Por amor a la música, mis palabras a Bob Dylan

Presentación Bob Dylan

A mí me alegró el anuncio del Nobel de Literatura para Bob Dylan. No hago música. No sé nada de ella, excepto que la amo con inmensa cobardía. Muchos años atrás quise, de manera volátil, aprender a tocar saxofón. Me soñaba tocando “Who Can It Be Now?” De Men At Work en algún bar del perdido centro de la ciudad. No me alcanzó nunca la voluntad.

Me conformé, años después, con salir con unos cuantos saxofonistas y deleitarme con la belleza de su arte. Paralelamente, dediqué toda mi ambición al oficio de escribir: anécdotas, cuentos, poemas, cartas, notas, y todo cuanto se pudiera narrar. Me volví una adicta de las historias. Y de manera sutil, casi como un secreto a voces, de la música. Necesitaba de forma alguna entenderla, vivirla. De manera in-consciente desarrollé una fijación emocional por los músicos y por escribir sobre ellos en un estilo muy bucólico (o Bukowslico, si se me da la ocasión para inventar esta palabra).

En medio de esta tendencia (absurda un poco, sí), hubo un saxofonista del que me enamoré más de la cuenta. Una historia muy Some Like It Hot (¿Entiende la referencia? Sí: Qué buenas películas ve. No: Anótela en su lista de películas pendientes). Pensé una vez en dedicarle “Mr Tambourine Man”, de Bob Dylan. Y este pensamiento se me convirtió en un anhelo recurrente y constante, pero imposible. En el amor también se trata de ser capaz, y para esto, yo nunca lo fui.

Dylan me acompañó en todas las noches largas que pasé con él, y en las que pasé en la distancia, escribiéndole, tratando de encontrar la manera de decirle que él era mi Mr Tambourine Man. Dylan me acompañó después cuando la tristeza me recriminaba por mi cobardía, cuando a la fuerza tuve que entender que ya no podría dedicársela nunca: que había dejado pasar mi oportunidad de tener mi MTM personal. Y Dylan me sigue acompañando ahora cuando todo esto no es más que un muy bonito recuerdo en mi memoria. Porque puede que el amor pase, pero la música queda.

Como la música, la literatura es el paciente silencio. La literatura es el eco del vacío. La literatura es lo indecible. La literatura es lo que nos salva. La literatura es el lenguaje del amor. Y después de tanta sinonimia: la literatura es la música.

Qué sentido tiene tanta polémica: Dylan ha escrito para los sentidos. Dylan ha tocado los cuerpos y las almas. ¿No es esta la esencia más pura de la literatura?

Por el honor y el mérito, muchas gracias, señor Nobel, Bob Dylan.

 

About the author

Elizabeth Martínez Caro

Animal doméstico. Estudiante de Comunicación Social en la Fundación Luis Amigó. Empeliculada profesional. Amante del periodismo, la literatura y otras mentiritas. Intento de actriz de teatro.