy se encuentran en el primer plano de la topografía política, genéricamente nombrada de izquierda a derecha, con matices que logran perfilar un centro entre las dos orillas.

En el caso de la izquierda, se trata de relaciones históricas de identidad en la agenda política popular. Cada una de las expresiones de género, etnia y clase, se ven reconocidas y fortalecidas por tener de su lado al primer gobierno de progresista en el país, beneficiándose de las reformas sociales en favor de la clase trabajadora, cuestiones que suman al éxito del Pacto Histórico.

En el caso de la derecha, la vinculación de género es forzada y en la cuestión étnica es racista. La mujer que quiere ser la primera presidenta tiene una clara opción de clase burguesa y nombra vicepresidente a un hombre gay con el cálculo oportunista de acercarse al centro político. Oviedo fue victimizado por la misma derecha, pero tanto él como su partido el CD, saben que es militante del neoliberalismo y pone por encima esos intereses.

La inclusión, la participación y la representación de estos sectores victimizados y negados histórica y estructuralmente, trae cambios positivos en el camino hacia el bienestar, la democracia y la paz. La participación en la organización del partido, la oferta programática y electoral, es un cambio que explica en buena parte el aumento de curules del partido de gobierno, experiencia de la cual pretende copiar y pegar la oposición.

La lucha de clases fue negada por el régimen político, en especial durante los años del uribismo. Hoy está más nítida en la política producto del Acuerdo de Paz en 2016, del Paro Nacional de 2021 y del primer gobierno progresista en 2022. No es coincidencia que Valencia tenga como proyecto hacer trizas el Acuerdo y la JEP. La reacción de la derecha a cualquier avance popular en la política, fue masacrada. La apertura democrática les exige saber perder en la democracia.

 

Fredy Escobar Moncada

Trabajador Social. Magíster en Ciencia Política.

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